❝ Deseaba tanto volver a besarla ❞ |+18
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Después del gran salto a la fama, corroded coffin se convirtió una de la bandas mas reconocidas a nivel nacional. Estarán envueltos en diferentes escándalos, rumores...
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1 año después.
Los Ángeles, California.
—Entonces...¿te han servido los libros de mándalas para colorear? —preguntó mi terapeuta Cindy, sentada al frente, sin dejar de hacer anotaciones.
—¿La verdad? Me ha causado más estrés que tejer flores con agujas, pero en esta semana encontré un nuevo hobbie para mantenerme relajada.
Cindy me miró llevándose el bolígrafo a los labios. Atenta a los detalles.
—Continúa, ___.
—¡Clases de repostería! —solté con total orgullo y continué—. Y bueno, quizá sea tonto decir que "encontré lo mío", pero la verdad, no he faltado ningún solo día. ¿Cuenta como un paso hacia adelante, no?
La terapeuta asintió volviendo a tomar nota.
—De todas las sesiones que llevamos, déjame decirte que el progreso va en aumento. Te felicito —era la segunda vez que lo afirmaba. Luego revisó su reloj de muñeca y al ver que habían pasado los sesenta minutos de sesión, cerró la libreta—. Sigue haciendo lo que más te guste, y si a la siguiente semana encuentras otro talento oculto, trabaja en él. Que mejor sentir la satisfacción de haberlo realizado qué no experimentarlo nunca—anotó una vez más—. Te veré dentro de tres viernes a la misma hora.
Asentí.
—Gracias por sus palabras, créame que sus sesiones me han servido de mucho —me llevé una mano al pecho levantándome del sofá, al frente de los muebles los dividía una mesa rectangular y encima de ella estaba un bowl de cristal con skittles y pequeños chocolates de distintas marcas.
"—¿Segura que no quieres llevarte la bolsa de plástico para echarlos? —Eddie me miró con ojitos de cachorrito hambriento.
—¿Qué? —reí un poco—. No estarás pensando que le robaré todos a mi terapeuta de confianza. ¿O si?
—Si los dejas en ese deprimente cuenco, van a caducar —me besó los labios junto con uno esquimal—. No lo hagas por mí, princesa. Hazlo por mis energías."
Sonreí recordando la pequeña charla de esta mañana. Abrí mi bolso guardando únicamente un paquete de skittles y luego lo acomodé en mi hombro.
—¿Son para el señor Munson? —preguntó curiosa avanzando a la salida. En una de las tantas sesiones que tuve con ella le comenté sobre mi falta de apetito hacia lo dulce. Entonces dedujo lo obvio.
—Así es —sonreí apenada—. Necesita glucosa para el concierto.
—Ohh, verdad... —observó el bowl por detrás de su hombro—. En ese caso, llévate todos.
—No es necesario —lo era, conocía a mi Eddie y a sus antojos de caramelos para calmar los nervios que le daban detrás del escenario.
—No te preocupes. De todas maneras en estos días volveré a surtir.