32. Presentación

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Minseok observaba a todas las familias importantes del pueblo ingresar en la mansión, una tras otra, con trajes formales, obsequios envueltos con esmero y rostros curiosos. Se preguntó si toda la comida que habían preparado sería suficiente. La mesa del salón principal estaba decorada con esmero, rebosante de platillos tradicionales, frutas frescas y dulces elaborados especialmente para la ocasión.

Era tradición presentar ante el pueblo al nuevo descendiente de la familia del líder. Ese niño, aún tan pequeño, posiblemente se convertiría en el próximo jefe de la tribu, y por ello debía ser honrado y respetado desde su nacimiento.

El líder Park, erguido y orgulloso, recibía a los invitados con una sonrisa solemne, acompañado de su esposa, que imitaba su gesto con elegancia. Sin embargo, en los momentos en que creía que nadie la observaba, la señora Park fruncía el ceño y murmuraba por lo bajo, visiblemente disgustada.

—¿Por qué hacer este tipo de celebración cuando no hay nada que celebrar? —espetó la señora Park con los dientes apretados, la voz apenas un susurro envenenado.

—¿De qué hablas, mujer? —preguntó el líder sin mirarla, forzando una sonrisa ante los invitados.

—Ese tipo sigue vivo... y su hijo está igual de maldito que él.

El jefe no respondió. Fingió no haberla escuchado y continuó saludando al resto con su habitual cortesía impecable.

En la habitación del ala este, Baekhyun ajustaba los últimos detalles del hanbok de ChanWoo, un diminuto traje azul celeste con bordes dorados, confeccionado especialmente para la ceremonia. Joohyun lo ayudaba con una sonrisa dulce, lanzando pequeños halagos al bebé que apenas abría los ojos.

—Los invitados ya llegaron —anunció la señora Park, irrumpiendo en la habitación y arruinando la tranquilidad del momento.

Su mirada, afilada como un cuchillo, se clavó en Baekhyun mientras este acomodaba al niño en brazos para salir.

—Qué ironía. Todos celebrando, y mi hijo en prisión por tu culpa.

—Mamá... —Joohyun intentó detenerla—. No es el momento.

Pero EunJi cruzó los brazos y alzó la voz, ignorándola por completo.

—¿Estoy diciendo alguna mentira? ¿Qué pasará si lo sentencian? ¿Y si no lo vuelvo a ver nunca más? ¡Por tu culpa!

Joohyun, con voz trémula, intentó razonar.

—Chanyeol está en prisión por salvar a su familia, mamá. Mi esposo está muerto. Si pudiera tener una última oportunidad para verlo, la atesoraría con toda el alma.

—¿Cómo te atreves a comparar a ese... ese tipo con mi hijo? —espetó EunJi, girándose hacia ella con los ojos centelleantes—. Tu esposo fue sentenciado, y su muerte fue justa. ¡Mi hijo es inocente!

—¡Ya basta, madre! —la interrumpió Joohyun, con la voz quebrada por el dolor—. Mi hermano puede regresar, pero mi esposo no lo hará. ¿No entiendes mi dolor? ¿No te importa?

—Eso debiste pensarlo antes de huir —sentenció EunJi con frialdad, antes de girarse y salir sin decir una palabra más.

Baekhyun se acercó a su cuñada, intentando consolarla.

—No le hagas caso. Está asustada, dolida... pero en el fondo no es mala. No puede serlo. Crió a Chanyeol y a ti con todo su corazón.

Joohyun respiró hondo, tratando de no llorar. Acarició con ternura la cabecita de ChanWoo.

—Quisiera creer eso... pero a veces siento que ya no queda amor en su corazón para mí.

—Ven —dijo Baekhyun suavemente—. Ayúdame a ponerle los zapatos.

Cautivo [Chanbaek]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora