Capítulo 32

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En la casa de Biga el café tenía ese olor familiar, la lluvia empaña los cristales, por unos segundos Eliot pensó que todo estaba bien. No del todo. No mientras sus pensamientos siguieran con Asiri.

Ella llevaba más de dos horas que se marchó. Había subido al carro de Félix con pasos inciertos, como si llevara el corazón en los zapatos. Él se quedó sentado en el sofá, con las manos entrelazadas y los pensamientos enredados.

Tienes que dejar de vivir con miedo. Félix no es igual que él. Tal vez sea hora de volver a intentarlo y ver que pasa, te puedes llevar una sorpresa.

Le había dolido decírselo. Porque sabía que, sí algo salía mal, ella no solo sufriría; se rompería en mil pedazos. Y él no estaba seguro de tener la fuerza para verla de nuevo en ese estado.

Una voz suave lo sacó de sus pensamientos.

- ¿En que piensas?

Biga le dejó un café humeante frente a él y se sentó a su lado.

- En Asiri - respondió, sin rodeos.

- ¿Qué pasa?

- No sé, me preocupa - confesó- No quiero verla volver a ese lugar oscuro. No otra vez. No después de todo lo que le costó salir.

Ella no dijo nada de inmediato. Lo observó con atención, como si intentara descifrar algo más allá de sus palabras.

- La quieres mucho - murmuró Biga

Eliot asintió

- Es mi mejor amiga. La conozco desde la primaria y ha sido la única amiga que he temido. Sé que Asiri está intentando volver a abrirse pero, también sé que el pasado no desaparece por arte de magia.

- No puedes salvarla tú solo - dijo ella

Él desvió la mirada

- Lo sé

La verdad era que no sabía qué más hacer, desde el papel de ambos era estar ahí, contener, sostener, incluso a veces mentir, solo para que no se derrumbara del todo.

- ¿Alguna vez, pensaste en ella de otra forma?

Él cerró los ojos por un segundo - Hubo un tiempo en que pensé que tal vez podríamos tener algo, pero la verdad es que no. Lo nuestro no es eso. Nuestro amor es diferente. Me duele ver que todavía no logra notar la persona tan fuerte que es y todo lo que puede hacer ella sola.

Biga lo miró con una mezcla de ternura y compasión, apoyando la cabeza sobre su hombro. Él dejó que el silencio y la lluvia hablara por los dos durante un rato.

- Eliot, estás haciendo lo correcto. La estás empujando a vivir, a sentir; aunque no tengas garantía de que va a salir bien.

- ¿ Y si sale mal?

- Entonces estarás ahí para ella, como siempre.

Él apretó la mandíbula. No era fácil, sentía como si la lanzara al borde del precipicio, con la esperanza de que esta vez, volara.

- Solo quiero verla feliz - susurró - Es mucho pedir

- No, no lo es. Ahora no depende de tí, solo de ella.

El silencio volvió, más tranquilo esta vez. Y mientras el café se enfriaba lentamente sobre la mesa, él pensó que tal vez, solo tal vez, era suficiente con creer en ella cuando ni siquiera ella podía hacerlo.

El celular vibró suavemente sobre la mesa, él se incorporó con rapidez cuando vio su nombre en la pantalla, el corazón le dio un pequeño salto. Descolgó la llamada.

- ¿Hola?

- Hola - su voz sonaba un poco temblorosa, pero firme - ¿Tienes un minuto?

- Claro, ¿estas bien?

Hubo un segundo de silencio al otro lado. Millones de cosas pasaron por su cabeza, imagino que estaba a punto de llorar o intentando poner en orden lo que sentía.

- Lo hice - dijo finalmente

Él frunció el ceño.

- ¿El que?

- Le conté lo que pasó con Joshua.

Eliot se quedó en silencio. No porque no supiera qué decir, sino porque entendía lo difícil que era para ella hablar sobre esos temas.

- ¿Cómo lo tomó? - preguntó Eliot, con voz baja, casi conteniendo la respiración.

- No me dijo nada al principio, pero después me dijo que entendía el porqué de mis temores. Me dio un beso en la frente y que si estaba dispuesta podríamos intentarlo

- Asiri, estoy orgulloso de tí - dijo sincero

- No estoy segura si estuvo bien.

- Oye, pudiste abrirte con él y eso es un gran paso para que lo dejes entrar.

Ella rió, un sonido suave, más cansado que alegre, pero real.

- ¿Sabes? Cuando subí a su auto, creí que iba a caer en un abismo. Pero ahora, siento que he vuelto a respirar por primera vez en mucho tiempo.

- Bueno, a veces hay que caer para darse cuenta de que uno puede volver a volar.

- Vaya, eso es muy cursi de tu parte - bromeó Asiri, y por un segundo él sintió que todo iba bien.

- Eso pasa por juntarme con una chiquilla que no saca las narices de los libros.

Ambos rieron.

- Gracias Eliot

- No hay nada que agradecer

- No, en verdad gracias por no soltarme, incluso cuando yo ya me había rendido.

- Siempre voy a estar aquí. Lo sabes ¿No?

- Lo sé

Y entonces, como si ambos entendieran que no hacía falta decir nada más, la llamada terminó. Él dejó el celular sobre la mesa, pero no se movió. Se quedó ahí, sentado, sintiendo el peso de la conversación y al mismo tiempo, el alivio de ver la primera grieta en la armadura que ella había construido durante tanto tiempo.

Por primera vez en mucho tiempo, él también respiró con libertad.

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