El timbre de la casa sonó puntual a las diez de la mañana. Asiri salió apresurada, arreglándose el cabello con una mano y acomodando su mochila con la otra. Félix la esperaba de pie frente a la puerta, con una sonrisa nerviosa.
- ¿Lista? - preguntó, abriéndole la puerta.
- Sí, gracias por venir por mí - contentó Asiri, entrando con una mezcla de emoción y nervios.
El camino a la casa de reposo comenzó en silencio, roto por el ruido del tráfico. Para suavizar la tensión, ella sacó el tema de sus proyectos.
- Ya comencé a escribir parte del cuento
Él rió bajo, sin despegar la mirada del camino.
- Sabía que no te resistirías con ese proyecto, no se porque pero algo me dice que ya tienes una gran historia
- Yo no lo veo así, todavía me da vueltas la idea de que todo se vea demasiado simple
- ¿Podrías enseñarme? - sugirió Félix
- Lo dices para ayudarme o para criticar mi horrible trabajo, dejándome al borde de la agonía por tus palabras - bromeó Asiri, mirándolo de reojo.
- Que gran idea me has dado - respondió con una sonrisa torcida casi malévola, y la tensión se rompió con una risa compartida.
Al llegar al lugar, los recibió un ambiente cálido; las voces de algunos de los ancianos entonaban una melodiosa canción, que salía de un viejo tocadiscos. El aire se llena de nostalgia, pero también de una alegría que no muchos entenderían.
El abuelo de Félix estaba sentado en una silla cerca de la ventana la cual se encontraba abierta, con un libro en sus manos.
- Hola Abuelo - se acercó Félix al anciano
- ¡Mijito! - dijo emocionado - No me avisaste que venias.
Félix se agachó, tomándole la mano.
- Te pido disculpas.
Asiri se acercó con cautela junto a una sonrisa tímida - Buenos días - saludo, el señor Octavio le respondió con una cortesía cálida, casi enseguida una enfermera se acercó para pedirle ayuda para acomodar y ella aceptó encantada, dejándolos solos por un momento.
El silencio entre ellos se volvió íntimo, cargado de un peso distinto al de la música de fondo.
- Es buena muchacha - dijo el señor Octavio en voz baja - ¿Se lo has dicho?
Félix se quedó sin palabras, él sabía que su abuelo nunca iba a recuperarse pero esa clase de comentario le hizo brincar el corazón.
- Sí... pero no me ha dado una respuesta.
El anciano asintió lentamente, como si las palabras le recordarán algo lejano.
- El amor no siempre llega de golpe. Se debe de sembrar y uno tiene que esperar a que florezca. No lo apresures. Si la quieres de verdad, dale tiempo.
Él tragó saliva, apretando la mano de su abuelo.
- ¿Y si nunca florece?
Los ojos cansados del anciano brillaron con una fuerza inesperada.
- Entonces, al menos sabrás que lo diste todo. La mirada de esa muchacha es cálida y con una sola mirada que te dio pude ver todo lo que su corazón guarda - una sonrisa cansada se asomo de dibujo en sus labios - No te rindas hijo. El amor verdadero no se fuerza, se espera.
Las palabras lo golpearon en lo más profundo. Había escuchado consejos antes, pero viniendo de su abuelo, en ese momento de lucidez tan extraño y valioso, cada sílaba se grabó como una marca en su corazón.
Asiri regresó poco después, trayendo consigo una risa ligera. El abuelo se quedó en silencio, como si supiera que lo demás debía ser escrito por ellos.
En ese momento, la voz de Pedro Infante llenó el salón con una canción que podía representar el sentir de Asiri. A pesar de que la canción era lenta, varias parejas de ancianos comenzaron a levantarse, moviéndose al compás. Ella sin pensarlo, tarareó la canción con una dulzura natural.
Félix la miró fascinado.
- ¿Quieres bailar? - preguntó, extendiendo la mano con un atrevimiento tímido. Ella dudó apenas un segundo y luego la tomó.
Se colocaron frente a frente, torpes al inicio, pero pronto encontraron su ritmo suave. Entre risas nerviosas y pasos inseguros, se fueron acercando hasta que sus miradas se encontraron, profundas y llenas de una ternura que no necesitaba palabras.
Ella seguía tarareando bajito y él, sin apartar sus ojos de los suyos, sonrió con una claridad que solo se siente cuando el corazón late con fuerza.
En medio de la sala, rodeados de ancianos que bailaban y reían, ellos también comenzaron a escribir su propio recuerdo, uno que quedaría grabado como un inicio, como un "tal vez" escondido en una canción y un baile improvisado.
La tarde comenzó a caer cuando salieron de la casa de reposo. El sol estaba en su punto más emotivo, pintaba el cielo con tonos dorados y naranjas. Ambos caminaban en busca del carro, con las manos en los bolsillos Félix no dejaba de darle vueltas y más vueltas la conversación que tuvo con su abuelo.
- Me llenó de alegría ver a tu abuelo tan sonriente - Asiri sonreía con serenidad, subiendo al auto.
- Sí - respondió Félix, mirando por un instante el retrovisor antes de arrancar - A veces tiene días confusos, pero hoy... hoy fue diferente, se sintió como si fuera él.
El trayecto a la casa de Asiri fue tranquilo. Ella miraba por la ventana, observando como las nubes le daban ese toque romántico al paisaje urbano, mientras en el estéreo sonaba una canción de los Bee Gees "How deep is your love", Asiri tarareaba en un par de estrofas. De vez en cuando, Félix la observaba de reojo, intentando reunir las palabras para romper el silencio.
- Gracias por venir conmigo - dijo al fin
Ella giró hacia él, sonriendo con calidez
- No hay nada que agradecer, me agrada venir contigo
Permanecieron en silencio el resto del camino, ambos con pensamientos que ninguno se atrevía a poner en palabras.
Al momento de llegar frente a la casa de Asiri, él se detuvo, pero no apagó el motor. Por un momento, se quedó mirando el volante, como si fuera ayudar a encontrar las palabras adecuadas.
- Asiri, yo - comenzó con voz un poco más baja - Sé que las próximas semanas estamos llenos de trabajos, pero escuche sobre una obra de teatro que estoy seguro que te gustara. Pensé que podríamos ir.
Asiri lo miró sorprendida - Nunca imagine que te gustara el teatro
- Bueno, quiero ampliar mis horizontes culturales - soltó una leve risa- Además, sería interesante ir contigo.
- Está bien, acepto. Me gusta la idea.
Él sonrió, aliviado, como si acabara de ganar algo que no sabía cuánto deseaba.
- Trato hecho.
Asiri bajó del coche, y antes de entrar a su casa, se volvió a mirarlo. El reflejo del atardecer le daba un brillo suave a su cabello, y por un instante, ambos se quedaron así, mirándose sin hablar.
- Te veo en la escuela - se despidió Asiri
Él asintió, sin dejar de sonreír.
- Te veo en la escuela.
Mientras ella desaparecía tras la puerta, él permaneció unos segundos más en el coche, dejando que la emoción e ilusión se asentara. Al recordar las palabras de su abuelo entendió que había tomado una buena decisión.
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Simplemente yo
Random¿Qué es el amor? ¿Alguien realmente puede sentir ese amor puro por una persona ? La vida de Asiri no ha sido fácil, todos juegan con ella o la desprecian por su mala salud. Ella decide protegerse con armamento pasado y aparentemente nadie puede pasa...
