Capítulo 33

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El lunes por fin había llegado.

Asiri no había dormido bien. No era raro en ella, sus noches solían llenarse de pensamientos que se enredaban entre las sábanas o dolores incómodos que no la dejaban tranquila, pero esta vez todo era distinto. Un recuerdo suave, insistente, el modo en que la había mirado antes de besarle la frente.

Cerró los ojos un segundo más, abrazó las cobijas buscando que el calor escondiera el rubor que volvía al pensar en Félix.

Se levantó con lentitud, sus dolores mañaneros no se hicieron esperar, el día seguía gris tras la ventana. Se metió al baño, arrastrando los pies, y se observó al espejo como cada mañana, sin poder creerlo algo se veía diferente en ella.

Tomó un poco más de tiempo en arreglarse, peinó su cabello con más paciencia, busco en su armario una playera negra de manga larga, junto a un suéter largo lizo , una falda larga negro con flores moradas muy pequeñas, medias negras, junto a su botas favoritas del mismo color. Se maquilló como siempre. Eligió unos aretes que no usaba desde hacía tiempo, nada exagerado.

El timbre de su celular la hizo regresar a la realidad, Eliot había llegado deteniendo el auto frente a la casa de Asiri. Ella salió con el cabello aún húmedo y las mangas de su suéter cubriéndola casi hasta los dedos. Al subir al asiento del copiloto, le dedicó a su mejor amigo una sonrisa tímida.

- Gracias por pasar por mí

- No hay de qué - respondió Eliot con un gesto tranquilo mientras arrancaba - Además, no sería lo mismo ir solo a la uni.

Durante unos minutos solos se escuchó el sonido de la radio. Ella jugaba con las mangas de su suéter, incapaz de contener la inquietud que la había acompañado desde hace dos días. Él lo notó.

- Tranquila, todo irá bien - afirmó con una sonrisa, sin apartar la vista del camino.

Ella suspiró y bajó la mirada.

- ¿Le dijiste algo, cuando se te declaró?

- Nada. El miedo me estaba consumiendo - respondió, mordiéndose el labio - Me asusté.

Él giró apenas la cabeza para mirarla de reojo.

- ¿Te gusta, sí o no?

Asiri apretó más las mangas de su suéter, ocultando sus manos temblorosas.

- Sí, me gusta. Pero... tengo miedo.

Por un instante sólo se escuchó el ruido del motor. Eliot suspiró con fuerza y después habló con calma.

- No puedes vivir con miedo y menos dar por hecho que puede pasar lo mismo de antes. - su voz era firme, pero cálida - Y tú ya no eres la misma de antes. Has aprendido, has crecido, mereces darte una oportunidad.

Asiri lo miró con ojos inseguros, como si quisiera creerle pero no pudiera.

- ¿Si me equivoco otra vez? ¿Y si me rompo?

- Entonces te levantas. Y si no puedes sola, yo estaré aquí para apoyarte. Pero no puedes dejar que el miedo decida por ti - sonrió con ternura - Félix te gusta, no necesitas saber otra cosa más.

Las palabras calaron hondo, haciéndola sentir vulnerable y al mismo tiempo acompañada. Dentro de su cabeza aquella declaración no sonaba tan imposible.

Se recostó en el asiento, dejando escapar un suspiro.

- Gracias Eliot - murmuró

-Alguien tiene que recordarte lo increíble que eres - contestó él con naturalidad, como si fuera lo más obvio del mundo.

Asiri cerró los ojos como si un peso hubiera desaparecido, se quedó dormida sin darse cuenta, dentro de su corazón una semilla tenía la decisión de germinar.

***

En la clase de imágenes vectoriales, la profesora dio las instrucciones con su tono de siempre; firme pero amable.

- Para este proyecto van a crear un libro ilustrado, no más de veinte páginas. Debe contar una historia personal, algo que tenga un significado importante para ustedes.

Un susurro incómodo recorrió el aula. A todos les costaba procesar la palabra "personal" y para ella no fue la excepción.

Cuando terminó la clase, Asiri fue a buscar algún lugar lejos y solitario o por lo menos donde pudiera sentarse, tuvo suerte encontrar una mesa debajo de la sombra de un árbol.

Abrió su cuaderno y miró la página en blanco, la hoja parecía más intimidante de lo normal.

¿Qué historia debería de contar? Debería de hacer un cuento

Estaba absorta en esos pensamientos cuando escuchó una voz suave a su derecha.

- ¿Puedo sentarme aquí?

Ella levantó la mirada y ahí estaba él. Él mismo que hace unos días la había dejado en su casa con el corazón brincando, el de los ojos que no se le habían ido de la mente en ningún momento.

Asiri asintió con una pequeña sonrisa - Claro

Se sentó algo torpe. Ambos se sintieron apenados y nerviosos, era como si el aire entre ellos fuera más delicado que antes.

- ¿Clase de dibujo? - dijo él, intentando sonar casual - Te admiro, a mi me cuesta hasta dibujar palitos.

Ella río en tono bajo apenada.

- A mí me cuesta entender la mente humana - contraatacó en broma - Así que estamos a mano

Félix río, tan suave que le calentó el pecho.

- ¿ Qué tienes que hacer?

- Un libro ilustrado, el tema principal "historia personal" - explicó Asiri, rascándose la cabeza

- Supongo que ya sabes lo que vas hacer

-:Ella negó lentamente - Tengo algunas ideas, pero no sé. Es complicado

Félix asintió, sin querer preguntar más, prosiguió.

- En mí clase nos piden escribir ensayos sobre nosotros mismos todo el tiempo. Lo peor es darte cuenta que a veces ni tú entiendes del todo cómo funciona. - hizo una pausa - pero a veces cuando te atreves a observar de verdad, descubres cosas impresionantes de tí.

Asiri lo observó en silencio. Era extraño, como alguien podía arroparte con tan pocas palabras.

- ¿Ya empezaste tu ensayo?

- Tengo un título y muchas excusas para no escribirlo - Bromeo

Ambos rieron.

No logró avanzar mucho en su historia, pero gracias a Félix dejó de sentir que estaba sola con sus pensamientos.

Por primera vez, pensó que quizás su historia sí podía contarse y tal vez, solo tal vez valía la pena hacerlo. 

Simplemente yoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora