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El sol del medio día las paredes del Latin Bar. El caos, por fin, parecía haberse detenido, aunque fuera solo por un momento.

Naruto roncaba desde hacía media hora, tirado boca abajo sobre una cama, con una montaña de tazones vacíos a su lado. El ramen, como siempre, era su forma de celebrar la vida... o de huirle. Nadie se lo cuestionaba.

Mientras tanto, Sakura y Sasuke se escabulleron escaleras arriba, buscando aire.

No palabras. No explicaciones. Solo aire.

La azotea del bar estaba cubierta de plantas desordenadas y lámparas colgantes que alguna vez fueron decoración de Navidad. Desde ahí se veía la ciudad extenderse como un monstruo dormido: calles largas, luces parpadeantes, humo, vida... y recuerdos que nadie pidió.

Se sentaron juntos en una banca de madera algo vieja pero resistente. El viento era suave. El cielo estaba limpio.

Y por primera vez en mucho tiempo, nadie dijo nada.

Era ese tipo de silencio raro: no incómodo, no forzado. Sino el que solo puedes compartir con alguien que entiende el peso que cargas. Pasaron unos minutos así, simplemente contemplando. Hasta que Sasuke, contra todo pronóstico, fue quien rompió el silencio:

—¿Por qué yo?

Sakura lo miró, sin entender del todo.

—¿Cómo?

Él no apartó la vista del horizonte.

—¿Qué tengo yo que no tengan otros? -Su voz era baja, honesta, sin arrogancia—. Eres hermosa, divertida, inteligente, buena... Y yo soy... bueno, yo.

Ella lo miró con una mezcla de ternura y tristeza. No por él, sino por todo lo que él no veía de sí mismo.

—Sasuke...

—Solo digo que no entiendo por qué alguien como tú se fijaría en alguien como yo. Soy serio, amargado, jodidamente complicado. No tengo nada especial.

Ella sonrió. Su risa fue suave, cálida.

—¿Y sabes qué es lo más gracioso? —dijo ella—. Que eso es exactamente lo que me fascina de ti.

Él frunció el ceño, confuso.

—No te ves como los demás te ven, Sasuke. No te aprovechas de cómo luces o del dinero que tienes. No presumes. No finges ser perfecto. No usas todo eso como una máscara.

Eres directo. Eres confiable. No eres cruel.

Hizo una pausa, y sus ojos se suavizaron.

—Siempre admiré esa sinceridad que tienes, esa forma de ser... real. Aunque no siempre lo demuestres. Aunque estés roto, a veces. Yo... te quiero. Mucho. Desde que éramos niños. Y sí, tu enorme atractivo te da puntos extra, no te voy a mentir. —rió—. Pero eso no es lo que más me importa. Lo que quiero es seguir estando a tu lado el mayor tiempo posible.

Sasuke la miró, completamente en silencio.

Nadie le había hablado así antes. Al menos no con dobles intenciones. No con halagos vacíos... Solo con verdad.

Él soltó una pequeña risa, seca y un poco temblorosa.

—No puedo creer que nuestro primer beso fuera en una bodega... rodeados de armas, prostitutas, alcohol y posibles traficantes de persona.

Sakura soltó una carcajada genuina.

—¿Y qué querías? ¿Un beso en la playa al atardecer con un ukulele de fondo?

—No estaría mal.

—Tranquilo. Todavía estamos a tiempo para besarnos en lugares más decentes.

—¿Más decentes como...?

|𝙏𝙧𝙚𝙨 𝙋𝙚𝙧𝙧𝙖𝙨 𝙎𝙞𝙣 𝘾𝙤𝙧𝙧𝙚𝙖|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora