27 | Epílogo... o algo así gente ns

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Ya se la saben

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Ya se la saben...

NARRADOR PEDORRO 

Lunes 22 de noviembre | 4:05 p.m.

Las puertas del instituto se abrieron como si liberaran a un grupo de prisioneros de guerra.

Entre ellos, tres figuras conocidas salieron arrastrando los pies, con las almas colgando de un hilo y cara de haber sobrevivido a una tortura medieval: Naruto, Sakura y Sasuke.

El sol brillaba, los pájaros cantaban y ellos parecían muertos por dentro.

—Si el examen tenía sesenta preguntas, ¿por qué parecía que tenía seiscientas? —gruñó Naruto, dejándose caer sobre el banco del patio.

Sakura soltó una risita y se dejó caer a su lado, exhausta.

—Porque te pasaste la mitad del tiempo rezando, no respondiendo una caca.

Sasuke, sentado del otro lado, lo miró con su habitual cara de "te soporto por caridad divina".

—Tenías tres crucifijos, dos rosarios y una Biblia del tamaño de una enciclopedia. ¿Qué esperabas, iluminación divina?

Naruto alzó un dedo, ofendido.

—¡Y funcionó! No me desmayé ni lloré en voz alta esta vez.

Sakura le dio una palmadita en el hombro.

—Un milagro, de verdad.

Por unos segundos, solo se escuchó el viento moviendo las hojas.

El tipo de silencio bonito, de cuando la vida por fin se calma.

Y entonces, como era de esperarse, Naruto abrió la boca otra vez.

—Oigan... ¿se dan cuenta de lo que acabamos de vivir en un solo fin de semana?

Sakura se rio bajito.

—¿Cuál de todas las partes traumáticas?

—No sé, todas. Desde que nos escapamos de la fiesta de tus padres saltando por el balcón —dijo, contando con los dedos—, hasta que casi morimos en una avioneta pilotada por un viejo tuerto.

Sasuke asintió con un suspiro.

—Y cómo olvidarlo... el incendio en la suite por tu brillante idea de cocinar ramen en una cafetera.

—¡Tenía hambre! —protestó Naruto.

Sakura no podía dejar de reír.

—Y la vez que bailamos hasta desmayarnos, luego despertamos drogados y secuestrados en una bodega mientras Naruto lloraba por su zapato.

—Ah, sí. Y el viejo desnudo que nos persiguió por la calle—añadió Sasuke, masajeándose las sienes—. Estoy seguro de que eso me dejó una herida psicológica.

Naruto se encogió de hombros.

—No tanto como la tuya vomitando en la morgue mientras yo me cagaba del susto.

—Al menos yo no le manosee el pito a un muerto.

Sakura ya no podía respirar de la risa.

—JSJASJAJSJA Literalmente.

—Y tú perdiste la virginidad en medio de todo eso —soltó Naruto con naturalidad.

Sakura se quedó helada.

Sasuke lo miró con expresión asesina.

Silencio.

Luego, Sakura le lanzó una botella vacía, desenado que fuera un ladrillo.

—¡Naruto, cállate!

—¡¿Qué?! ¡Fue un dato histórico! —dijo él, esquivando otra botella.

Al final, los tres terminaron riendo, doblados de la risa, con lágrimas en los ojos y el estómago doliéndoles de tanto reír.

No quedaba ni rastro del caos, solo nostalgia. Poco a poco, las risas se fueron apagando.

Sakura los miró a ambos, con una sonrisa que mezclaba ternura y alivio.

—Gracias, chicos —dijo bajito—. Por estar conmigo. Por no dejarme sola... en ninguna de las locuras. No sé qué habría hecho sin ustedes.

Naruto la miró, con esa sonrisa boba pero sincera que solo él podía tener.

—Yo tampoco. No creo que haya dos personas en el mundo que me soporten tanto como ustedes. Ni quiero probar suerte con otras.

Sasuke asintió, sin decir nada, pero con esa mirada suya que decía todo.

Sakura suspiró, mirando el cielo azul.

—Los quiero. A los dos. Daría la vida por cualquiera sin pensarlo.

—Yo también... —dijo Naruto, conmovido—. Pero que quede claro: nada de más avionetas, ni mafias, ni Ino, ni Las Vegas. Juro solemnemente que seré un adulto responsable.

Y como si el universo se burlara de ellos, una voz chillona los interrumpió desde la entrada del patio:

—¡Oigan, perras sin correa! ¡Mis papás me levantaron el castigooo! ¡Soporten! —era Ino, corriendo con los brazos alzados como una loca—. ¡¿Quién quiere ir conmigo a bailar zamba a BRASIL?!

Los tres la miraron en silencio.

Sasuke suspiró.

Sakura se llevó la mano a la frente.

Naruto levantó el brazo emocionado.

—¡YOOOOOO!

Sakura y Sasuke lo voltearon a ver con cara de trauma colectivo.

—No otra vez... —dijeron al unísono.

El viento sopló, arrastrando las risas de fondo mientras el grupo de idiotas más desastroso del mundo se alejaba caminando.

El sol los bañaba de luz, como si el universo los perdonara una vez más.

Porque sí, tal vez no eran los más sensatos.

Ni los más prudentes.

Ni los más cuerdos.

Pero eran ellos.

Y eso era suficiente.

FIN

Ahora si cierto cabrones

|𝙏𝙧𝙚𝙨 𝙋𝙚𝙧𝙧𝙖𝙨 𝙎𝙞𝙣 𝘾𝙤𝙧𝙧𝙚𝙖|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora