26 | Final anal jsjsj nah te creas... No alch sí, fin.

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O votan y comentan, o me los vergueo

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O votan y comentan, o me los vergueo

NARRADOR 

La puerta del cuarto se abrió con el encanto de una cárcel de mala muerte y dos ojos todavía más rojos que una farola. Naruto apareció primero, despeinado, con la camisa arrugada y una expresión que decía: "Yo no hice nada malo, fue el mundo". Detrás suyo, Sakura y Sasuke empujando la puerta con menos elegancia de la que les gustaría admitir.

—¡Chicos! —gritó Naruto con orgullo—. Les presento mi nueva identidad: Naruto Uzumaki, heredero del imperio gastronómico Uzumaki & Sons. —Se pasó la mano por el pelo como si acabara de dar la mejor presentación de su vida—. He negociado con el mesero un plan de pagos. Todo arreglado.

Sakura y Sasuke se miraron. Ino, que ya estaba en la habitación con Kiba, Tenten y Shikamaru, puso cara de "esto va a salir mal".

—¿Plan de pagos? —preguntó Sasuke con la calma letal de quien no cree nada—. ¿Golpeaste al mesero?

Naruto bajó la voz, conspirativo:

—No lo golpeé. Solo... discutí filosóficamente con él sobre la propiedad privada de las empanadas y la deuda ancestral de los free shots. Eso se entendió mal.

La habitación estalló en una mezcla de alivio y carcajadas ahogadas. Ino se cruzó de brazos.

—Necesitamos ver la réplica antes de poner nuestras vidas en juego. Nada de "barato y rápido" que termine en un valijón de galletas.

Dos horas después, en una cochera llena de herramientas y humo de soldador, Ino y el artesano de utilería terminaron de ajustar las bisagras. La réplica era tan convincente que incluso Sasuke la miró con el respeto de quien reconoce una obra bien hecha.

—Tiene peso —dijo Sasuke—. Y esa marca en la esquina, la pequeña mancha que Sakura señalaba. Buen trabajo.

Naruto la tomó con solemnidad, la cerró, la abrió, la cerró otra vez, como si con eso se pudieran convencer a los dioses del destino.

—Perfecta —declamó—. Ahora solo falta un actor que haga de mensajero y unas entradas dramáticas. Yo me ofrezco como extra de honor.

Ino lo miró con ternura y desesperación a la vez.

—Qué lindo. Muy heroico.

Mientras tanto, Sasori se apartó a hacer lo único que él hace bien: mover contactos en la sombra. Sacó el teléfono, marcó un número. La llamada fue corta y seca.

—Jefe—dijo Sasori en voz baja—. He conseguido el maletín. Lo encontré vía tres chicos que... estuvieron involucrados.

Hubo un silencio al otro lado. Sasori esperó.

—¿Qué nombres? —preguntó la voz, tranquila.

—Sakura Haruno, Sasuke Uchiha y Naruto Uzumaki. —Sasori dijo los nombres con un destello de ironía que no podía disimular.

|𝙏𝙧𝙚𝙨 𝙋𝙚𝙧𝙧𝙖𝙨 𝙎𝙞𝙣 𝘾𝙤𝙧𝙧𝙚𝙖|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora