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NARRADOR 

El lugar era un hervidero de calor humano, luces rojas, olor a tabaco y tacos con salsa de quién sabe qué. Música fuerte, gritos, risas, y al fondo, una puerta metálica con un letrero que decía "Privado – Solo personal y demonios".

—Ese es el cuarto donde guardan las cosas importantes —susurró Daniel mientras caminaban entre las mesas—. Y si mis fuentes no me fallan, ahí está el maletín.

—¿Tus fuentes no fallan? Literalmente nos secuestraron hace dos horas gracias a tus fuentes. —dijo Sakura, bufando.

—Shhh... si me golpeas ahora, se me arruga la bata. —le guiñó un ojo.

El grupo se dividió en dúos: Naruto fue directo a la barra fingiendo ser el "mariachi contratado para cumpleaños sorpresa de un tal Francis". Preparado para hacer su numerito ridículo y captar la atención de las personas. Por otro lado, Daniel buscaba a su contacto para pasarle la llave a Sakura y que ésta se la diera al azabache.

[Pasillo lateral]

Sasuke caminaba por el estrecho pasillo con la postura de quien preferiría estar haciendo cualquier otra cosa... excepto que esa "otra cosa" probablemente también involucraba lidiar con idiotas y ropa ridícula.

Su intento de pasar desapercibido se veía sabotajeado por la maldita sotana transparente con escote en V, la cual, para su horror, estaba cumpliendo su función: llamar la atención.

Varias mujeres —y dos tipos con copas de más— lo observaron con la lujuria de quien se encuentra una botella de mezcal en oferta. Sasuke, acostumbrado a las miradas pero no por eso menos incómodo, simplemente bajó la cabeza y aceleró el paso.

Sacó el walkie que Daniel le había dado.

—Ya estoy aquí —murmuró—. Dense prisa con esa maldita llave.

Pasaron apenas dos minutos cuando escuchó los tacones.

Tap. Tap. Tap.

Volteó con algo de fastidio, hasta que vio la cabellera rosada que ya conocía tan bien. Y por un segundo, su ceño fruncido titubeó.

No la había visto bien hasta ahora. Con la adrenalina, el caos, las peleas y los secuestros, no había tenido tiempo de verla. Y ahí estaba: Sakura, con ese maldito uniforme de mesera que parecía diseñado por algún demonio con fetiche en encajes. El delantal apenas cubría algo, y la camisa blanca de botones escotada dejaba ver un sostén negro de encaje que hacía juego con las medias altas que le apretaban los muslos justo donde no debía.

Sasuke tragó saliva y desvió la mirada, como si eso pudiera borrar lo que acababa de ver.

¿La tienes? —preguntó, intentando mantener su tono neutro.

Sakura sonrió. Esa sonrisa que usaba cuando se sentía confiada, cuando sabía que tenía el control. Se acercó un par de pasos más, lenta.

¿Tú qué crees? —dijo en voz baja—. Si no, no estaría aquí.

Sacó la llave del bolsillo delantero del delantal, colgando de un llavero con forma de dildo rosa vibrador. Sasuke soltó una risa nasal que casi sonó como un respiro de alivio y fastidio al mismo tiempo. Tomó el llavero con una ceja arqueada.

Daniel está enfermo.

Y tú estás rojo.

Él la miró. Ella lo miraba con las cejas alzadas, disfrutando del efecto que sabía que estaba provocando.

|𝙏𝙧𝙚𝙨 𝙋𝙚𝙧𝙧𝙖𝙨 𝙎𝙞𝙣 𝘾𝙤𝙧𝙧𝙚𝙖|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora