Epílogo (primera parte)

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Himiko

3 años después

Shirakawa-go, verano.

Las cigarras cantaban sin cesar, un zumbido persistente que se mezclaba con el murmullo del río cercano. Las casas tradicionales cerca de la casa de Nana brillaban bajo el sol de la tarde, y el aire olía a madera, a pasto recién cortado y a una paz largamente anhelada.

Estaba sentada en la terraza de la casa de Nana, con las piernas recogidas, un libro a mi lado y en mis brazos acunando a un pequeño cenizo de casi 3 años. Tarareaba una pequeña canción de cuna, una que mi madre me solía cantar de pequeña la noche después del accidente cuando tenía 8 años, aquella vez me tuve que quedar en el hospital casi una semana y esa era la única manera de poder conciliar el sueño.

Llevaba mi cabello en una trenza desordenada, por el pasar del tiempo había crecido, me llegaba mucho más abajo de los hombros, por lo que solía atármelo con más frecuencia. Mi piel no estaba tan blanca como solía ser, estaba levemente más bronceada, más saludable.

Unos pasos llamaron mi atención, sonreí al saber de quién se trataba. Uraraka llegó a mi lado mientras dejaba una tasa de té humeante a mi lado.

-Es mi turno, tómate un descanso, te traje chai.

Ella sonrió tan cálida que no pude resistirme, antes de poder incluso darle al pequeño, me incliné para darle un pequeño beso.

-Gracias, Cutie pie.

Con sumo cuidado le entregué al pequeño. Bakugou Akihiro era el niño más precioso que puede existir. Tiene unos ojos castaños igual a los de su madre y un cabello rebelde como el de su padre, es de un rubio cenizo más claro que el de él, por lo que le confiere una apariencia más encantadora y lo mejor de todo, no tiene el temperamento de su ruidoso padre. Estaba próximo a cumplir 3 años y Camie me había pedido si podíamos cuidarlo un momento que ellos salían en una cita. ¡Le dije que si de inmediato! Lo considero mi sobrino más querido y el pequeño adora estar con nosotras, desde siempre fue así.

-Apenas empecé a cantar se durmió -sonreí tomando aquella tasa para disfrutar mi té- tiene una energía increíble pero cayó rendido de inmediato.

-Cualquiera caería ante tan hermoso canto -ella me miró algo sonrojada, luego se fijó en el libro que tenía a mi lado- no pudiste leer nada.

-Lo intenté -solté una pequeña risa- pero me distraje cuando llegó este pequeño. Luego me puse a pensar en muchas cosas mientras cantaba. En nosotras por ejemplo.

-¿En qué parte exactamente?

-En como a pesar de todo, llegamos hasta aquí.

Volví a mirarla y un silencio para nada incómodo nos invadió.

Recuerdo que después de todo lo que pasó, estar en coma, mi recuperación, volver a vivir prácticamente, fue un proceso difícil, pero Uraraka nunca me dejó sola, a pesar de lo ocurrido, ella no se separó de mí. Al principio los reencuentros fueron tensos, hubo palabras cuidadosas y heridas aún abiertas, pero el tiempo -y la voluntad de sanar- había hecho lo suyo.

Mis padres estuvieron más tiempo conmigo, mi madre dejó sus giras y sus conciertos, se dedicó a mí, a mantener nuestra conexión y fortalecerla. Ahora mi habitación en casa está plagada de fotografías hechas por mi padre de toda la familia, y eso llenaba un lugar importante en mi corazón.

-¿Recuerdas cuando dijiste que todo esto te dolía más de lo que podías soportar? -preguntó Uraraka, yo asentí.

-Pensé que jamás iba a dejar de doler.

-Y ahora ¿Cómo estás?

La miré y acaricié su mejilla, luego acaricié la cabecita de aquel pequeño que dormía plácidamente en los brazos de la castaña, sonreí con ternura.

-Estoy feliz de haber vuelto para esto. Gracias por quedarte, Ochako.

-Siempre voy a quedarme, Himiko -ella tomó mi mano y me acercó a ella para abrazarme junto al pequeño- nunca volveré a dejarte sola, incluso cuando te vas de gira por meses y me abandonas.

-No te abandono -reí- es trabajo.

-¿Y si renuncias? -dijo riendo un poco- no creo que a las chicas les moleste.

-Oh, cállate.

Sonreí y volví a besarla, ella me correspondió de igual manera, nos separamos al sentir un poco de movimiento entre nosotras, el pequeño Bakugou se había despertado.

-Mira quién nos quiere saludar, cariño -ella le sonrió- ¿Dormiste bien mi pequeño?

Él asintió restregando sus pequeños ojitos.

-Vamos a jugar un poco más antes de que tus padres vengan por ti.

-¿No puedo quedarme hoy también? -dijo el pequeño con un puchero- me gusta estar aquí.

-¿Quieres quedarte? -puse mi voz algo ofendida mientras lo tomaba de los brazos de la castaña- tengo que volver a trabajar, Aki, esta vez fue la excepción.

-¿Y si ya no trabajas? -dijo con inocencia mientras Uraraka se largaba a reír.

-¡Ochako! -la miré molesta con un puchero- eso lo escuchó de ti.

-Aki opina lo mismo que yo, Estrellita, deberías tomarte un descanso.

Antes de poder decirles algo, Nana nos llamó desde dentro de la casa, tenía la comida lista por lo que el pequeño salió corriendo seguido de la castaña, ambos adoraban estar con ella ¿Y quién no? Nana era la mejor de todas. Tomé el libro que me había regalado Hagakure en aquel entonces y me levanté, sonreí al ver la escena dentro, a Uraraka levantando por los aires al pequeño y llevándolo después a la mesa para alistarlo en su lugar, era una sensación maravillosa. Es un alivio haber vuelto para poder presenciar todo esto.



**Holiii, me di la libertad de hacer la primera parte del epílogo corta y precisa:3 la segunda parte ya será mejor. Ayer estuve de cumpleaños y hoy está de cumpleaños mi loquita bella, así que les dejo la primera parte del epílogo como regalo para ustedes además de un pequeño dibujo que hice nwn**

 Ayer estuve de cumpleaños y hoy está de cumpleaños mi loquita bella, así que les dejo la primera parte del epílogo como regalo para ustedes además de un pequeño dibujo que hice nwn**

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No se los voy a pintar porque soy pésima en eso JAJAJAJA y si, me incluí con ellas porque tenía que celebrar junto a mi loquita♡
¿Adivinan quién tomó la foto?🌼












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