Capítulo 12

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Ochako

Las miraba a ambas con ligero reproche, después de que Toga se fuera, el silencio nos comió a las tres en la sala de estar, Mina era la más relajada, Yaomomo parecía que se iba a comer los dedos si seguía mordiéndose así.

-Bien -dije después de un largo silencio- ¿Fue a propósito?

-¡No!/¡Sí! -ambas respondieron para nada coordinadas, Mina la miró con un puchero- ¡Yaomomo! ¿En qué habíamos quedado?

-¡Lo siento! -soltó esta derrotada- sabes que no se me da bien esto.

-Se nota -Mina bufó- bien, diría que fue un 50 y 50.

-¿Cómo? -pregunté.

-Ella fue quién se acercó, un día salimos a comprar con Yaomomo y las coincidencias de la vida nos juntaron, ella solo quería disculparse por algo que en realidad no tenía mucho sentido, ahí fue cuando se me ocurrió invitarla a comer y Yaomomo me siguió la corriente, pero veo que fue demasiada presión para admitir que había sido un pooooco a propósito.

Sonrió algo nerviosa, después de todo ambas se mostraban algo "arrepentidas" por lo ocurrido, suspiré y sonreí, no estaba molesta para nada, solo quería jugar con ellas, Yaomomo es un pan de Dios y sabía que tarde o temprano soltaría lo que habían hecho.

-Debería decir gracias -dije- porque por su jueguito pude arreglar las cosas con ella, pero como fue una trampa, no se la merecen.

-Eres una perra -la pelirrosa sacó su lengua en modo de protesta- pero aún así, de nada, leo entrelíneas de lo que dices.

-Si claro -sonreí.

Pasamos lo que quedaba de tarde haciendo cualquier cosa, ya llegada la noche preparamos la sala de estar nuevamente para ver películas ¡Estuvo bien! pero de verdad a veces notaba que divagaba en mi mente y solo recordaba la sonrisa y los gestos de la rubia. Notaba como el calor subía a mis mejillas y sonreía como una tonta probablemente, menos mal que la luz estaba apagada y las chicas no me veían.

En la tercera película Yaomomo cayó en un sueño profundo y no pudimos hacer más, así que decidimos apagar la televisión y acomodarnos junto a ella para dormir, aunque todavía no tenía nada de sueño.

-¿Mina? -susurré esperando que ella también estuviera despierta.

-¿No puedes dormir? -escuché por su parte, al rato ella se acomodó para llegar a mi lado y no molestar a Yaomomo- la verdad yo tampoco.

-Que raro -sonreí en la oscuridad, pasaron un par de segundos y suspiré- gracias, tenía que decirlo en algún momento.

-Ya basta, sé que en verdad estás bien con todo esto -ella me dio un leve empujón, podía imaginar que sonreía- no me gustó verte de esa manera aquel día que llegamos y la viste, puedo notar que ella es especial para ti.

-Es extraño, no sé, pero me siento bien con ella, arreglamos nuestro problema y pues, tenemos una cita.

-¿¡Qué!? -la emoción la hizo subir su voz exageradamente, con desesperación tapé su boca- ¡Mmh! ¿Mmh?

-¡Cállate! Vas a despertar a Yaomomo -la solté- no es la gran cosa.

-¿Cómo que no? -podía descifrar que ella sonreía, y mucho- ¡Es estupendo! Nos quedan aquí unos días, aprovéchalos, quizás puedas salir más con ella.

-No tengo su número, partiendo por eso.

-Eso se arregla de inmediato.

Con maestría ella tomó mi teléfono y el de ella, se preocupó de que la luz de las pantallas no le dieran a la pelinegra para no molestarla y con unos tecleos bastante rápidos a mi parecer, me entregó el mío con una radiante sonrisa.

¡Oye, chica!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora