Javier Peña - Entre el odio y el fuego (Parte 1/5)

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Narra Elena:

Medellín, 1994

A mis 36 años cualquiera me podría aún tachar de "demasiado joven" para según que trabajos en la DEA, y ni de qué hablar de lo que tengo que aguantar por ser una mujer. La DEA era un puto mundo de hombres y de medir "a ver quien la tiene más grande".

Hablando de medir, mido uno sesenta y ocho, ojos castaños y pequeñas pecas que el sol acentúa aunque me ponga protector. Pelo ondulado, moreno desde la raíz, herencia directa de mis abuelos latinos. Facciones marcadas, mandíbula firme, y una boca que más de un jefe ha calificado como "demasiado rápida" para mi propio bien e impropio de una mujer de mi edad.

En efecto, no soy el tipo de mujer que pasa desapercibida. No porque me esfuerce en lo contrario, es simplemente que me he tenido que abrir paso con sangre, sudor y lágrimas en este trabajo y con eso me he forjado un carácter duro, que rara vez se calla. Aprendí pronto que en este trabajo si no te impones desde el primer día, alguien lo hará por ti.

El calor de Medellín se pega al cuerpo como una segunda piel por la maldita humedad. Ni el aire acondicionado ni el ventilador del techo logran librar a la oficina DEA de esa capa pegajosa de calor incómodo mezclado con el olor del café recalentado con el tabaco viejo.

Cruzo la puerta con mi carpeta bajo el brazo, intentando ignorar el murmullo de voces a mi alrededor en español mezclado con inglés y la sensación de que cada mirada cada policía me está evaluando como si fuera carne fresca.

Avanzo unos pasos mas y puedo verlo ahí, reclinado en su silla. 40 años, ese bigote tan suyo y el pelo desaliñado. Viste una camisa clara, arrugada y abierta un par de botones de más con unos vaqueros gastados, cinturón de cuero viejo. Un cigarro medio consumido girando entre sus dedos y un vaso de whisky casi terminado encima de su escritorio. La clase de hombre que parece estar siempre a medio camino entre una negociación y una pelea. No tuve necesidad de preguntar, enseguida supe que se trataba de él, de Javier Peña.

Su reputación le precedía; un agente eficaz, con contactos en cada rincón, capaz de cerrar casos que otros daban por perdidos

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Su reputación le precedía; un agente eficaz, con contactos en cada rincón, capaz de cerrar casos que otros daban por perdidos. Pero esa reputación tenía otra cara, una que no me gustaba en absoluto: procedimientos cuestionables, relaciones peligrosas y un desprecio absoluto por cualquier norma que no le sirviera en su propósito.

- Peña -el que iba a ser mi jefe aparece con una expresión algo tensa-. Te presento a tu nueva compañera, la agente Carter.

Peña eleva la vista una lentitud calculada, como si tuviera todo el tiempo del mundo y yo estuviera en su agenda como una cita de relleno. Su mirada me recorre de arriba abajo, sin disimulo, deteniéndose lo justo para dejar claro que me está evaluando y no precisamente para bien.

- Así que la nueva... ¿Carter? -repite, como decir mi nombre fuera un sabor que no le gusta en la boca-. No me dijeron que me iban a poner una...

- Peña... -murmura el jefe en tono de advertencia.

One Shots (+18) | MultifandomHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora