POV Pedri:
El trayecto desde el recodo oscuro de la reja hasta la entrada del vestuario local fue una caminata extraña, de esas en la que tus piernas caminan por pura inercia de conocerse el camino pero con los sentidos completamente embotados.
A mi alrededor sabía que todo era un ambiente ruidoso; el eco metálico de los tacos golpeando las baldosas, los gritos de ánimo de los preparadores físicos, el murmullo amortiguado pero ensordecedor de los noventa mil espectadores que hacían vibrar el hormigón sobre nuestras cabezas, y el zumbido constante de los walkie-talkies del personal de seguridad.
Pero para mí, todo aquello no era más que ruido de fondo. Yo caminaba sumergido en un silencio sepulcral, ajeno a todo lo que no fuera el latido salvaje de mi propio corazón martilleándome las costillas.
Tenía las pulsaciones disparadas, y sabía perfectamente que no era por el esfuerzo físico de la primera parte. Era una agitación mucho más profunda, una corriente eléctrica que me recorría la columna vertebral y me dejaba sin aire. Me pasé la mano por la cara, empapada de sudor y lluvia fría, pero lo único que conseguí fue reavivar la quemazón que sentía en la piel.
Todavía podía sentir el tacto de las manos de Júlia rodeando mis mejillas húmedas. Recordaba el peso ligero de su cuerpo inclinado sobre la barandilla de seguridad gris, la firmeza y la dulzura de sus pulgares presionando mis sienes como si intentaran borrar de un plumazo todos los fantasmas de mi cabeza, y la calidez absoluta de ese beso largo y firme que me había dejado en la frente. Un beso que me había devuelto la respiración cuando sentía que el Camp Nou entero me aplastaba el pecho.
«Respira cuando entres ahí dentro», me había pedido en un susurro.
Y yo lo estaba intentando, pero por algún motivo sentía que me ahogaba. Cerré los ojos un segundo mientras avanzaba, incapaz de sacarme de la cabeza lo que había pasado justo antes de separarnos.
Cuando me incliné hacia ella para dejarle aquel beso de despedida en la mejilla... Dios, joder. No había sido un beso normal, de esos que nos dábamos a la carrera desde hacía seis años. Había sido un impulso torpe, desesperado, una necesidad casi física de aferrarme a ella antes de volver a centrarme en el partido.
Mis labios se habían apoyado con demasiada lentitud, demorándose más de la cuenta y demasiado cerca, ridículamente cerca, de la comisura de su boca. Había sentido la suavidad extrema de su piel bajo la mía y el roce directo de su respiración cálida sobre mis labios. En esa milésima de segundo, una tentación feroz y salvaje me había atenazado el estómago.
Sentí la urgencia desesperada de girar el rostro, de inclinar la cabeza apenas un milímetro. Un maldito y definitivo milímetro hacia la derecha para atrapar sus labios con los míos y dinamitar, de una vez por todas, esa frontera invisible que llevábamos años fingiendo cuidar con tanto esmero.
La pura inercia de ese deseo casi me hace tropezar con el escalón de entrada al vestuario. El corazón me dio un vuelco ridículo. Estaba asustado de mí mismo, de la fuerza con la que ese pensamiento me había golpeado y de lo cerca que había estado de tirar por tierra nuestra amistad.
El contraste al cruzar el umbral del vestuario fue como una bofetada de realidad. La luz fluorescente, blanca y cegadora, me obligó a parpadear. El olor familiar a reflex, hierba mojada, sudor y ropa lavada me inundó las fosas nasales, recordándome dónde estaba y lo que nos estábamos jugando. Pero ni siquiera la gravedad del 0-1 contra el Bayern pudo retener mi mente por mucho tiempo.
—¡Bueno, bueno, bueno! —la voz chillona y burlona de Gavi me abofeteó en la cara en cuanto puse un pie dentro— ¡Pero si ya ha llegado nuestro Romeo! ¿Qué pasa? ¿Te habías perdido de camino o es que el túnel ahora tiene servicio VIP de besos, mimos y apoyo psicológico personalizado?
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One Shots (+18) | Multifandom
FanficHistorias breves sobre: - Steve - Joe Keery - Eddie - Joseph Quinn - Billy - Dacre Montgomery - Pedro Pascal - Matty Healy - Carlos Sainz - Otros (vuestros pedidos) RECORDAR QUE TODO ES FICCIÓN
