Narra Elena:
Un mes después
Ya ha pasado un mes desde esa noche en que ocurrió todo. Treinta malditos días en que hemos hecho como que no ocurrió nada camuflándonos entre informes, misiones y discusiones sobre cualquier cosa menos hablar de eso. Treinta días evitando quedarnos a solas más tiempo del estrictamente necesario; aunque en cada pasillo estrecho, cada momento en un coche patrulla y cada misión el recuerdo de su boca, sus manos y su voz siguen ahí, como jodido recuerdo que no está dispuesto a desaparecer de mi mente.
No hemos vuelto a hablar de lo que pasó en aquel motel después de que le curase la herida del cuchillo. Tampoco puedo esperar otra cosa, después de todo Peña dejó claro que "esto no se va a repetir" y "esto no cambia nada", cosa en la que yo estuve de acuerdo con tal de no discutir más ese día. Y yo las promesas las cumplo, aunque no puedo mentir, a pesar de que mis tiranteces seguían con él, una parte de mi en ocasiones se ablandaba en cuanto recordaba sus labios sobre los míos y sus manos recorriendo cada parte de mi cuerpo.
Y, como cabía esperar, Peña se ha encargado a la perfección de que todo parezca igual que siempre. Su media sonrisa sigue apareciendo en el peor momento, sus comentarios siguen siendo igual de irritantes como el primer día en que nos conocimos y su manía de invadir mi espacio personal para crisparme sigue ahí, como si estuviera programado para hacerlo cada vez que yo intento respirar lejos de él.
Y yo, como la supuestamente buena agente fría y calculadora que soy, me he encargado durante todo este tiempo de fingir que no me afecta en absoluto. He mantenido mi voz firme, mi paso seguro y mis manos ocupadas con informes, expedientes o armas como he hecho siempre. Pero mi problema con Javier Peña es que es tan imposible de ignorar como un disparo en medio de una multitud.
El reloj de la pared marca casi la medianoche me indica que ya es casi media noche, no sé en que momento se ha terminado el día pero el hecho de que ya solo queden unas pocas lámparas encendidas tendría que haberme dicho algo. Tengo a Peña a mi izquierda, revisando un informe con el ceño fruncido mientras en otra mesa hay dos agentes metidos entre papeles y café frío.
Hay un silencio estrepitoso en la oficina, casi extraño, que se rompe con el timbre metálico del teléfono que hay sobre mi escritorio. No suena fuerte, pero estoy tan sumergida en mis pensamientos que me retumba en los oídos como un disparo antes de descolgar el auricular sin pensar.
— Carter —digo después de aclararme la garganta.
— Buenas noches, Elena —una voz grave y perfectamente modulada me atraviesa.
Me quedo inmóvil procesando esa voz, la cual me cerebro se niega a aceptar por una milésima de segundo. Hace años que no escuchaba esa voz, como una recuerdo maldito, y estaba convencida de que no volvería a escucharla nunca más.
— Rivas —murmuro finalmente, fregándome la sien para asegurarme de que esa llamada no era una pesadilla.
— Veo que todavía me recuerdas —responde en su típico tono de siempre; seguro, casi burlón.
— ¿Qué quieres? —pregunto directa, bajando el tono pero sin poder evitar que Peña levante la vista de sus papeles y me observe de reojo.
— Tengo información —responde sin titubear—. Sobre el cartel. Algo que no está en vuestros archivos ni investigaciones.
— Pásala a la DEA y que se encarguen —resopló frustrada.
— No. Esto es solo para ti —su voz baja a un tono más serio—. Y tiene que ser esta noche.
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One Shots (+18) | Multifandom
Fiksi PenggemarHistorias breves sobre: - Steve - Joe Keery - Eddie - Joseph Quinn - Billy - Dacre Montgomery - Pedro Pascal - Matty Healy - Carlos Sainz - Otros (vuestros pedidos) RECORDAR QUE TODO ES FICCIÓN
