El mensaje de Gianluca llegó cuando todavía tenía en los oídos el eco del concierto y apenas había terminado de quitarme los zapatos.
Había regresado al hotel hacía poco más de veinte minutos, después de despedirme de los amigos con los que había asistido al Teatro Antico, y aún no había conseguido desprenderme de la extraña inquietud que me había acompañado durante buena parte de la noche.
Podía atribuirla al escenario iluminado bajo el cielo de Taormina, a las voces elevándose entre las ruinas o a la emoción de un público que parecía conocer cada palabra, pero sabía que ninguna de aquellas explicaciones era completamente cierta. Lo que me había mantenido alerta desde la segunda canción era la certeza de que, en varios momentos concretos, Gianluca había mirado hacia el lugar donde yo me encontraba.
Lo conocía lo suficiente como para distinguir la mirada con la que seducía a cientos de personas desde el escenario de aquella otra, más discreta y personal, que sabía que tenía reservada para mi. Era la misma con la que me observaba desde el otro lado de una habitación cuando ya no quedaba nadie alrededor y ambos sabíamos cómo acabaría la noche.
Dejé el bolso sobre la cama, encendí una de las lámparas de la mesilla y me incliné para desabrocharme la sandalia que todavía llevaba puesta. Solo quería cambiarme, lavarme la cara y meterme en la cama. No había cenado, pero estaba tan agotada que no me importaba dormir y esperar al desayuno para meterme algo en la boca. Ya había empezado a recogerme el pelo cuando la pantalla del teléfono se iluminó sobre la colcha. Me senté en el borde de la cama y agarré el móvil
💬Gianlu: ¿Sigues despierta?
💬Sofía: Acabo de llegar a mi hotel
Gianluca tenía la costumbre de comenzar así casi todas nuestras conversaciones nocturnas, como si preguntarme si seguía despierta fuera una precaución necesaria y no una fórmula cuyo significado ambos conocíamos. Cuando estábamos en la misma ciudad, aquellas palabras solían ser el preludio de una segunda pregunta: mi habitación o la suya.
Nunca necesitábamos explicar para qué queríamos vernos ni inventar una excusa que justificara acabar juntos en la cama. Otras veces escribía desde lugares situados a cientos de kilómetros y entonces la conversación se alargaba hasta que alguno se quedaba dormido, como si ni él ni yo quisiéramos reconocer que seguíamos buscándonos incluso cuando el sexo no era una posibilidad. El teléfono comenzó a sonar y me sacó de mis pensamientos.
—Pensaba que tardarías más en responder —comentó Gianluca al otro lado de la línea. Detrás de su voz distinguí varias conversaciones, el golpe de una puerta y a alguien que parecía llamarlo desde cierta distancia.
—Pensaba que empezarías preguntándome en qué habitación estoy —repliqué mientras me levantaba y caminaba hasta el pequeño balcón de mi habitación
La noche conservaba parte del calor del día, aunque una brisa húmeda se colaba desde el mar y movía ligeramente las cortinas. Desde allí podía ver los tejados iluminados de Taormina y, más allá, una oscuridad extensa en la que apenas se intuía la costa.
—También puedo preguntártelo si tienes prisa —respondió Gianluca, y la sonrisa que imaginé en su rostro se filtró en la voz—. Aunque pensaba esforzarme un poco más esta noche.
—Eso sí que es una novedad —respondí con una mezcla de rintitín e ironía.
—Últimamente te estás volviendo muy exigente, Sofia —se lamentó con fingida gravedad—. Hubo una época en la que bastaba con que te dijera que quería verte.
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One Shots (+18) | Multifandom
FanfictionHistorias breves sobre: - Steve - Joe Keery - Eddie - Joseph Quinn - Billy - Dacre Montgomery - Pedro Pascal - Matty Healy - Carlos Sainz - Otros (vuestros pedidos) RECORDAR QUE TODO ES FICCIÓN
