Pedri - Inseparables - Parte final

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POV Júlia:

La cena comenzó a disolverse poco a poco, entre el ruido de las sillas desplazándose sobre el suelo, las últimas copas apuradas con prisa y los abrazos de quienes se despedían prometiendo volver a verse en el siguiente partido. La euforia por la remontada seguía flotando en el restaurante, aunque se había transformado en un cansancio agradable que empezaba a hacerse visible en los movimientos más lentos de los jugadores y en las voces algo más roncas después de tantas horas celebrando.

Yo llevaba la última hora de la sobremesa con un nudo estúpido en el estómago, más pendiente de cada movimiento de Pedri a mi lado que de las conversaciones. Desde que me había rozado la pierna por debajo de la mesa y me había susurrado al oído que necesitaba dar un paseo conmigo al salir porque tenía algo importante que contarme, no había conseguido concentrarme en nada más.

Me encantaba la idea de dar un paseo; de hecho, estar a solas con él en medio de la noche siempre había sido uno de mis planes favoritos, un paréntesis de paz donde el mundo exterior dejaba de existir. Sin embargo, aquella maldita frase de «tenemos que hablar» había despertado en mí un temor sordo que intentaba mantener bajo control como buenamente podía.

De forma inevitable, mi mente enlazaba esa conversación pendiente con todo lo que había sucedido durante el descanso en la boca del túnel de vestuarios: el calor de sus manos sujetándome el rostro empapado de lluvia, mi beso en su frente, nuestras frentes unidas en una intimidad que rozaba lo sagrado y ese beso de despedida de Pedri en mi mejilla, ridículamente cerca de la comisura de mi boca.

Pero, sobre todo; las cámaras robóticas de la UEFA retransmitiendo el momento en HD, los videomarcadores del Camp Nou proyectándonos ante noventa mil personas, los flashes de los fotógrafos y los cientos de vídeos de los aficionados que ya ardían en las redes sociales, alimentando la pregunta impertinente que le habían soltado en la entrevista a pie de campo.

Yo no me arrepentía de nada de lo que había hecho abajo, habría bajado mil veces más si con eso conseguía quitarle ese peso de encima que no le hacía jugar conmo el sabía. Pero me aterraba pensar que Pedri sí se hubiera sentido incómodo al ver la repercusión mediática.

Temía que esa conversación en la penumbra fuera para pedirme discreción. Para sugerirme, con la delicadeza torpe que lo caracterizaba cuando quería cuidarme, que necesitábamos marcar límites más claros, evitar los abrazos efusivos en público, guardar las distancias ante los fotógrafos y asegurarnos de que nadie volviera a confundir lo que había entre nosotros.

Aún así, guardé esos pensamientos para mí. Sabía que él necesitaba su propio tiempo para ordenar lo que llevaba dentro y no pensaba presionarlo con mis miedos.





Ferran y Gavi se acercaron a nuestra esquina del salón mientras se abrochaban las chaquetas, comentando a viva voz que algunos de compañeros iban a tomar una copa rápida por la zona. Pedri permanecía de pie a mi lado, esperando pacientemente mientras yo guardaba las pocas cosas que había sacado en el bolso.

No le pregunté si iba a irse con ellos como si no supiera cuáles eran sus planes. Conocía de sobra cómo funcionaban sus rutinas después de los partidos, así que simplemente quise concederle una vía de escape por si prefería evadir la tensión del momento y dejar la conversación para otro momento.

—¿Seguro que no quieres ir con ellos? —le pregunté en voz baja, ladeando la cabeza mientras me colgaba el bolso al hombro.

Pedri no dudó ni un solo segundo. Negó con la cabeza de inmediato, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta.

—Seguro, Juls —respondió sin sombra de duda—. Estoy molido. Lo que necesito urgentemente es darme otra ducha, meterme en la cama y dormir doce horas seguidas.

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⏰ Última actualización: 3 days ago ⏰

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