Empezaba a sentir la piel pegajosa. Aunque era algo normal en una noche de agosto en la costa del Mediterráneo, no dejaba de ser incómodo. Por suerte, de vez en cuando corría una brisa marina ligera que nos daba un respiro a los que llevábamos más de veinte minutos esperando en la cola para entrar en la discoteca.
El eco del mar rompiendo contra las rocas en la parte posterior de la discoteca era lo único que competía con el murmullo elevado de la gente que estábamos allí fuera. A mi lado, Cris y Laura no dejaban de hablar, compartiendo risas y confidencias con esa energía desbordante de una noche de verano que promete alargarse hasta el amanecer.
— De verdad, Blanca, estás espectacular —dijo Cris, girándose hacia mí y apartando mi mano del tirante de mi vestido, que yo no dejaba de toquetear—. Entre el bronceado que llevas y el color de ese vestido te aseguro que hoy estás en otra liga. Vas a romper la pista.
—Totalmente —secundó Laura, mirándome de arriba abajo con orgullo—. Así que deja de tocarte el tirante y el escote, que estás perfecta. Sólo disfruta de la noche, ¡que te lo has ganado después del súper reportaje que te han hecho!
— No puedo evitarlo —admití, soltando un suspiro mitad risa y mitad nervios, mientras alisaba la caída de la falda—. Es la primera vez que lo saco a pasear. Si se me descose en mitad de la pista, creo que me voy a morir de la vergüenza.
— ¿Descoserse? ¿Un diseño tuyo? ¡Venga ya! —intervino Cris.
— ¡Si parece sacado de una boutique de lujo en Milán! —añadió Laura—. Además, ya te lo ha dicho Cris, pero lo reafirmo. Ese escote en V, la espalda al descubierto y ese tono verde oliva hace que el bronceado resalte un montón. Estás espectacular, tía. ¡Haznos el favor de creértelo un poco!
Sonreí, sintiendo cómo el calor de sus palabras me aliviaba la tensión acumulada en los hombros. Me miré de reojo en el reflejo de una de las cristaleras oscuras exteriores de la discoteca.
Era cierto que ese vestido lencero caía con una fluidez perfecta, adaptándose a cada una de mis curvas con esa ligereza que solo la seda de buena calidad consigue. Lo había cortado y cosido yo misma en el suelo de mi habitación, robándome horas de sueño entre sesión y sesión de fotos. Todo a juego con el pañuelo de seda que llevaba anudado a mi cuello, aunque ahora me arrepentía un poco con el maldito calor que hacía. Aunque ya lo dicen, antes muerta que sencilla.
Esa noche puede ser que si fuera en el fondo una celebración por el reportaje en solitario que me habían hecho como modelo. Era cierto que la agencia de modelos para la que había empezado a trabajar era lo que me pagaba las facturas; los catálogos de trajes de baño y las campañas de publicidad de verano eran un buen ingreso, a quien iba a engañar.
Pero eso era solo una especie de trampolín para mi, una manera de adentrarme poco a poco dentro del mundo de la moda. Mi verdadero sueño se escondía en las carpetas llenas de bocetos que abarrotaban mi escritorio, en los patrones, en las telas que se amontonaban en mi taller improvisado en mi habitación. Llevar ese vestido era mi forma de decirme que tal vez algún día cumpliría ese sueño.
— Así que esta noche a pasarlo bien, a beber y a brindar por tu brillante futuro —dijo Cris, entrelazando su brazo con el mío cuando la cola empezó a avanzar
— Te hemos arrastrado aquí precisamente para eso —añadió Laura enganchándose a mi otro brazo—. Llevas un mes encerrada entre telas, Blanca. Necesitas que te dé el aire, bailar y acordarte de lo que es pisar la calle un viernes por la noche.
— Vale. Tal vez tengáis razón—suspiré con media sonrisa de resignación—. Esta noche prometo que intentaré no pensar ni en telas, ni en patrones ni en agencias de modelos. Esta noche solo se celebra.
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One Shots (+18) | Multifandom
FanfictionHistorias breves sobre: - Steve - Joe Keery - Eddie - Joseph Quinn - Billy - Dacre Montgomery - Pedro Pascal - Matty Healy - Carlos Sainz - Otros (vuestros pedidos) RECORDAR QUE TODO ES FICCIÓN
