Ferran Torres - Ibiza - Parte I

108 6 13
                                        

La luz de Ibiza a finales de Julio se filtraba a través de los ventanales de nuestra habitación en el hotel. Estaba metiendo mi cámara analógica Leica M6 en mi bolso con una sonrisa dibujada en mi rostro. Las fotos que podría hacer aquí, con esta luz casi etérea y el entorno tan diferente al de Madrid, me alegraban el alma; eran completamente como un soplo de aire fresco.

—Prometiste que no ibas a trabajar, Ana —la voz de Clara me alcanzó mientras cerraba el bolso, con la cámara ya dentro.

—Y no voy a hacerlo —levanté la y la encontré observándome desde el otro lado de la habitación, con los brazos cruzados sobre el pecho y una expresión acusadora.

—Entonces explícame por qué has traído una cámara —arqueó una ceja.

—Una cámara analógica no cuenta como trabajo, Clari. No puedo revisar las fotos ni pasarme horas editándolas. Así que no cuenta como trabajo —me encogí de hombros.

Clara entornó los ojos, poco convencida, mientras Marta asomaba la cabeza desde el cuarto de baño con una brocha de maquillaje en una mano y una sonrisa cargada de diversión

—No cuenta como trabajo pero no puedes evitar mirar un paisaje sin encuadrarlo mentalmente, querida —intervino Marta—. Es una deformación profesional incurable. Estás enferma.

—Bueno... —resoplé, entornando los ojos—. Pero es que llevamos años intentando organizar este viaje. Alguien tendrá que dejar constancia de que finalmente ha ocurrido —puse morritos.

—No pongas esa cara de cordero degollado —Clara soltó una pequeña risotada—. Podríamos utilizar el móvil como el resto de los seres humanos para hacer las fotos del viaje.

—Podríamos, pero entonces tendríais unas fotografías mediocres —les guiñé el ojo.

—Lo dicho, estás enferma —rio Marta.

Claudia resopló, aunque la sonrisa que intentaba esconder terminó delatándola. Yo tampoco pude evitar reírme porque Marta tenía algo de razón. Siendo fotógrafa de moda freelance, me había acostumbrado a ver la vida en tercios, a buscar el punto de fuga en cada rincón y a intuir el carácter de las personas por cómo se colocaban frente a una fuente de luz natural. Vivir detrás del objetivo era mi zona de confort: un lugar seguro donde yo controlaba las distancias, decidía qué quedaba enfocado y qué debía difuminarse en el olvido.

Sería incapaz de viajar sin una cámara de fotos en mi maleta, tal vez si debía ser una deformación profesional. Pero es que después de tantos años viviendo pendiente de la luz, de los gestos que aparecían cuando alguien se olvidaba de posar y de esos instantes mínimos que desaparecían antes de que los demás reparasen en ellos, ya no sabía mirar el mundo sin encuadrarlo mentalmente.

—¿Nos vamos? —pregunté antes de que Clara pudiera reanudar el interrogatorio—. Como tardemos mucho más, perderemos la reserva.

—Estamos esperando a que Marta termine de pintarse la cara para bajar a comer —me recordó Clara—. Aunque debo recordarte que no vamos a ninguna gala —añadió levantando la voz en dirección al baño.

—¡Es que nunca se sabe, tías! —protestó Marta desde el baño—. He leído en Twitter que varios de los jugadores de la selección han venido a Ibiza a celebrarlo. Dicen que están alojados por esta zona.

Aquello reavivó una conversación que había comenzado antes incluso de aterrizar. Desde que la selección española había ganado el Mundial, las redes sociales se habían llenado de vídeos de los jugadores celebrándolo en diferentes puntos del país; lo que incluía Ibiza. Marta llevaba horas convencida de que terminaríamos encontrándonos con ellos.

One Shots (+18) | MultifandomHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora