Pedri - Inseparables - Parte III

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POV Pedri:

Cena de delebración

La cena se celebró en un restaurante íntimo y semiclandestino en la parte alta de Barcelona, cerca de Vía Augusta, que el club había reservado por completo para que los jugadores, el cuerpo técnico y nuestras familias pudiéramos cenar en privado lejos del acoso de los paparazzis tras la gran victoria.

La victoria contra el Bayern había relajado el ambiente de una manera increíble; el murmullo de las conversaciones cruzadas se mezclaba con las risas, los brindis constantes y el sonido de fondo de los teléfonos móviles que reproducían una y otra vez, desde diferentes ángulos, las mejores jugadas de la remontada.

Entré al salón privado junto a mis padres, sintiendo el calor agradable de la calefacción, pero mis ojos buscaron a Júlia de forma casi automática por encima de las cabezas del grupo. Estaba apoyada en el lateral de una de las mesas largas, hablando de lo más animada con una de las parejas de mis compañeros, mientras sus padres conversaban tranquilamente con los míos un poco más allá.

Júlia no parecía, ni de lejos, una invitada de última hora dentro de aquel grupo. Llevaba formando parte de mi vida y de mi entorno desde hacía tanto tiempo que los jugadores nuevos eran los únicos que tenían que preguntarse quién era aquella chica y por qué todo el mundo la saludaba con tanta familiaridad.

Escogí dos asientos juntos en uno de los laterales de la mesa de madera oscura, en una esquina un poco más resguardada del bullicio, y dejé mi chaqueta sobre el respaldo de uno de ellos para reservárselo. Satisfecho con la jugada, me alejé un momento para saludar a Hansi Flick y cambiar impresiones rápidas sobre el partido, pero cuando regresé, me encontré a Ferran sentado precisamente en la silla que yo acababa de asegurar.

—Ese es mi sitio —le dije, plantándome detrás de él con los brazos cruzados y una ceja levantada.

Ferran se tomó su tiempo para dar un trago largo a su copa de agua, mirándome de reojo con una parsimonia irritante antes de dejar el vaso sobre el mantel con un golpecito seco.

—Curioso —dijo, estirando el cuello para mirar la chaqueta del respaldo—. No veo tu nombre escrito en ningún sitio.

—Siempre me siento ahí, ya lo sabes —mascullé, dándole un golpecito suave con la bota en la pata de su silla—. Venga, muévete.

—Podrías sentarte al otro lado de la mesa —sugirió él con una inocencia falsísima, señalando con la barbilla los asientos libres que quedaban justo enfrente—. Desde allí la comida está igual de buena.

—Ese es el sitio de Júlia —repliqué de inmediato, señalando la silla contigua donde ya había dejado mis cosas personales.

Ferran desvió la mirada hacia la silla vacía, luego volvió a mirarme a mí y una sonrisa lenta, maliciosa y cargada de pura provocación le cruzó la cara de oreja a oreja.

—Ah, claro. El sitio de Júlia —repitió, arrastrando las palabras con un tonillo burlón que me hizo desear ahogarlo con la servilleta—. Qué tremenda casualidad que el destino, las leyes de la física y tu chaqueta siempre conspiren para que acabes sentado exactamente a su lado.

—Muévete —le solté, intentando mantener la cara de póker a pesar de que sentía que las el color rojo de mis orejas volvía a traicionarme.

—Pídemelo por favor —enarcó las cejas.

Me quedé de pie frente a él, inmóvil, con la mandíbula apretada y las manos hundidas en los bolsillos. Podría haberle soltado un empujón amistoso, o haber entrado en su juego soltando alguna de nuestras pullas habituales, pero la sola idea de que Júlia pudiera aparecer de un momento a otro y encontrarnos en mitad de aquella absurda negociación de patio de colegio me ponía de los nervios.

One Shots (+18) | MultifandomHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora