"No sobrepienses las cosas..."

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Corrió hasta esconderse debajo de la mesa. Se agarró los pelos mientras sus lágrimas caían al suelo.

—¿Helena? —

Una voz dulce le hizo aflojar su agarré. Unos pasos débiles resonaron hasta pararse frente el mueble donde estaba.

—No sobrepienses las cosas, Helena, no te ayudará en nada. —Se agachó con cuidado, para estar cara a cara con la pequeña.

—No podía pararlos..

—Lo sé.

—No quería que eso pasara, pero tampoco tenía el poder para repararlo.

—Lo sé.

—Cuando escuche que lo llamaba, sabía que todo iba a ir mal. ¿Sabes por qué? —El muchacho se acercó un poco más, dandole el espacio a seguir hablando. — Por qué sentí el mismo escalofrío en la espalda, y me abrace a mi misma.

Aquel chico apeno su ceño, apoyo lentamente su espalda en la mesa mientras suspiraba. La niña gateo hasta dejar su cara cubierta de la luz de la oficina.
Se seco rápidamente las lágrimas.

—No nos pertenecía. —Interrumpió el silencio luego de un rato. — Entiendo ambas partes. No sé en qué bando estoy.

—No necesitas estar en ningún bando. —Respondió él.

—Me siento mal. Quiero volver a casa, ¿por qué has tardado tanto en buscarme?

Esta vez no recibió respuestas más que una caricia en su pelo.

—Ahora hablarán mal de nosotros.

—Seguramente. —Negó con cuidado. — Helena, no te centres en eso.

—Pero es que es justo cuando ya pensaba que avanzaba. Que me miraban con otros ojos. .. Al menos algunos de ellos, todo se cae. Además hoy me han ignorado. —Se miró las manos, estaban sucias y arañadas. — Me duelen..

Cerró los puños suavemente antes de sentarse al lado de su compañero.

—Ahora no tendré ningún sitio seguro.. —Miró aquella piel tan suave, y sin pensarlo mucho jugo con la mano del mayor. — Planearon cosas sin mi, y eso está bien. Pero es algo desconsiderado.. íbamos todos al mismo sitio, ahora solo van ellos. ¡Lo cambiaron delante mio! —Frunció el ceño, y apretó la palma de la mano del muchacho. — Actúan siempre raro. Todos me miran raro. Las únicas personas que no lo hacían, pronto dejarán de hacerlo y una otra se peleo con nosotros.. . Me siento mal.

—No los necesitas. —Cerró suavemente sus ojos, dejando que aquella chiquita jugará con su mano. — Yo seré tu lugar seguro, ¿de acuerdo? No los necesitamos. Habla lo que tengas que hablar, y que arda lo que tenga que arder.

—Cuando le cuento mis supuestos secretos, lo hago con tanta indiferencia que ni siquiera pienso que sean secretos. —Le miró. — ¿Tú serias mi lugar seguro, maestro?

—Sí.

Se levantó con cuidado. La pelirroja tomó su mano antes de levantarse y caminar juntos hacia la salida.

—Pero, maestro.. Tú también te sientes solo.

—Lo sé.

.
.
.

Aquellos recuerdos vinieron a la mente de Helena en cuanto vio por primera vez a su hija llorar. Se arrodilló con cuidado, y acariciando la mejilla de la infante repitió.

— No sobrepienses las cosas, hija, no te ayudará en nada.

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