19 - ¿Que haces aquí?

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Esa noche Amelia no quiso separarse de su madre así que decidió dormir con ella en su cuarto por si le volvía a dar un bajón tras revivirlo todo al contarlo.

Con los primeros rayos de luz que se colaban entre las cortinas de la ventana Amelia se despertó y vio que su madre dormía plácidamente, seguramente el haberle contado todas esas cosas por muy duras que fuesen, la liberó un poco y Amelia reaccionó bien pues si madre no era culpable de nada, al contrario, siempre luchó por salir adelante y que no le faltara de nada nunca aunque los primeros años fueron los más difíciles, ser madre soltera en según qué sitios no estaba muy bien visto y Benigna se culpaba por no haberle dado un padre pero desde aquella noche de san juan cerró su corazón y juró no confiar en ningún hombre jamás. Hasta que al llegar a Pedraza, conoció a los Gómez, lo que incluía a Marcelino, el padre de Luisita.

Una vez decidió dejar de remolonear se fue directa a la ducha y se dejó llevar por el agua que corría por su cuerpo limpiándolo y al mismo tiempo, sanando su mente la cual seguía preocupada tanto por su madre como por la chica más dulce que existía segun ella, Luisita.

Cuando terminó su ducha matutina preparó el desayuno tanto para ella como para su madre, aún no iría a despertarla, al principio le había costado conciliar el sueño y ahora que después de muchos días podía descansar un poco, no iba a molestarla tan temprano. Cuántas mañana fue su madre la que la tenía que despertar para que llegase a clase a tiempo y tuviese un mejor porvenir que el que ella pudo tener. Ese día necesitaba devolverle todo ese cariño y protección que le había dado durante toda su vida, no todas las madres con una hija fruto de un abuso son capaces de quererlas pero Benigna le hacía honor a su nombre y estaba muy orgullosa de la hija que tenía, a pesar de como fue concebida nunca se imaginó su vida sin ella, sin su morena de pelo rizado y una tez algo bronceada.

Al cabo de un rato y sin previo aviso alguien llamó al timbre de su casa y, aunque al principio tuvo miedo de abrir, todo estaba demasiado reciente pero no creía que se la volverían a jugar tan pronto y estando haciendo las cosas como esa gente quiere... La sorpresa fue aún mayor cuando decidió abrir la puerta y ver quién era la persona que allí se encontraba frente a ella sonriente como hacía mucho no lo hacía. Ambas quedaron un instante como congeladas en el tiempo sin saber como reaccionar del todo hasta que Amelia la invitó a pasar, cosas que su visita estaba deseando que hiciera.

Amelia tenía muchísimo miedo de que alguien hubiese visto a Luisita entrar en su casa o peor aún, que Sebastián la hubiese seguido pero la rubia la tranquilizó diciendo que su marido estaría todo el día fuera y dejó una nota en casa por si volvía o iban sus padres y no la encontraban allí aunque a ellos sí que les había advertido de que saldría un poco, aunque sin decirles todo lo que pretendía como era ir a ver a Amelia y aclarar su alejamiento tan repentino porque ella no creía nada de lo que su marido dijese. Ella necesitaba que Amelia le contaste todo, sin miedo, ella estaba bien, no había de qué preocuparse pero ay luisitia si supieras por lo que Amelia y su madre han tenido que pasar por culpa de ese marido tuyo...

Al principio Amelia algo titubeante no sabía muy bien cómo empezar a narrar lo sucedido, empezando por el secuestro de su madre y confiándole el mayor secreto de sus vidas, y sabía que con Luisita cualquier secreto estaba a salvo y más ahora que ya sabía con que clase de persona se había casado. Ahora Luisita tenía que decidir que hacer con su propia vida sin poner en peligro la de nadie, ni la suya propia. Sabía que podía contar con sus padres para todo y esto lo tenían que saber pero no le correspondía a ella eso, sus padres y Benigna eran muy buenos amigos y sería mejor que lo hablasen entre ellos pero Luisita primero debía advertirles de cómo era realmente ese hombre y de lo que podría ser capaz viendo lo que ya había hecho. También eran muy conscientes ambas de qué Benigna haría lo posible por qué a ellas nadie las hiciese daño aunque tuviese que volver a vivir aquel calvario... Lo haría de nuevo si eso las hacía libres a ellas dos. No era una situación fácil para nadie pero algo tenían que hacer, sobre todo sabiendo todo lo que Luisita al fin conoce del hombre que la tenía engañada y prácticamente encerrada aunque ahora ya no sabía si debía volver a casa con su esposo como debería hacer o esconderse. No tenía más opciones, aunque podría alojarse en uno de los hoteles de sus padres pero allí sería fácil encontrarla, demasiado fácil teniendo en cuenta de como ha logrado encontrar sucesos de la vida de Benigna hace muchos años. Sebastián no se andaba con tonterías y ahora estaba más dispuesto a lo que sea que nunca. Parece mentira que antes de casarse todo eran palabras de amor eterno y de un supuesto hombre enamorado... Enamorado si, pero del dinero de su familia, y realmente le daba igual lo que sintiese o dejase de sentir su mujer, no podía permitir que ahora que ya estaba mucho más recuperada echara a perder todo lo que le había conseguido tener, a ella, pero a ella nunca la tuvo del todo y ahora que es capaz de recordar gracias a aquella carta, menos todavía. Los monstruos no siempre miden 5 metros o tienen 6 brazos... Algunos son simples mortales sacados del inframundo capaces de hacer el mayor sufrimiento ajeno con tal de llevar la vida que creen que merecen...

Las horas iban pasando y las chicas estaban tan a gusto... Tanto que no se habían percatado de que ya había oscurecido de nuevo... Pero tampoco se dieron cuenta de que Benigna no había salido de su dormitorio... Cuando Amelia cayó en cuenta de lo último, fue corriendo a ver qué estuviese bien, era imposible que siguiese dormida o que no haya escuchado a Luisita con lo que la quiere... El corazón de Amelia empezó a latir de una forma tan acelerada como si hubiese corrido 3 maratones seguidas en lo que llegaba al cuarto.
Cuando abrió la puerta vio que su madre seguía durmiendo y trató de despertarla por un largo rato hasta que decidió tomar el pulso en su muñeca y no sabía si eran sus nervios o si su madre no tenía pulso. Así que llamó a los gritos a Luisita pidiendo que llamase a una ambulancia lo más rápido posible.

El accidenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora