22 - Cuando el pasado vuelve (parte II)

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La mujeres ese día cayeron rendidas después de unos días con el cuerpo en tensión y sin apenas dormir, ya necesitaban descansar, sobre todo si querían buscar una solución al menos, temporal, para la situación de Luisa. Se tendrían que armar de valor y buscar sitios o tirar de agenda, sabían que la joven necesitaba esconderse alejada de su pueblo y sin que la relacionen con Amelia tratando así de proteger a ambas mujeres. Lo que no sé imaginaban es que el marido de la rubia, el cual resultó ser pero que un demonio y un interesado que solo buscaba su dinero, las tenía en el punto de mira a pesar de no tener pruebas de que allí estuviese su "amada". El tendría que adelantar los acontecimientos y así truncar los planes que su esposa tenía en mente sin que el lo supiera.

Se puso a pensar y a descartar caminos que tomar para tratar de volver a retenerla a su lado, sabía que no sería fácil pero la caza ya había comenzado y la presa, aunque consciente del peligro, no sabía que ya estaba siendo acechada desde bastante cerca.

Finalmente optó por una carta escrita a máquina haciéndose pasar por su madre, a la que estaba muy unida, siempre lo había estado, y quería que su madre fuese feliz y no quería hacer nada que le causase el más mínimo dolor. En la carta se narraba lo siguiente:


"Luisita, hija mía, ¿Donde estas? Te llamo a casa y no se de tí. Si llegas a leer estas líneas espero con ansias tu respuesta, ya sea una llamada o en forma de carta. Tú padre también lo está pasando fatal, tú marido no sabe darnos respuestas. Queremos saber al menos que estás bien, que no te ha pasado nada. Tú padre y yo estaremos pendientes de que nos des una respuesta o tendremos que acudir a la policía para denunciar tu desaparición, tu situación sigue siendo delicada, tú memoria te puede hacer jugadas malas todavía. Aunque has avanzado bastante rápido, no hay que dar todo por zanjado. Te queremos y esperamos una pronta respuesta por tu parte.

Te quieren, tus padres.
"

Sebastián leyó una y otra vez la carta que llevaba horas empezando y teniendo que tirar unas cuantas a la basura ya que no conseguía como continuar la misma. Una vez doblada con mucho cuidado, la metió dentro de un sobre donde indicó la dirección de sus padres para no dejar lugar a dudas de que eran ellos quien habia escrito aquellas palabras. Ahora solo quedaba ver cómo se la hacía llegar, era evidente que benigna era la clave, se la tenía que dar a ella pero no podía ser el, no lo podían ver, al menos, por el momento. Tenía que pillar desprevenidas a las tres y fácil no lo iba a tener pero quién iba a dudar de unos padres que hace días no tienen noticias de su preciada y única hija.
Una sonrisa perversa se dibujaba en su rostro con tan solo pensar en qué su mujer se sentiría culpable y querría corresponder a sus padres lo antes posible. Así que decidido, añadió una pequeña nota para que Benigna hiciese entrega de la misiva a Luisita, tenía que enviarla a su casa, no tenía otro lugar al que hacerlo.

Con todo ya en marcha solo quedaba enviarla y que el cartero hiciese su trabajo como cada día normal y corriente de trabajo.


*****

Ya había amanecido en Pedraza. En el pueblo tan solo era un día más, pero para las tres mujeres sería el comienzo de una condena sin saberlo aún.

Benigna salió a mirar el buzón de su casa por si había algo interesante y también, como muestra de normalidad por si las moscas. Ella no las tenía todas consigo. Esa misma noche debería sacar y alejar a la Joven Luisita de aquel pueblo. Aún no sabía hacia donde sería ubicada temporalmente, sabía que Amelia también tendría que irse unos días a otro lugar, hasta que tuviesen una tregua o pudiesen contarle a los padres de Luisita todo lo que sabían y lo que benigna ya había vivido a manos del que era el marido de la otra.

El accidenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora