Amelia dejó pasar unos días tratando de hacer vida normal y pensando en buscar trabajo en otro lugar incluso, necesitaba un poco de normalidad pero, por otro lado, no quería ni podía dejar a su madre sola e indefensa tras los últimos hechos que tuvo que vivir teniendo a la morena en vilo cada día y cada noche, las cuales se volvían aún más frías al no recibir ninguna noticia sobre su madre, quien era su única familia y a la que estaba muy apegada, pues Benigna siempre la protegió de cualquier elemento que considerase peligroso, por su propia experiencia había desarrollado el don de identificar a una persona llena de maldad por su forma de andar, de comunicarse y, sobre todo, de mirar, en las miradas ella podía ver muchas intenciones y en algunos casos, recordó aquella mirada que jamás pudo olvidar, por lo que, era la que más fácil reconocía y sabía que buscaba esa persona, que no era nada bueno. Hasta este momento Benigna nunca se abrió con nadie respecto a su pasado y el como tuvo a Amelia, siempre oculto su dura realidad para no recordar el pasado... Pero el pasado aunque trates de huir siempre busca la manera de volver a ti, en cualquier forma, para no dejar que olvides los momentos más traumáticos de tu vida, ya sea en recuerdos o, en su reciente secuestro. Una semana dio para más que mucho, quizás... Para demasiado. No estaba preparada para volver a escuchar la voz de aquel hombre por más años que hubiesen pasado, hombre, que nunca supo que tuvo una hija fruto del sufrimiento que le causó a una joven e inocente Benigna, sin posibilidad de escapar del lugar donde vivió su peor pesadilla la cual en aquella semana estando en cautiverio, pasaron más cosas de las que ella misma quería reconocer, ya fuera por miedo o represalias. Llegados a este punto, Benigna no tenía nada que tener ni perder, solo daría la vida por lo más valioso que tiene, su Amelia, con sus tirabuzones imposibles de peinar y su bella voz que llenaba el hogar de una paz prácticamente celestial. Benigna sabía que en algún momento Amelia le preguntaría que pasó realmente en ese lapso de tiempo donde la muchacha no obtuvo ninguna información, solo la carta que encontró al llegar aquella noche después de trabajar, noche que vería por ultima vez, de momento, a Luisita, y por otro lado, a su madre, a la cual ya tenía de regreso y aunque ésta se mostraba o intentaba mostrarse como si no hubiese ocurrido nada de tal calibre como lo que le hicieron vivir, en sus ojos se veía una tristeza abismal, no tenían ese brillo y esa luz que Amelia conoció desde que nació, no estaba distante pero nunca era ella quien trataba de sacar el tema así que Amelia decidió que era el momento de que su madre le contase todo por lo que tuvo que pasar en esos largos 7 días con sus noches interminables donde ninguna conseguía dormir.
Su madre se encontraba en su cuarto, desde que la liberaron apenas salía de esas cuatro paredes y cuando lo hacía, tenía los ojos hinchados de haber estado llorando por un largo periodo de tiempo al igual que se podía notar su falta de sueño aunque lo intentaba ocultar por no angustiar más a su hija y a veces solo pensaba que tenía una salida para que ninguna siguiera sufriendo pero era consciente de que por más que ella misma podría seguir con esa sensación de dolor eterno, sabía que su marcha sería lo más doloroso para su hija, así que rápidamente lo descartó. De vez en cuando fantaseaba con la idea pero cada vez era menos recurrente ese pensamiento que la atormentaba en cuanto se ponía a pensar en cómo lo pasaría su niña, ya mayor, pero que para ella siempre sería su pequeña.
- Mamá, me gustaría hablar contigo. Creo que tenemos una conversación pendiente bastante urgente. - Con su dulce voz sacó de su ensimismamiento a su madre quien se acercó hasta a ella y asintió aunque algo temblorosa pues no sabía cómo iba a acabar esa conversación. Por un lado no quería que sufriera más de lo que ya había pasado pero también merecía saber muchas cosas de sus vidas que podrían ponerlas en peligro de nuevo sino se andan con mil ojos.
- Dime cariño, ¿Que quieres saber exactamente? Te lo contaré todo pero no quiero que sufras, lo que hablemos aquí será mejor que nadie más lo sepa... Por si acaso... - Benigna comenzó a ponerse nerviosa pues había tratado de retrasar lo inevitable por mucho tiempo y era mejor soltarlo todo aprovechando lo vivido en los días anteriores.
- Lo sé mamá, se que va a ser difícil pero soy tu hija y quiero saber qué te hicieron esos miserables y que es lo que querían exactamente, leí una nota que decía que me tenía que alejar de Luisita o te harían daño y no ha sido fácil pero no quiero que ninguna de las dos estéis en peligro, así que necesito que me digas que querían de ti, porque atacarte a ti si no has hecho nada... No logro comprender que hayas tenido que pasar por este calvario por mi culpa de alguna forma... Perdoname por favor - Rompió a llorar en los brazos de su madre quien empezó también a soltar alguna lágrima disimulada y comenzó a relatar lo que había vivido en esos días que parecían no tener fin.
También tuvo que contarle todo lo que pasó ella misma de joven y quien era su padre biológico y como fue concebida. Amelia no puede evitar su asombro ante las vivencias de su madre en el pasado, las cuales se unían a lo ocurrido y que si no tenían cuidado, esa persona del pasado de Benigna podría reaparecer para hacerle sufrir de todas las maneras posibles.
Lo que Benigna no lograba entender era como esas personas habían dado con aquel monstruo de nombre Máximo Pedrosa ya que no había nada que la uniera a él... Nada, salvo lo que más quería, Amelia, su única hija fruto de un abuso aterrador.
Esas personas eran más peligrosas de lo que ya habían demostrado ser y tener de su lado a un criminal como Máximo empeoraba la situación de ambas mujeres.
Amelia no solo no se enfadó con su madre pues fue víctima de una brutal agresión de la que nació ella y su madre sola la había sacado adelante sin tener apenas fuerzas al principio ni saber a dónde ir hasta llegar a Pedraza, un lugar lleno de paz y lejos de su pasado más terriblez el cual parece alcanzarle una vez más.
Ambas se prometieron jamás ocultarse nada y avisarse de donde iban en todo momento, al menos las primeras semanas.
En cuanto a cómo contactar con Luisita, ya pensarían en algo pues la rubia estaba muy preocupada, notaba que algo raro estaba ocurriendo con Amelia y tampoco sabía porque se alejó realmente tan de repente. De cualquier forma tenía que saberlo y bien que lo iba a conseguir cuando os estuviese sola o con sus padres aunque no sabía si podría confiar en ellos sin que su marido supiera de sus planes. Los médicos le dijeron que le venía bien salir a la calle y recuperar movilidad y ver el sol a diario para volver a hacer vida normal cuanto antes, ahí tenía la oportunidad o la excusa perfecta para salir en busca de Amelia sin tener que dar explicaciones. Que esté casada no implica que no pueda salir cuando quiera y más si los médicos le dicen que es lo mejor para que su ánimo también vaya a mejor. Por ahí tenía que pensar algo.
¿Huiría y se escondería de su marido hasta poder caminar perfectamente? Esa pregunta no le daba tregua pues estaba constantemente pensando en ello. No veía otra solución ya que decírselo a su marido estaba más que descartado.
Pronto descubriría con quién se había casado... Aunque algo se empezaba a oler... Esos celos enfermizos con una amiga por unas cartas de cuando eran adolescentes y si mayor confidente y más tras el accidente.
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El accidente
FanfictionLuisita, una joven cuyos padres son millonarios pierde la memoria en un aparatoso accidente y no recuerda nada. Ni si quiera recuerda que se acercaba el día de su boda. Los padres apenas pasan por casa y necesitan a alguien de confianza que cuide de...
