11 - Cuando Amelia vuelva

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Al día siguiente

Ya solo quedaban dos días para unirse en matrimonio con el que creía era el amor de su vida... Creía porque desde que volvió a conocer a Amelia y leyó su carta, no había ni un segundo del día en que ella saliera de su mente. Que pena no poder salir corriendo hasta encontrarla pero es lo que tenía no poder moverse, principalmente las piernas. Pero si se tenía que arrastrar, lo haría con tal de encontrarla y aclarar las cosas con ella.

Ambas se iban a distanciar estando unidas por una mentira para nada piadosa.

Luisita se despertó aunque sin descansar puesto que se pasó la noche entera o casi entera ya que debido a su estado debe medicarse para evitar dolores, pues no consiguió descansar. La pobre no dejó de llorar ni para coger aire. No estaba entendiendo la actitud de Amelia tan de repente. Llamó a su madre para que la subiera en la silla de ruedas y la llevase al baño para limpiarse un poco la cara de cansancio y empezar un nuevo día, un día en el que ella imaginó que Amelia no aparecería y no sabía si algún día volvería aunque sea para dar explicaciones del porqué de su espantada repentina. Y a sus lágrimas de anoche se le sumó el agobio por casarse en solo dos días. No se sentía preparada para dar ese paso y mucho menos estando como estaba. Llevaba un rato con una idea bastante rocambolesca en su cabeza, no cesaba la idea de perder a Amelia así que haría todo lo posible y lo imposible por aclarar todo.

Amelia se había alejado de aquella casa a buen paso mientras lloraba dejando que sus lágrimas fueran libres pues sentía rabia. Nunca Luisita se enamoraría de ella, que tonta he sido, pensó. Como una chica que iba a casarse podría fijarse en una simple ayudante, aunque fueron buenas amigas siempre, ahora su relación pendía de un hilo.

Luisita intentaba con todas sus fuerzas levantarse de la cama para arrastrarse y poder llegar hasta la silla de ruedas pues aún no se veía capaz de caminar. Y lo logró. Amelia significaba para ella mucho más de lo que estaba dispuesta a reconocer. Una vez sentada en la silla se dispuso a marcharse de aquellas cuatro paredes e ir a dondequiera que estuviera la morena que desde que tuvo el accidente no se había separado de su lado ni un instante. En los brazos tenía la suficiente fuerza como para moverse en aquella silla aunque no estaba segura de poder llegar a algún sitio donde estuviera Amelia. No sabía dónde preguntar ni a quien. Pero no dudaria en llamar a todas las casas del mundo hasta dar con la suya. Como iba día si y día también a cuidar de ella imaginó que no podría vivir muy lejos a no ser que viniera en taxi, cosa que descarto al instante pues no era una mujer de mucho dinero aunque sus padres no le pagaban nada mal. Cogió su chaqueta, su bolso con las llaves y cuando fue a abril la puerta allí estaba el. El había dormido en un hostal cerca de su casa para tenerla vigilada y por si Amelia decidía regresar. La sorpresa fue inmensa y le entró mucha rabia a Luisita, sabía que Sebastián no la dejaría salir ya que la rubia aún no era capaz de recordar lo anterior al accidente y temía que no supiera volver a su casa.

-Cariño, ¿Donde ibas? - Fue a darle un beso que Luisita rechazó. Estaba dolida y enfadada con el mundo. Sobre todo con el pues no era quien para meterse entre Amelia y ella. - ¿Estás bien, amor? - "Amor" al escuchar esa palabra un escalofrío recorrió su cuerpo y no tuvo más remedio que confesar sus planes.

- Pues iba en busca de Amelia. Que a parte de ser mi cuidadora, es mi amiga de toda la vida y no pienso perderla ahora que la necesito más que nunca Sebastián. - dijo el nombre del muchacho con rabia y con cada palabra las lágrimas le tapaban gran parte del rostro.

Sebastián decidió entrar sin permiso y llevarla de nuevo a su cuarto para que se calmase y pensara con claridad. El no daba crédito a lo que su futura esposa le acababa de decir. ¿Acaso eran más que amigas? Estaba celoso, no lo escondía, por eso adelantó la boda tan de repente. Eso no es amor, es obsesión por tenerla y cuanto antes, mejor. Sin que nadie se interpusiera entre ellos cuando se hicieran uno en santo matrimonio.

-Sebas... Quiero decirte que cuando Amelia vuelva, porque va a volver, estoy segura de ello, voy a hablar de todo lo que ha pasado. Te guste o no. Es mi amiga y la persona que junto a mis padres, más me está cuidando y noe creo que Amelia se haya ido así porque si. A ver, yo ya sabía que ella en el pasado se enamoró de mi pero era imposible, no sentía yo lo mismo y nos alejamos un tiempo y no quiero ni puedo permitir que nos vuelva a pasar. Me muero si ella no está antes de que nos casemos.

Tras todo aquello Sebastián se quedó callado ocultando su rabia, sus celos, sus ganas de alejarlas para siempre. El ya sabía cómo hacerlo y lo haría sin que Luisita sospechara de el. El era policía y Amelia una delincuente, era homosexual y eso estaba penado. Acabaría con ella como fuese.

El accidenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora