23 - Intentando comenzar de nuevo

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Mientras tanto en otro punto de la geografía española

Amelia amaneció en una ciudad diferente aquel día, desconociendo el peligro que ya se podía sentir sobre Benigna y Luisita en Pedraza. Por el momento la joven estaba a salvo y sabía que no debía ponerse en contacto bajo ningún concepto, lo harían las otras dos mujeres cuando lo viesen oportuno. Pobre Amelia, no era consciente de lo que supuso aquel viaje con antelación... Estaría a salvo pero no podría estar eternamente huyendo sin saber del todo del que o de quien o quiénes. Ella solo podía pensar en qué era la primera vez que se alejaba de su madre y a pesar de no ser ninguna de las dos, mujeres que se vengan abajo con facilidad, la del pelo moreno no estaba del todo segura de estar haciendo lo correcto, sobre todo viviendo con la incertidumbre de cuando recibiría una llamada o carta o mediante una tercera persona el siguiente paso a dar para no pisar en falso y poner sus vidas en riesgo, aunque para el desconocimiento de Amelia y aunque la suya de momento no lo estaba, para la mujer que amaba y para la que le dió la vida ya era un poco tarde y acabaria descubriéndolo teniendo que vivir en sus propias carnes la maldad y el odio de quien no sabe recibir una negativa por respuesta ni que los planes se salgan de lo previsto.

Una vez en aquella grande ciudad la cual impresionó a la joven ya que apenas había salido del pueblo donde se crió, puso rumbo a la dirección que su madre le había escrito en un papel y con el nombre de la persona a la que debía visitar. Dicha persona sabía del pasado de Benigna, ese pasado que odiaba tan solo recordar por el dolor que el mismo le producía como si lo estuviese viviendo de nuevo. En los años anteriores de sufrir y vivir aquel eterno calvario, Benigna regentó un bar con espectáculos en directo junto a una amiga la cual sentía como hermana desde siempre, Visitación Senillosa, o como todo la llamaban, Visi. Era una mujer conocida por su impecable moño y su fuerte carácter que al principio podía parecer seca pero una vez tienes su confianza, su carácter se suaviza, esto bien lo sabía la madre de Amelia, que por más que ambas amigas discutiesen, siempre recordaban que por encima de todo estaba su inquebrantable amistad aunque no se viesen todo lo que les gustaría a ambas.

Amelia se paró frente al local donde en grande se podía leer el nombre de éste " KINGS ROAD CLUB", antes de entrar, respiró lo más profundo que pudo y abrió con un cuidado casi imperceptible la puerta que tímidamente la invitaba a entrar. Era un lugar decorado en tonos vivos y alegres como si ese sitio viviese al márgen de los problemas del resto del mundo y el tiempo allí se pudiese detener y reaunudar cuando una quisiera, como los espectáculos que allí se vivían cada semana desde hacía años.

Una mujer salió al encuentro de Amelia pillando a esta última desprevenida lo cuál provocó que se sobresaltase pues estaba ensimismada apreciando cada detalle por pequeño que fuera del interior que aquel lugar escondía de puertas para dentro.

- Tú eres Amelia, ¿Verdad? Que grande estás ya. Toda una mujer, dame dos besos. - Era Visi, aunque Amelia no sabía muy bien cómo corresponder el saludo pues no la recordaba, debía ser ella muy pequeña cuando la vio por última vez. - Pero pasar mujer que no muerdo - Dijo mientras cogía las maletas de una sorprendida Amelia ante la impulsividad de aquella mujer, igual que su madre pensó para sus adentros. - Es usted Visi, ¿Verdad? - Al fin Amelia se atrevió a pronunciar palabra, seguía en una especie de burbuja ante tantos estímulos nuevos en tan poco tiempo. - La misma que viste y calza. Te diré que vamos a hacer durante el tiempo que te quedes conmigo, pero primero vamos a comer algo que vendrás cansada del viaje imagino.
- Imagina usted bien. - Tras esto Amelia no pudo evitar sonreír tímidamente y siguió a la mujer hasta el despacho donde discutieron sobre la estancia de la muchacha en aquella ciudad. Lo primero que debían hacer es hacer vida normal, no parecer estar en alerta constante ya que los hombros de aquella chica tan callada por primera vez dejaban ver.
- Necesitarás un trabajo si te vas a dejar ver por aquí a menudo. Tú madre ya me ha dicho que mayormente lo que haces es limpiar, cocinar o cuidar de los demás si no me equivoco. - Espetó de una pasada la mujer, sin tan si quiera despeinarse lo más mínimo a lo que Amelia asintió.

- ¿Y ha pensado en algo? - Pregunto Amelia entre nerviosa y temerosa. Necesitaba cuanto antes empezar una vida temporal nueva allí y recibir noticias lo antes posible. Ese día debería de recibir alguna señal por parte de su madre ya que Luisita debería tener un perfil más bajo de momento.

- Por el momento hoy vas a descansar y mañana te cuento un poco todo y te enseño la ciudad de paso. Espero ser una buena anfitriona y que te sientas lo más en casa posible.

- Muchas gracias visi, es usted muy amable. - Amelia le hizo caso y durmió una larga siesta que su cuerpo ya lo necesitaba.

El accidenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora