17 - Carta inesperada (Sin remitente)

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Pasaron varios días hasta que Luisita se animó a salir de casa y de ahí enviar su más preciada carta que con tanto cariño había escrito para Amelia. Antes de depositarla en el buzón de correos una lagrimilla pequeña pero con mucho significado se quería escapar hasta que lo logró pero la rubia no pudo evitar sonreír porque se sentía valiente como antes del accidente, como cuando en su vida solo estaba Amelia y no había ningún hombre mal metiendo por medio, viendo lo que no hay (o empezaba a haber). Echó la carta y cuando escuchó que llegó al fondo se dio la vuelta y caminó a paso ligero según sus pies le iban dejando sin provocarle demasiadas molestias. Se sentía mejor cuando caminaba fuera de casa y sola, iba a su ritmo y ya no necesitaba ni una muleta para ayudarse, sus padres, desde la desaparición de Amelia y Benigna, fueron sus muletas y la ayudaron muchísimo con su recuperación y mentalmente, ella misma iba reconstruyendo un puzzle cuya cada pieza no se distinguía de la otra, seguía armándolo  con paciencia y con mucho esmero pues su reciente esposo se iba dejando cabos sueltos y ella, que por muy rubia que sea, de tonta no tenía nada y se daba cuenta de todo lo que estaba relacionado con la persona a la que supuestamente amaba y la cual a ella también pero cada día las dudas de si lo de el era verdadero o solo fue fruto de la ambición por el poder de tenerla y tener todos los lujos que quisiera a costa de que sus padres lo tenían todo...

Al día siguiente en casa de Amelia

   Como cada día en casa de Amelia y Benigna ambas desayunaron juntas bien temprano. Benigna solía acercarse hasta el buzón de la entrada a recoger el periódico de ese día o la correspondencia, facturas... Pero desde lo ocurrido... Cada vez que intenta poner un pie en la calle enseguida siente un escalofrío recorrer todo su cuerpo y tiene que cerrar de golpe y subir a su cuarto a desahogarse mientras un ataque de pánico la envuelve sin poder si quiera emitir el más mínimo sonido cuando lo que más quería era gritar y pedir ayudar pero no quería asustar a la pobre Amelia que ya tenía bastante con sentirse culpable cuando ella no había hecho nada más que Amar a otra mujer con la mala suerte, de que, esa mujer, se había casado con el mismo demonio vestido de ángel.

   Fue Amelia quien recogió el buzón pues sabía que su madre no querría hablar aunque luego hablarían, Amelia la necesitaba más fuerte que nunca y sabía que ahora mismo, era ella misma quien tenía que ser fuerte pues fue su madre quien vivió un calvario y que, por lo menos había vuelto a salvo... Pero con mucho miedo hasta de salir de casa o incluso de coger el teléfono por si era alguno de los secuestradores. Amelia revisó las pocas cartas que había por recoger pero una le llamo la atención pues venía a su nombre, estaba entre con miedo y con curiosidad, pues no acostumbraba a recibir cartas... O por lo menos hasta hace un tiempo... Tenía miedo de lo que podría poner esa carta al igual que de quien sería el emisor porque no ponía nada, no tenía remitente.

   Después de varios minutos mirando la carta frente a la mesa donde la había dejado como si fuese a abrirse sola. Cuando decidió abrirla con el mayor cuidado posible por si acaso no era una simple carta... Pero su sorpresa fue cuando fue al final de la carta y leyó quien se la escribió, que, además identificó la letra al instante, no dudó en oler la carta aunque no llevaba perfume pero podía sentir su aroma, el aroma de su mano escribiendo la carta con sutileza. Una vez empezó a leer no pudo parar y conforme la continuaba, se iba emocionando pues las palabras de su Rubia la calaron en lo más profundo y sintió unas ganas sobrenaturales de ir corriendo donde Luisita y plantarle un beso pero sabía que eso no debía ni podía pasar, debía controlarse como siempre ha sabido hacer pero ahora tenía la certeza de que Luisita la correspondía y no sé lo creía aún, como si fuese una broma del destino con todo lo vivido en las últimas semanas. Lo que no sabía era que hacer, como reaccionar ante esa inesperada pero más que intensa carta, cual debía ser el siguiente paso, que debía hacer ella porque estaba claro que la pelota ahora estaba en su tejado de lleno pero, por primera vez, estaba bloqueada y no tenía la más remota idea de cómo dar el siguiente paso que seguro a Luisita, le haría ilusión pero seguía el obstáculo de Sebastián, no permitiría que las viera juntas o su madre volvería a sufrir las consecuencias, de las cuales aún no se ha recuperado mentalmente y tampoco quiere separarse de ella. Amelia quiere ir corriendo a la habitación de su madre a contarle todo lo nuevo y así animarla pero también temía de que no estuviese de acuerdo según lo que hubiese pasado en su cautiverio, sabía que no era el momento de irle con esto con todo lo que estaba sufriendo, lo mejor sería ir a ver cómo estaba ella y animarla a dar paseos aunque sean de diez minutos al día, por las mañanas, juntas, como siempre habían hecho, hasta ahora siempre lo hacían, incluso la acompañaba hasta la casa de Luisita para dejarla allí y se volvía andando o se daba una vuelta por el pueblo y llegaba con algunas flores para Amelia pues le encantaban las flores, la alegraban, especialmente las de color amarillo, por eso casi siempre iba vestida de ese color, su color favorito.

  De momento iba a dejar el tema de la carta a un lado y se pondría más de lleno en ayudar a su madre y sobre todo, descubrir quiénes la habían hecho esto y porque... Bueno... El porque ya estaba claro y el quien, pues, por lo menos el líder, también. Pero porque si madre... ¿A caso a ella la podían amenazar con algo que Amelia no supiera y se lo hicieran saber? De algun hilo tenía que tirar y no sabía por dónde empezar... Sin olvidarse de que hacer respecto a Luisita, no sabía cuando acercarse pues su marido podría estar allí siempre que quisiese sin problema, pero... A lo mejor... Algo ya se le estaba ocurriendo que a lo mejor podría funcionar.



El accidenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora