Una dama, una Lady, siempre debe dar una buena imagen.
Una Lady no muestra sus emociones en público.
No.
Nosotras somos la imagen de la serenidad.
Por eso antes de tomar el título nos dan "libertad" durante nuestros años universitarios.
Libertad no...
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Despierto con un quejido, la cabeza me da vueltas y tengo el estómago revuelto, mi garganta arde, supongo por tanto alcohol ingerido, abro los ojos con lentitud, esperando encontrar el dosel de mi cama y la seguridad de mi hogar.
En cambio, me encuentro con una habitación totalmente desconocida, no hay dosel, en cambio estoy en una cama lo suficiente grande para que tres personas adultas puedan acostarse plácidamente, con sabanas grises de ceda y una mullida cobija de tono rosado, y descubro que esos son los colores que se mezclan en la habitación, paredes grises, con toques en rosa y dorado, una mezcla... extrañamente cálida, serian colores que sin duda podrían estar en mi casa, si compartiera habitación con alguien.
Sin embargo, no conozco este lugar, así que no debería sentirme tan cómoda, es cuando reparo en mi ropa, mi vestido de anoche no está, en cambio tengo una pijama de seda de dos piezas sobre mi cuerpo, en la mesade noche que se encuentra a un lado de la cama se encuentra mi teléfono, mis accesorios y un vaso lleno de agua y unas pastillas, que espero sean analgésicos, tomo mi teléfono, para saber qué hora es, 10 am, bien no es tan tarde, tomo un trago del agua, sin embargo no toco las pastillas, no sé dónde me encuentro, no puedo arriesgarme a ser drogada.
Me levanto, maldiciendo el hecho de que todo me da vueltas, logro llegar a la puerta de la habitación, cuando salgo espero encontrarme a cualquiera, cualquiera, menos a él.
Rage está sentado en la barra de la cocina, es ridículo lo bien que pueden lucir unos anteojos en alguien y un maldito crimen lo bien que luce el con ellos, tiene una computadora a un costado, mientras toma lo que espero sea café de una taza color negro, por supuesto, no he hecho ningún ruido sin embargo su mirada se desliza hacia mí, como una caricia tortuosa.
— ¿Dormiste bien? —Su grabe voz causa un estremecimiento ¿Cuánto tiempo tiene que no lo escucho? Semanas, las llamadas telefónicas no duraban ni siquiera cinco minutos en mi necesidad de alejarlo.
—He tenido mejores noches—Hago uso de toda mi capacidad para hablar normal y con orgullo, aunque mi voz sea rasposa y sumamente blanda— ¿Dónde estamos? —Pregunto cruzándome de brazos, sin moverme de mi sitio, su mirada me recorre completamente, con lentitud, de los pies a la cabeza, hasta volver a conectar con mi mirada, por alguna razón, me siento muy expuesta ante su escrutinio.
—Dudo mucho que hayas tenido una noche buena hace mucho tiempo ángel— Dice simplemente, quitándose los anteojos y dejándolos a un lado, no se levanta, no hace ningún ademan de moverse, simplemente se acomoda recargando sus codos sobre la superficie y su barbilla en sus manos— En tu casa—Contesta a mi pregunta a lo que yo suelto un bufido.
—No, claro que no, esta no es mi casa—Camino hasta el sillón que queda frente a él, dejándome caer, sentándome en posición de flor de loto, no podría mantenerme de pie, aunque quisiera—Así que dime ya ¿Dónde estamos? —Deja caer su cabeza hacia un lado, toma unos papeles de la barra y camina con lentitud hacia mí, su gran figura cubierta por una playera negra que se pega a sus músculos y unos simples pantalones de chándal, lo hacen lucir mejor de lo que debería, esto cada vez se pone peor, debo alejarme de él.