Parte 40

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Marinette abrió los ojos.

​No sabía cuánto tiempo llevaba aquí.

​El frío y la soledad de la habitación no eran rival para el entumecimiento que Marinette sentía en el alma, y en su muñeca, que aún estaba atada a la cabecera de la cama para evitar que escapara. La penumbra de la habitación se veía interrumpida apenas por la luz blanquecina de la luna, que se filtraba cruelmente a través de las ventanas, cubiertas por una cortina que le impedía ver más allá.

​Se sentía impotente. Con unas inmensas ganas de llorar.
​Con los labios agrietados por la deshidratación y la mirada perdida en la nada. Tikki sollozaba cada vez que intentaba tomar el control de su cuerpo. Marinette se lo había permitido, pero... Algo se lo impedía. No sabía qué, pero era como un veneno que estaba en su sangre. Estaba segura que le pusieron una especie de hechizo cuando estaba dormida. Fueron dos días después de todo. Dos días en los que no supo nada de sí misma.

​De pronto, ella misma sollozó. Suplicando por el olor que solo su alfa poseía. Sin embargo, su orgullo de omega, aunque herido, la mantenía en un silencio sepulcral. No quería hablar. No quería comer. Y eso era desde hace un tiempo... Tal vez días, tal vez semanas. Al estar encerrada el tiempo le daba igual.

​Sin embargo, aún estaba aterrada. La presencia de ese hombre, vampiro o lo que fuera le daba escalofríos.

Aunque fuera demasiado apuesto, le daba asco. Y luchaba con toda su voluntad para no vomitar cuando estaba cerca de ella.

​—Luka... —Susurró de pronto, no entendiendo el porque. Ese nombre le dio arcadas y quiso vomitar.

​El eco de unas botas sobre el mármol del suelo rompió el silencio. El Príncipe entró con su elegancia depredadora, pero sus facciones perfectas estaban distorsionadas por una sombra de frustración. Su cabello azabache relucía con la luz que se filtraba por las cortinas, y tenía un porte elegante y atrayente. Al escuchar su nombre, una sonrisa gélida, despreciable y cargada de veneno se dibujó en su rostro.

​—¿Luka? —repitió, saboreando sus palabras y pasando su lengua por sus largos colmillos, acercándose hasta invadir su espacio personal. Se inclinó, obligándola a sentir su aliento gélido— Me encanta cómo ese nombre se escucha en tus labios... Es fascinante que tu subconsciente lo atesore con tanta facilidad. Eso debe significar algo más para ti... ¿O me equivoco?

​Marinette sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal. Durante el poco tiempo que estuvo en el internado, ella había sido visitada por una entidad en sus sueños. Una sombra persistente que la envolvía en un abrazo asfixiante, ensordecedor y siniestro que la observaba desde los rincones de su mente y que, a menudo, la dejaba exhausta, como si le hubiera robado la energía vital durante la noche. Siempre creyó que eran locuras suyas, una manifestación de su soledad, cuando Bridgette la dejó sola por irse con Félix a su manada Red Moon por aquellos tres días...

​Recordaba que gracias a esos sueños tan siniestros, pasaba largas horas sin dormir. Haciendo que su rostro se mostrara ojeroso, como un panda.

​Y resulta que... Eran reales.

​—Tú... —logró articular, sus ojos azules cubriéndose con un horror puro como cada vez que lo recordaba. Y él, cada vez que podía, venía a recordárselo con orgullo. Y con una felicidad sádica. — Nunca fuiste un sueño. Eras real... ¿Pero cómo? ¿porque? —Luka sonrió al sentir su curiosidad. No era la primera vez que se lo preguntaba, pero hoy... Si estaba de humor para responderle. Después de todo, la noche que él tanto esperaba se acercaba. ¿Por qué no complacer a su reina?

​— Usted era y es mi adoración, Marinette. Mi tesoro más preciado, recuperado de las garras de... Alguien que no te merecía —dijo, deslizando sus dedos pálidos por la mandíbula de la chica, quien se estremeció de asco. Y se forzó a sí misma a no vomitar. Eso hizo que él soltara una risa baj.—Disfrutaba acechar tus sueños, de saborear tu soledad. Pero la realidad supera con creces mis visiones. Ahora que te tengo en persona, no permitiré que nadie más vuelva a poner sus ojos sobre ti. Eres tan perfecta que solo debes ser para mí.

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