CAPITULO 27

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—Puedo hacerlo solo— el omega de ojos violetas, apartó la mano de YoonGi cuando intentó colocarle el cinturón de seguridad.

—Sólo estoy siendo amable— YoonGi cerró la puerta sin verse afectado en lo más mínimo.

El omega lo vio rodear el auto, con su andar desinteresado y sus hombros ligeramente encorvados por el frio, el otoño estaba tomando su turno, a Seokjin solía gustarle el otoño.

—No tienes que ser amable conmigo. — dijo en cuanto el alfa entró al auto, su mirada al frente.

—No tengo, pero quiero— honestamente Seokjin entendía poco de YoonGi, el tono de su voz no concordaba con sus palabras, y la seriedad eterna en su rostro como cuando lo había llamado 'bonito', aunque esas palabras se hayan quedado con Seokjin esa noche, cuando lo había pensado el día posterior, sonaba como palabras indeseadas, palabras que no habrían querido salir.

—No estoy seguro de eso— murmuró a la ventana.

—Deja de comportarte como un niño

—Y tú deja de comportarte como si te importara.

—Soy tu alfa

—Eres mi esposo.

Yoongi golpeo el volante con una mano, Seokjin se tensó en el asiento sin devolverle la mirada y cerró los ojos.

—¿Puedo saber a qué viene esta actitud? — Preguntó el alfa, frustrado, poniendo en marcha el auto — Estoy cansado Seokjin. No he dormido más de cinco horas en días.

—No te pedí que vinieras— respondió entre dientes.

—Soy tu esposo, se supone que tengo que estar contigo cuando enfermas, además...—

¿Se supone?

¿Se supone?

Toda esa situación lo tenía harto.

—¿Qué más supones que tienes que hacer? — preguntó con molestia contenida porque eso era Seokjin, entre muchas otras cosas, era un ser en contención. —¿Se supone que amarres mis mascadas para que las enfermeras no vean mi marca? Ó ¿para que tu madre no la vea? ¿se supone que vengas corriendo de tu "viaje de trabajo" con tu secretaria?¿se supone que actúes como un esposo celoso cuando las enfermeras quieren bañarme? ¿se supone que envíes estúpidas flores?

Seokjin no le grita a YoonGi, no le reclama, es el mismo tono de voz casual que siempre utiliza. Yoongi no sabe si Seokjin está molesto o no.

Esa mañana antes de que Seokjin despertara, YoonGi había visto que su mascada no estaba tenía una ligera tirita encima que ya se estaba cayendo, no quería que las enfermeras miraran de ninguna forma su cicatriz, así que se animó a colocarle una mascada pero la suavidad de la piel que estuvo a su alcance lo invitó a deslizar su dedo por el contorno de su mandíbula, cuando Seokjin abrió los ojos, YoonGi se detuvo a observar todos los matices pálidos de color violeta que los iris del omega escondía en su mirada, y debía reconocer que se acercó deliberadamente cuando aquellos iris se dilataron y los oscuros matices violetas aparecieron, eliminando cualquier rastro de suavidad en su mirada; que se había ofrecido a bañarlo él mismo por la misma razón, no quería que nadie viera su marca anterior, el rastro de ella. No por el qué dirán sino por respeto a la intimidad de Seokjin. En cuanto a lo demás no sabía si debía ahondar en su actual relación con su secretaria.

—Si las flores no te gustan solo dímelo—Seokjin no volvió a hablar en todo el camino y al llegar a su casa, se fue a la cama de inmediato.

Cuando YoonGi se metió a la cama pudo escuchar la suave respiración de Seokjin al otro lado, ese omega lo iba a volver loco. El alfa se acercó deliberadamente más cerca de su cuerpo y lo noto suspirar. YoonGi se quedó quieto cuando el usualmente quieto Seokjin se giró sobre su costado, frente a YoonGi que miraba anonadado, la paz de su rostro dormido. El pelinegro se movió un poco más cerca del omega, sin tocarlo, cerca de sus labios entreabiertos deseando poder robarle un beso.


Seokjin descubrió algo esa madrugada, algo que lo hizo salir asustado de la cama, una piedra enorme y pesada estaba presionando su pecho.

El crujido de la madera siendo roído por un pequeño ratón cerca del viejo refrigerador era el único sonido que habitaba esa casa, Seokjin estaba acunado sobre la cama vieja y polvosa, era la primera vez en casi tres años que ocupaba otro lugar de ...

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El crujido de la madera siendo roído por un pequeño ratón cerca del viejo refrigerador era el único sonido que habitaba esa casa, Seokjin estaba acunado sobre la cama vieja y polvosa, era la primera vez en casi tres años que ocupaba otro lugar de esa casa. El omega tiritaba por el frio que se colaba por las ventanas rotas. Una casa abandonada y vieja, casi tres años habían pasado ya y sin embargo la culpa no había disminuido ni siquiera un poco al contrario, crecía por segundo que a Seokjin le costaba cada día más respirar con normalidad, cada vez que se acostumbraba al peso sobre sus hombros esta se hacía más grande pero esa mañana, fue aplastante; tanto que salió corriendo sin poder soportarla. Tan grande que no cabía en esa pequeña casa, Seokjin ya no sabía cómo se sentía no ser miserable pero esa maldita mañana.

Se sintió en paz.

Nada susurraba en su cabeza

No había peso en su pecho

No había un cuchillo caliente abriendo su vientre

Ni dolor en su cuello

Y el causante era Min YoonGi y el verse a si mismo con el rostro hundido en su pecho.

El alfa había salido de viaje cuatro días y tres noches.

Seokjin no pudo dormir la primera, ni la segunda, ni la tercera, las pesadillas usuales no lo dejaban cerrar los ojos, pesadillas plagadas de gritos, gemidos, ruegos y sangre, demasiada sangre por todos lados; lo hacían despertar resollando y lleno de sudor.

Eran noches normales desde hace tres años.

Había estado cansado y somnoliento por la falta de sueño y por el exceso de trabajo que había tenido esos días aprovechando la ausencia de Min, se reunió con socios del clan, de la empresa, del laboratorio y de su proyecto e hizo de los cuatro días los más productivos desde su matrimonio.

Estaba resignado a dormir lo que su conciencia le permitiera pero había despertado.

La habitación estaba llena de su aroma, el bosque antiguo lleno de musgo y resina de sus sueños era más que claro ahora.

Y entonces una roca enorme cayó sobre Seokjin.

Ocultó su rostro entre sus manos.

—No lo merezco—

¿Qué no mereces? — preguntó una voz siniestra.

—No... paz— contestó mansamente con la mirada perdida.

No lo mereces ¿y te atreves a tenerlo?

—Estoy cansado de vivir así.

Pero tú... estás... muerto



Uno más por todo el abandono 

Espero y les este gustando la historia recuerden que a mi me gusta mucho leer sus comentarios, me animan.

xoxo  ;*

14/01/2026

El precio del omegaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora