CAPITULO 31

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Seokjin soltó un gemido de dolor cuando la sangre brotó de su dedo después de haberse lastimado los padrastros del pulgar.

—¿Llamaste a Namjoon? —Preguntó Kentaro.

Seokjin apenas soltó un sonido de afirmación sin voltear a mirarlo, el alfa japonés había estado dormitando en el suelo, como si de un hotel se tratara.

—Ya pasaron seis horas desde que te vi, la inyección...— Seokjin giró su cuerpo contra la pared, cerrando los ojos, rememorando una y otra vez, el nombre de la beta y todo de lo que había hablado con el mercenario aquel, hacia un año y medio Kentaro por fin había dado con los restos de las dos omegas en las afueras del clan Nakamura. Después de un análisis de ADN se había enterado de sus nombres y de su género, y por lo tanto la última que no aparecía era la beta, pero aparte de eso, no sabía nada de ella. Ahora tenía un nombre, maldición necesitaba que Namjoon fuera a sacarlo de esa celda lo más pronto posible.

Mikasa Hyuga

Mikasa Hyuga

Mikasa Hyuga

—Logré ponerme una dosis antes de que entraran a la habitación—

'Con razón ha estado dormitando' pensó Seokjin ya le parecía muy despreocupado de su parte.

Seokjin abrió los ojos, observando el rostro de Kentaro y lo cómodo que se veía recostado sobre el suelo en medio de esa descuidada celda, Kentaro Nakamura, el hijo menor del líder del clan Nakamura y hermano de Katsuro Nakamura. El alfa heredero del clan más poderoso de Japón se veía mucho mejor que el día que lo había conocido, su piel tenía un poco más de brillo y su aroma era estable. Kentaro Nakamura conocía su mayor secreto y lo había visto en la miseria misma, ese alfa que dormitaba tranquilamente después de haber sido arrestado por prostitución en un bar de mala muerte solo por ayudarlo, a ese alfa; Seokjin le debía su vida ahora mismo. Kentaro podría decir que ellos tenían un trato y era por ello que Seokjin lo había estado ayudando pese a que eso era un poco cierto, Seokjin quería ayudarlo genuinamente.

—Estaba muy molesto contigo Seokjin-san — habló el alfa cubriéndose el rostro con su antebrazo— ya no lo estoy pero...

El omega apretó los parpados, sabía que tenía que hablar de ello con él. Lo había intentado desde el dia que se había anunciado su compromiso de matrimonio.

—Lo lamento tanto Kentaro...— y lo decía en verdad.

—Cuando llegó la invitación al clan, me sentí traicionado. — Seokjin no podía ver el ceño fruncido del alfa pero notaba como su voz se volvió un poco más grave. —Mierda, estábamos tan cerca, me dije.

—Kentaro...

—No, déjame hablar, déjame que...— Kentaro se sentó de repente y empezó a hablar en japonés, viendo directamente a Seokjin. — Lo único que pensaba era en ir y secuestrarte... dijimos que nos casaríamos que nuestras vidas mejorarían que yo te daría lo que tu necesitabas y tú a mí, también... El día de tu boda, estuve en tu recepción, los dos lo estuvimos, maldita sea Seokjin-san — Kentaro, frustrado empezó a tironear su negra cabellera— estábamos allí los dos viendo cómo te casabas, viendo como caminabas hacia ese alfa...

Seokjin no lo sabía, no los había visto pero ese día Seokjin no estaba en su mejor momento y después de la boda tampoco.

—Te maldije tanto, porque fuiste tú quien me dio esperanzas fuiste tú quien vino a mí con promesas, con posibles futuros y sentí que con cada paso que dabas me estabas rompiendo, que ya no había una posibilidad para mí, para nosotros pero cuando Namjoon salió de esa ceremonia, cuando giraste tu rostro desde el altar hacia los presentes... me acordé. — Seokjin se siente un poco avergonzado y abraza sus piernas tratando de poner una barrera. Entre sus recuerdos y las palabras de Kentaro, de su mirada compasiva— por qué te encontré en primer lugar, por qué viniste a mi... el por qué tomabas cada decisión en tu vida y no pude seguir enojado. Si escogiste a YoonGi por ser una mejor opción...

El precio del omegaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora