CAPITULO 30

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Hacia un año Kim Seokjin el omega heredero del clan Kim había pensado lo que haría con Lim Il Nam, cuando lo tuviera por fin en sus manos.

Lim Il Nam era un alfa de 43 años de edad, 1,90 cm de altura y 124 kg. Un asesino a sueldo de los barrios bajos. Discreto y muy escurridizo. Tal vez por eso no había podido dar con él.

Seokjin tenía la camisa rasgada y el rastro de unos dientes se extendía desde su hombro hasta su clavícula. Su respiración aún se atoraba entre sus dientes, debido a un golpe en su mandíbula.

—Afloja tus manos si no quieres matarlo antes de que hable— Kentaro Nakamura había entrado en la habitación en el momento justo para quitarle a Il Nam de encima, el golpe que ese alfa le había dado en las costillas aun después de recibir el sedante que permitiría que Seokjin lo sometiera, no había actuado de forma rápida, lo que resultó en Seokjin más herido de lo previsto.

—Sabes muy bien de lo que hablo— repitió Seokjin sin aflojar el agarre

—Vete a la mierda puto beta—apenas pronunció Il Nam.

—Respóndeme antes de que te arranque la piel con los dientes— siseo Seokjin apretando más el agarre en el cuello del alfa.

Kentaro se sentía un poco cansado, haber noqueado al otro alfa le había consumido mucha energía física, pero de no haberlo golpeado, Seokjin estaría muerto, porque aquel asqueroso hombre era obvio que iba por el cuello del omega.

—Oye— dijo acercándose hacia la cama donde el omega tenia amarrado al mercenario aquel. — Yo no tengo fuerzas para esperar toda la noche y él no tiene paciencia, si me aburro y te dejo con él, te matará. Sin pestañear.

—Jodanse — escupió el alfa, manchando el rostro de Seokjin con sangre.

—Solo queremos los nombres. — Kentaro soltó un suspiro.

—Eran dos omegas y una beta, las tres eran japonesas. Hace un año y medio en las afueras del territorio del clan Nakamura por la madrugada. ¿Quiénes eran? — Kentaro le extendió un pañuelo a Seokjin pero este no le prestó atención así que mejor se retiró hacia la puerta. El olor del alfa lo estaba asqueando.

—Necesito que me digas que pasó con ellas— pidió Seokjin con los nervios de punta.

—No les diré una mierda

Soekjin gruñó, apartó las manos del cuello del alfa y las concentro en bajar la cremallera de su pantalón.

—Lo siento pero si yo me voy sin respuestas; tú te iras sin tu preciado pene, la vida allá fuera para los alfas castrados es inexistente— dijo apretando el pene del alfa por sobre su ropa interior. —Te escondiste por casi dos años, rata asquerosa. No me iré sin respuestas

Un grito llenó la habitación, el alfa se retorció pero poco podia hacer.

—Qué mes, dime el mes...— gimió de dolor.

—Octubre, dos. — respondió Seokjin en un susurro bajo, como si fuera algo prohibido.

—Lo recuerdo pero suéltame el pito, te lo diré pero suéltamelo

— Lo soltaré cuando me digas lo que quiero escuchar.

—No complete el encargo, la beta se escapó, por eso fue que hui.

—Sus nombres— pronunció enviciado, acariciando ya las respuestas.

— ¡Ah! ¡Maldición suéltamelo!

—¡QUIERO EL NOMBRE! — bramó Seokjin, sacando el pene de los calzoncillos del alfa y estrujándolo en su mano.

—Sato Yuta, Hyuga Mikasa, Namikaze Yuri— pronunció los nombres sin aliento.

—Mikasa Hyuga— pronunció Seokjin... Mikasa Hyuga era aquella que había escapado entonces, había encontrado los cadáveres de las otras dos pero nunca supo quiénes eran; antes no tenía la certeza que la beta estuviera viva y aunque lo estuviera, Seokjin no sabía quién era.

—¿Qué es ese ruido? — preguntó Kentaro mientras destrababa la puerta.

—Ellas... ¿llevaban algo con ellas?

Era evidente que ese alfa estaba perdiendo la conciencia

—Su equipaje... pero... lo enterré con las otras dos.

—¿Y ella? La beta

—Ella corrió pero no vi se llevaba algo con ella.

—¿Sabes donde está?

—No... La he buscado para poder dar por terminado este encargo... y dejar de esconderme de ese loco que no deja de perseguirme... p-pero no he dado con ella... suéltamelo, te lo he dicho todo...

—Lo siento pero si no termino contigo, allá fuera lo harán y no será agradable.

—Maldito beta de mierda...

—¡Seokjin! Hay que salir de aquí, es una redada— Kentaro corrió hacia su abrigo.

—¿Que? ¿Aquí?

Seokjin volteo a mirar al alfa sobre la cama, sabía que era su sentencia de muerte, sabía que no era casualidad.

—Tu vida depende de que niegues lo que me has dicho, si ellos saben que me has dicho algo, eres hombre muerto.

—¡No!... Joder desátame.

—No creas ni por un segundo que mi padre te dejara con vida

—¿Tu padre?

Seokjin aún estaba tratando de desatarlo de la cama cuando la puerta fue pateada bruscamente, antes de poder decir quién era, habían sometido a Kentaro contra el piso con un arma apuntándole a la cabeza.

—¡No se muevan!

Aunque Seokjin pataleo poco pudo hacer contra dos hombres que lo sujetaban y el alfa que había estado amarrado a la cama había desaparecido repentinamente.

—Usaré un poco a esta puta antes de dejarlo ir — fue lo último que escuchó Seokjin antes de recibir un golpe en la cabeza.

—Usaré un poco a esta puta antes de dejarlo ir — fue lo último que escuchó Seokjin antes de recibir un golpe en la cabeza

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Hola hola, perdón por estar tan alejada de  esta historia este último tiempo

Espero que estén disfrutando de su domingo y que el regreso de nuestros chicos les haya traido la misma paz que a mi.

espero que les guste este capitulo, ya saben que sus comentarios me gustan mucho.

Nos vemos pronto! :*

xx

19/04/2026  

El precio del omegaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora