En el camino a derribar un clan, Kim Seokjin se encuentra con un alfa que ansia la redención.
Min Yoongi, un alfa de clase alta, que tenia como único propósito llevar el imperio Min a la cima y hacerlo inalcanzable, tropieza con un omega estoico y h...
Seokjin acaricia el celular entre sus dedos, Kentaro ha accedido a verlo; había estado preocupado todo el día ante una negativa pero ha dicho que sí. Seokjin se deja caer en la cama y después de ver el techo por veinte minutos gira sobre su costado, las flores violetas acaparan su atención, la habitación tiene notas de su aroma, Seokjin las mira con molestia, no sabe por qué, inhala y exhala decidiéndose a tomar el jarrón de flores y colocarlas en la entraba de la puerta sobre un pequeño mueble que está a cada lado de la puerta. Cuando vuelve a acostarse y llevarse las sabanas hasta el pecho, el aroma de las flores se ha ido, cierra los ojos lentamente cuando el sonido de una llamada entrante lo hace incorporarse.
Min YoonGi
Seokjin no quiere contestar, es tarde, está cansado y quiere dormir. Su dedo índice se mueve sobre la pantalla, se arrastra lentamente hasta el icono verde de un teléfono.
—Hola— la voz ronca e increíblemente profunda es esparcida en el silencio de la habitación. —¿Seokjin? — las cortinas están ligeramente entreabiertas así que el omega camina con pies descalzos hasta la ventana.
—Hola— contesta.
Silencio.
—¿Has cenado? — Seokjin murmura algo parecido a un sí y después vuelve a quedarse en silencio.
—¿Te han gustado las flores? — Seokjin cree que Min ha bajado la voz un poco, así que niega a la nada, metiéndose al pequeño cuarto donde guardan sus cosas, en una mitad está la ropa de Seokjin y en la otra mitad la ropa de Min. Seokjin mira hacia los trajes y asiente.
Los trajes están ordenados por color, aunque todos son de tonos oscuros, vaga lentamente por el lugar hasta que sus dedos encuentran el interruptor entonces desactiva el sensor de movimiento, y las luces se apagan.
—Sí... gracias — el pecho de Seokjin se llena de aire y sus brazos y hombros tiritan.
—¿Estas bien? — toda la habitación está a oscuras, la luz de la habitación principal ha quedado excluida del closet.
—Tenia frio— Seokjin camina unos pasos con cuidado, en la oscuridad total. Alcanza un suéter, suspira ante el contacto cálido de la prenda. — pero ya no.
—Seokjin...— el cierra los ojos ante el sonido que lo llama.
—¿Mhm?
—Buenas noches— buenas noches, quiso responder pero sus palabras se atoran en su garganta cuando el alfa agrega— bonito.
Seokjin había tropezado con una alfa en la entrada del edificio, ella había derramado unas gotas de su café sobre su camisa. Seokjin creía que era injusto, no podía creer que ni siquiera pudiera mantenerse impoluto ese día.
Un pequeño golpecito en su hombro llama su atención y un ramillete de flores azules es lo único que alcanza a ver así que se echa para atrás y se queda quieto al reconocer a quien lo sostiene.
—Nunca te había visto sonreír de esa manera. — escucha mientras Seokjin bajaba la vista hacia las manos que se movían sobre su pecho, abrochando con un seguro el ramillete de flores sobre la mancha de café.
—Nunca había tenido razones para sonreír— respondió. Estaba feliz y no le importaba la expresión preocupada que le devolvía la mirada. Se iba a casar y no le importaba a quien le pareciera o a quien no.
—No apoyo esto— Seokjin se dio la vuelta para irse no queria escuchar aquello— es todo lo que tengo...
Seokjin se detuvo sin girarse. Apretó sus puños a sus costados tratando de mostrarse como realmente era; quería que viera que no era un omega egoísta y apático como todos esos años había demostrado.
—No te pido que renuncies a ello— Seokjin bajó la cabeza tensando los hombros y dejando que las emociones se elevaran desde su estómago y sus palabras salieran de entre sus labios— te pido que lo compartas conmigo... — Seokjin carraspeo— porque es lo único que yo podría llegar a tener...
Seokjin esperó en el silencio, la esperanza marchitándose a su alrededor y antes de morir una mano se posó sobre su hombro.
—Ahora son todo lo que tengo.
El alivio que sintió fue instantáneo, levantó el rostro con los ojos brillosos por las emociones contenidas. Él le sonrió con dulzura pero entonces poco a poco su expresión se oscureció, en su mejilla apareció una mancha color carmín...
Era sangre...
Sobre su frente, en su saco...
Al segundo siguiente Seokjin estaba de rodillas sobre el asfalto, el peso de alguien presionando sus piernas contra el suelo, su camisa blanca manchada de sangre por todos lados, y unos ojos negros que lo miraban sin vida y una voz que gritaba en el fondo. Seokjin intentó limpiar la sangre que brotaba de la nariz. Y cuando intentaron apartarlo cerró fuertemente los ojos y acercó sus labios a la frente ajena mientras le pedían a gritos que se fuera.
—Perdóname, mi amor, perdóname
—Esto es tú culpa ¡Te lo dije!
Seokjin despierta frenético, un poco asfixiado y con las mejillas mojadas. La habitación está tenuemente iluminada por su lámpara de noche; alumbrando sus brazos cubiertos con el suéter, sus ojos se llenan de lágrimas y su pecho se hunde. Una furia conocida brota desde sus recuerdos dolorosos, cierra su puño y lo estrella contra la estúpida cosa brillante, que osada al iluminar su miseria.
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