CAPITULO 20

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Aún con Seokjin sobre su regazo medio acunado en un abrazo, YoonGi no puede evitar acariciar su nariz y contar deliberadamente las pequeñas pecas en sus mejillas de un tono más rosa de lo usual a causa del alcohol.

—Señor, hemos llegado— la voz de su chofer le llega desde afuera y sostiene la puerta con su otra mano para evitar que la abra, Seokjin reajusta su posición tallando suavemente su mejilla contra su pecho, el alfa cierra los ojos cuando el cuerpo del omega hace presión en su entrepierna.

—Déjanos aquí, ya bajo después— YoonGi quiere cargarlo hasta su cama pero sabe que no podrá detenerse hasta ahí pues a pesar de sus descubrimientos no ha podido dejar de pensar en el cuerpo delgado que casi había sido suyo en su oficina, en la forma en que se había encendido con los besos o cómo lo jalaba por la camisa.

Echa la cabeza hacia atrás cuando empieza a sentir su erección crecer.

Seokjin aceptó un matrimonio por conveniencia.

Se dice.

Seokjin rompió su antiguo compromiso por un matrimonio ventajoso.

Kim Seokjin tiene un lazo roto ¿Por qué? Eso todavía no lo sabía pero llegaría a ello.

La cuestión es que todo eso debería desagradar a Min YoonGi, arrancarle el deseo o por lo menos no crearle erecciones, de alguna manera absurda, lo había decepcionado. Cuando había visto su rostro había pensado en un ser celestial, tan irreal y bello pero al parecer era un omega superficial que se había vendido al mejor postor.

¿Qué empresa? ¿Es importante?

Todavía podía escuchar aquellas preguntas con una voz de seda, dulce como la miel y aun así sin una pizca de emoción, casi aburrida.

—¿Dónde está? — YoonGi abrió los ojos ante la voz amortiguada y ronca que llenó el auto, se quedó quieto por un momento creyendo que había imaginado aquella voz. Estaba buscando la manera de sacarlos del auto sin moverlo demasiado cuando el cuerpo debajo de él tiritó con los puños apretados a su saco.

—No... por favor... devuélvamelo— el ceño de Seokjin se frunció, lagrimas escaparon de sus ojos aun con los parpados cerrados.

—Regrésemelo — pidió en un susurro roto, al parecer la pesadilla era muy vivida y estaba atrapado, y YoonGi hizo lo que su instinto le indicó, lo que hacia desde que empezó a compartir cama con el omega, liberó su aroma, llenando todo el auto de él.

—Está bien, estás bien ahora— le susurró YoonGi al oído y lo repitió varias veces apretando su cuerpo entre sus brazos, fue inesperado cuando Seokjin se abrazó a él aún dormido. Destensando su cuerpo a los minutos.

Usualmente, en las noches, Seokjin hacia ruidos lastimeros; pequeños quejidos que despertaban a YoonGi, usualmente solo liberaba su aroma, usualmente no lo tocaba sólo lo veía ir saliendo de su trance en medio del sueño, él nunca despertaba y YoonGi lo prefería de esa manera, no sabría que hacer si volvía a ver la misma expresión de miedo y fragilidad que le había mostrado la noche de bodas.

Min YoonGi no estaba preparado para ver aquel par de ojos abrirse repentinamente, una mirada intensa que sin titubear lo apresaron en arenas movedizas violetas que se lo tragaban al mínimo movimiento.

El omega sobre su regazo parecía congelado en su lugar sus ojos le decían tanto y nada a la vez, estaba ahí sin decir una palabra pero con la mirada gritando. El ambiente en el auto se volvió espeso, YoonGi estaba acostumbrado al silencio, la mayor parte de su vida transcurriendo en ello, pero el silencio con Seokjin siempre era incómodo.

El alfa contuvo el aliento cuando Seokjin se soltó de su abrazo aún con los ojos puestos en los suyos propios y paseo sus ojos por todo su rostro deteniéndose en cada detalle, cada curva y marca.

El precio del omegaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora