13. De cuando todo es confuso.

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Casi una hora después, llevaron un pedazo de torta cada uno al dormitorio de Ian y se propusieron hacer el trabajo, se sentaron en el suelo y, luego de un suspiro por parte de ambos, abrieron sus cuadernos. Por casi media hora, lo único que el chico hacía era maldecir y quejarse por todo, hasta que Fay ya no soportó.

- Pero bueno, ¿qué demonios sucede contigo?, estás increíblemente alterado.

Él suspiró. - ¡Lo sé! Me lo han dicho todo el maldito día. Lo que pasa es que las prácticas están cada vez más rigurosas, tenemos muchas tareas, el cansancio físico y todo eso, ¡lo odio! - Ian se lanzó de espaldas -, tengo que soportar mucho estrés y, para rematar, el dolor de espalda me está matando. Todo eso es suficiente para estar de mal humor.

Fay pensó un momento. - Quítate la remera y túmbate sobre la cama - hizo un gesto con la mano. Ian sonrió y alzó las cejas -. No te emociones, Cullen, lo hago sólo porque te necesito de buen humor para terminar el trabajo. Túmbate boca abajo en la cama.

Los ojos verdes del chico destellaron con un brillo diabólico; obedeció de muy buena gana. - No puedo decir que nunca me imaginé esto, porque si lo hice... varias veces.

Fay se acercó más a él. - Cállate o haré el trabajo yo sola - apoyó sus manos en la tibia piel de la espalda de Ian y comenzó a masajearla, instintivamente, él cerró los ojos. Ella intercalaba los masajes desde el hombro de Ian, hacia su cuello y espalda a la par que él dejaba escapar sonidos iguales a ronroneos -. D-deja de hacer eso.

- ¿Hacer qué? - la voz de Ian sonaba muy relajada, estaba al borde de caer dormido, pero aún mantenía su tono burlón.

- Esos sonidos - contestó algo nerviosa, al mismo tiempo que sus manos destensaban la espalda de su compañero, relajando cada músculo a su toque.

- No puedo evitarlo, tienes manos mágicas - su voz sonaba cada vez más rara, se estaba sumiendo en la inconsciencia.

- Cullen, no te duermas - minutos de silencio siguieron a esa última frase de la chica. Sus ojos vagaban rápida y cautelosamente por toda la amplia espalda de Ian, hasta que descubrió algo que le llamó la atención y no pudo evitar pasar sus dedos delicadamente sobre esa zona.

- ¿Estás tocando mis lunares? - preguntó divertido. La voz del chico sobresaltó a Fay, pero se repuso de inmediato.

- No son solo lunares, si los miras encontrarás a Casiopea - hablaba de forma ausente, pasando sus dedos sobre los lunares.

- ¿A quién?

- Espera un segundo - Ian sintió la cama liberarse del peso de la chica y cinco segundos después, el colchón se hundió de nuevo en el lugar donde Fay estaba apoyada -. Esta es la historia...
- el chico oyó el sonido producido por un marcador al ser destapado y al rato la chica ya estaba trazando algo en su espalda, uniendo lunar con lunar de forma lenta -: según una leyenda Griega, el dios del mar, Poseidón, colocó a Casiopea entre las estrellas en una posición ridícula, con el trono boca abajo para toda la eternidad y con la falda por los hombros - miró de forma divertida al chico, quien escuchaba el relato atentamente -. Se dice que Casiopea estaba muy orgullosa de su belleza, decía que ella y su hija Andrómeda eran más bellas que las ninfas del mar, las Nereidas, quienes se quejaron con el dios del mar - terminó el trazado de, lo que Ian le pareció según lo que sentía, una especie de "W" -. Y ahora sólo es una constelación, un montón de lunares en forma de trono...- suspiró y le puso la tapa a su marcador -. Ella cometió un trágico error...

-- Y lo pago eternamente - el chico terminó por ella.

- Correcto - sentenció.

Ian giró para verla a la cara. - ¿No temes cometer el mismo error?

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