22. De cuando no tienes ni idea.

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Ella suspiró, considerando la propuesta de Ian. - Quedé con Summer para ir a dormir a su casa, además Alex está en tu departamento y sería muy incómodo para mí estar ahí con él oyendo todo.

Soltó una carcajada. - Ambas cosas tienen solución. Llama a Summer y dile la verdad.

La chica se mordió el labio inferior, pensando en si debía o no hacerlo pero, antes de llegar a una conclusión acertada, ya estaba tecleando un mensaje para su amiga, explicándole todo. - ¿Y qué hay de Alex?

- Vamos a un hotel, ¿te parece?

Se encogió de hombros. - Nunca he estado en un hotel.

- Conozco un elegante hotel, donde Alex se estaba quedando, ¿quieres ir?

Summer respondió el mensaje de la chica justo en ese momento y se burló de Fay. La castaña parecía haberle encontrado gracia a todo eso, y era sólo porque estaba feliz de que su amiga ya no estuviera en su habitación llorando. - Vamos - contestó Fay, cuando descubrió que su amiga no estaba molesta.

Ian pagó la cuenta y fueron al auto. Hablando de nada en especial, llegaron en veinte minutos al hotel y les asignaron la habitación ciento veinte.

La chica llevaba en su mochila, la cual contrastaba con su elegante atuendo, todo lo necesario para pasar la noche fuera; tenía su pijama, su cepillo de dientes, su toalla y un conjunto aparte, ya que había quedado en ir a la casa de Summer a dormir.

- Tranquilízate - Ian tomó las temblorosas manos de la chica mientras caminaban hacía las escaleras.

Fay arqueó las cejas. - ¿Escaleras?

Ian asintió. - No olvido tu problema con los elevadores.

Se pararon frente a la puerta de su habitación y el chico la abrió. Fay se maravilló con el lugar. Todo era tan hermoso y fino, tan delicado y perfecto, tal y como Ian lo había dicho.

- Esto debe costar una fortuna - murmuró para sí misma. Él la abrazó por detrás, sorprendiéndola, y beso su cuello tiernamente.

- Pagaría lo que sea con tal de verte feliz - y dejó otro beso en su cuello.

- No estoy de acuerdo con eso, no me parece correcto - su voz ya se veía afectada por las miles de sensaciones que le producían los besos de Ian.

Él suspiró cerca del cuello de la chica y ella se estremeció. - Déjame complacerte mientras pueda.

Ella no entendió a qué se refería Ian con "mientras pueda", pero no se detuvo a pensar en eso. Hablaron unos minutos más y ella fue a cambiarse con su pijama. Ian se quitó el traje y se acostó sobre la cama en ropa interior, tapándose con el grueso edredón por el frío que causaba el aire acondicionado encendido.

La chica salió del baño y se metió en la gran cama junto a Ian, tapándose también. - Gracias - le dijo con una sonrisa -. Me distrajiste bastante y me encantó cenar contigo, me encantó el lugar y tu primer regalo, me encantó todo. Tú me encantas.

Le dio un beso en la frente. - Haría lo que fuera por ti - le sonrió y se besaron de nuevo. Ian miró su celular para fijarse en la hora -. Ya es tu cumpleaños: felicidades, hermosa.

Ella se sonrojó un poco. Nunca se acostumbraría a que alguien tan hermoso como Ian la llamara hermosa, eso debía significar algo. - Gracias, Cullen.

Colocó un mechón del cabello de la chica tras su oreja y la miró a los ojos. - ¿Te he dicho ya que eres hermosa? - Fay asintió, bajando un poco la cabeza -. Que bueno, porque estabas increíblemente hermosa con tu vestido y estás hermosa ahora con tu pijama.

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