– Te embarraste – señaló su propia cara el rubio.
– Oh, lo siento – intentó limpiarse torpemente.
– No, del otro lado – siguió haciéndole señas.
La castaña todavía no podía limpiarse.
– A ver, te ayudo, eres muy tonta – Regañó Katsuki mientras llevaba su mano a la mejilla de su compañera.
– Oh, perdón – dijo Ochako sonrojada, era muy incómodo ver al rubio tan tranquilo.
Mina se puso de pie, incapaz de contenerse más – ¡Voy a ir allá y le voy a decir un par de verdades a esa! ¡Nadie engaña a mi mejor amigo y se sale con la suya!
– ¡Mina, no! – Sero intentó atraparla con su cinta, pero la chica fue más rápida y empezó a caminar hacia el local de bubble tea con pasos que hacían retumbar el piso.
– Oh no, aquí viene el desastre – Denki por fin había podido sacar su celular y tuvo que guardarlo para correr tras ella, no para detenerla, sino para no perderse el drama en primera fila.
Bakugo, que tiene un instinto asesino desarrollado, sintió una perturbación en la fuerza. Una muy familiar.
– Maldita sea, cara redonda... – dijo sin mirarla, con la ceja temblando – No te muevas. Pero creo que estamos rodeados de idiotas.
– ¿Qué? – Ochako parpadeó confundida y giró la cabeza justo a tiempo para ver a Mina Ashido plantarse frente a su mesa con los brazos en jarras y una expresión que prometía ácido y destrucción.
– ¡Vaya, vaya! – exclamó Mina, llamando la atención de medio centro comercial – ¡Con que "planes importantes", eh, Bakugo!
Katsuki se quedó petrificado por un segundo. Sus ojos saltaron de Mina a Denki, luego a Sero y Kirishima que venían rezagados con cara de "perdónanos la vida, por favor". Luego miró los planos de la misión que estaban sobre la mesa, camuflados apenas por las servilletas.
"Maldición" pensó Bakugo, sintiendo que el sudor frío le recorría la espalda.
– ¡No puedo creer que nos mintieras, Katsbebé! – soltó Denki, señalando las bebidas – ¡Viniste a una cita! ¡Y ni siquiera nos pediste consejos para tratar a una dama!
Bakugo apretó el vaso de plástico con tanta fuerza que el té de burbujas estuvo a punto de salir disparado como un proyectil.
– ¡¿QUÉ MIERDA HACEN AQUÍ, MALDITOS EXTRAS?! – el grito de Bakugo hizo que varias personas volteran a verlo.
– ¡Vinimos a salvarte de las garras de esta rompecorazones! – acusó Mina señalando a una Uraraka que estaba procesando la información a una velocidad impresionante.
– ¿Rompe... corazones? – logró decir Ochako, señalándose a sí misma.
– ¡No te hagas la santa! – continuó Mina – ¡Sabemos lo de la protección! ¡El profesor nos lo confirmó!
El silencio que siguió a esa frase fue tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Bakugo sentía que su cara iba a hacer combustión espontánea, definitivamente los va a matar.
– ¡¿PROTECCIÓN?! ¡¿QUÉ MIERDA LES PASA POR ESA CABEZA HUECA QUE TIENEN?! – Bakugo se puso en pie de un salto, pateando su silla hacia atrás.
– ¡Entonces admite que es una cita! – insistió Mina, sin retroceder ni un centímetro – ¡Te vimos acariciándole la cara, Bakugo! ¡A nosotros ni siquiera nos dejas tocarte el pelo sin intentar volarnos un dedo!
Katsuki miró de reojo a Uraraka. La castaña estaba roja como un tomate, intentando cubrir con sus manos los planos de la misión que seguían sobre la mesa. Si los idiotas del Bakusquad daban un paso más, verían las coordenadas de la zona industrial y el nombre de Hawks.
Bakugo tomó la decisión más difícil de su vida. El sacrificio más grande que un héroe podría hacer: su dignidad.
– ¡¿A USTEDES QUÉ MIERDA LES IMPORTA LO QUE HAGA O NO CON MI VIDA?! – gritó con las venas del cuello a punto de reventar – ¡SI ESTAMOS SALIENDO O NO, ES NUESTRA VIDA PRIVADA Y SI ALGUNO DE USTEDES DICE UNA SOLA PALABRA MÁS, LOS VOY A VOLAR EN MILES DE PEDAZOS!
El centro comercial se quedó en un silencio sepulcral. Denki dejó caer sus hombros. Kirishima se llevó las manos a la boca. Mina parpadeó, perdiendo toda su furia en un segundo para ser reemplazada por una alegría fanática.
– ¡LO SABÍA! – chilló la pelirosa, saltando sobre Kaminari – ¡LO ADMITIÓ!
– ¡Es tan varonil que aceptes tus sentimientos con tanta violencia, Bakubro! – exclamó Kirishima, limpiándose una lágrima de orgullo.
Uraraka miraba a Bakugo con los ojos como platos, totalmente en shock. "¿Acaba de decir que somos pareja?", pensó, sintiendo que el cerebro le iba a explotar. Pero luego vio la mirada desesperada de Katsuki hacia los mapas y entendió. Estaba protegiendo la misión. Estaba protegiendo a Shoto.
– Sí... – balbuceó Ochako, siguiendo el juego con una sonrisa forzada que parecía más una mueca de dolor – por eso queríamos estar... a solas. Es algo muy nuevo y... privado.
– Déjenos en paz ahora mismo o juro que los mataré y lo haré tan despacio que habrán deseado no haber hecho todo este estúpido show – amenazó Bakugo, agarrando a Uraraka del brazo y recogiendo los papeles a la velocidad de la luz – Vámonos Kirby.
El Bakusquad se quedó perplejo observando como la "pareja" abandonaba el lugar a zancadas.
Bakugo se dejó caer en el asiento de un restaurante de hamburguesas, escondiendo la cara entre sus manos.
– Idiotas – susurró – cara redonda, si esto sale de aquí, serás mi cómplice y tendremos que huir de las autoridades.
Ochako sólo asintió, todavía asimilando todo lo ocurrido en el bubble tea.
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Fin del arco BakuOcha
Les quiero
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¿Ese es Shoto?
FanfictionShoto es bebé ahora por culpa de un villano. Pero el verdadero problema comienza cuando la Liga de Villanos logra secuestrarlo, convirtiendo su guarida en una improvisada guardería y Bakugo va a rescatarlo.
