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Llevaban horas adentro de la oficina de su profesor, planificando el rescate de su compañero.

– Pero si ponemos a Pikachu en éste luga– –Bakugo fue interrumpido por Aizawa.

– ¿Por qué razón creerías que voy a exponer a más alumnos? Suficiente tengo con ustedes dos.

– Porque son imbéciles pero no débiles y son amigos de Todoroki. – Bakugo cruzó los brazos, intentando sonar serio, aunque su voz traicionaba la urgencia.

– Eso no significa que deban meterse en algo que puede ser peligroso – respondió el pelinegro, con esa calma que siempre ponía a todos de nervios.

– ¡Pero él es un bebé! – Uraraka alzó la voz, frustrada – No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras la liga lo tiene.

Aizawa suspiró, cerrando los ojos por un momento, como si estuviera calculando mentalmente todos los riesgos posibles.

– Está bien. Pero solo ustedes dos y bajo mi supervisión estricta. Cualquier error y no solo arriesgan la misión, también su seguridad.

Bakugo soltó un bufido y se cruzó de brazos.

– Perfecto. No necesitamos más ojos vigilándonos, cara redonda. Solo asegúrate de no estorbar.

– No voy a estorbar – replicó Uraraka con determinación. – Somos rápidos y sabemos cómo trabajar juntos.

Aizawa los miró por un segundo más, luego asintió levemente.

– Entonces, empecemos con los preparativos. Mapas, rutas de escape y comunicación. Nada de improvisar.

Los dos intercambiaron una mirada cómplice. Esta vez, no eran solo estudiantes: eran el equipo de rescate de Todoroki.

Bakugo podía sentir la adrenalina recorriéndole el cuerpo y, aunque no lo admitiría, estaba ansioso de demostrar que podía proteger al niño que tanto lo preocupaba.

Uraraka, por su parte, respiraba hondo, lista para enfrentar cualquier obstáculo, sin importar que el bebé mitad y mitad estuviera en medio de todo.

El plan comenzaba, y esta vez, no habría margen de error.

Mientras tanto, en la guarida de la liga, el ambiente era completamente distinto

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Mientras tanto, en la guarida de la liga, el ambiente era completamente distinto.

Uno pesado. Incómodo.

Shigaraki no dormía. Nunca lo hacía bien, pero esa noche menos. Sentía algo extraño, una presión ligera en el pecho que no sabía explicar.

Abrió los ojos.

El niño lo estaba mirando.

No lloraba. No balbuceaba. No parecía confundido. Solo lo observaba. Demasiado atento para ser un bebé.

— ¿Qué miras? —murmuró con fastidio.

Shoto parpadeó lentamente. Su expresión no cambió.

Y entonces habló.

No fuerte. No claro como un adulto. Pero sí lo suficiente.

— No... malo.

Tomura se quedó inmóvil. No había sido un balbuceo. No había sido casualidad.

— ¿Qué dijiste? —su voz salió más baja de lo que pretendía.

Shoto inclinó un poco la cabeza.

— No... malo. —hizo una pausa— Triste.

Eso fue peor. Mucho peor.

El aire se volvió denso. Shigaraki sintió un calor incómodo en el pecho, como si alguien hubiera tocado algo que no debía.

— Cállate —espetó, pero no sonó como una amenaza real.

Shoto extendió su pequeña mano. La apoyó torpemente contra el pecho del villano, justo donde el corazón latía más rápido.

— Aquí... —susurró.

Tomura apartó la mano de golpe y se levantó de la cama con brusquedad.

— ¡Deja de decir estupideces!

Su voz despertó a Dabi.

— ¿Qué demonios pasa ahora? —gruñó desde la puerta.

Shigaraki se pasó una mano por el cabello, claramente alterado.

— Nada. El mocoso balbucea tonterías.

Dabi se acercó lo suficiente para mirar a su hermano. Shoto ya tenía los ojos cerrados, respiración tranquila, como si no hubiera pasado nada.

— Entonces deja de discutir con un bebé —murmuró Dabi, medio divertido.

Pero su sonrisa se desvaneció al notar la expresión de su líder. No era enojo. Era... algo más.

Shigaraki volvió a mirar al niño. Demasiado sereno. Demasiado consciente.

— Mañana salimos temprano —ordenó de repente.

— ¿Otra vez? —preguntó Dabi.

— Sí.

No explicó por qué. No iba a admitir que necesitaba comprobar algo. Necesitaba demostrar que ese niño no sabía nada. Que no entendía nada.

Porque si realmente lo había visto... si había entendido lo que nadie entendía... entonces el problema no era el niño. Era él.

Cuando el silencio regresó, Shoto abrió apenas un ojo. Había movido una pieza. Solo una. Pero suficiente.

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Después de años regresé...
Perdón por haber desaparecido tanto tiempo, fueron unos años un poco difíciles, espero les guste el cap :')

¿Ese es Shoto?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora