26. Al Final de la Caída

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Desde lo ocurrido aquella mañana helada y gris en el estacionamiento desierto, no pasó una sola hora en los días posteriores sin que Cade se encontrara pensando en Io, aunque fuera por un instante.

En sus palabras adoloridas; en sus ojos frágiles y tristes.

«Solo duele cuando tú me tocas».

Antes de que Cade pudiera inferir sobre qué había querido decir con eso, sus amigos habían venido a buscarlos.

Cade se había dado la vuelta para hacerles señas desde la distancia, pero al volverse hacia Io, este ya se había escabullido de su lado y se alejaba por el estacionamiento, metiéndose entre los autos para desaparecer.

El dolor de su pierna después de correr detrás de él, agudizado por el frío y la humedad de los días, no le permitió a Cade seguirlo.

Una semana después, todavía se lamentaba el no haberlo hecho. Quizá hubiera podido alcanzarlo... aunque lo más probable era que no. Pero aún si no lo hubiese conseguido, Io no se habría marchado aquel día con la idea de que ni siquiera lo había intentado.

—Te ves... un poco distraído hoy.

—Gwen... Perdón, no te vi —saludó Cade al reconocer su voz del otro lado de la puerta de su casillero abierto. Pero al echarse hacia atrás para verla, la encontró sola—. ¿Y Tammy?

Gwen se apoyó en el casillero conjunto mientras él guardaba sus cosas para salir.

—Ya se fue, tenía que ir por su hermanita porque su mamá tiene una reunión en el trabajo.

Parecía que se debatía por decir algo. La delató el modo en que se enroscaba una de las coletas, como solía hacer cuando estaba nerviosa o preocupada.

—¿Qué sucede? —preguntó Cade, al cabo de un rato sin que ella se decidiera a hablar.

La chica se mordió los labios cubiertos de gloss rosado y puso la vista en el suelo.

—N-no es nada. ¿Has... visto a Alexander?

Cade terminó de dejarlo todo listo y cerró el casillero.

—Tuvo problemas para ingresar su justificante médico en el portal digital, así que fue a imprimirlo y a presentarlo en la oficina del secretario.

Gwen asintió y se ajustó la mochila de Hello Kitty al hombro.

—Entonces... supongo que iré a buscarlo allá.

—Gwen —la detuvo él—. ¿Qué pasa? Puedes decírmelo.

La chica le dirigió un breve vistazo por el rabillo del ojo y luego suspiró, volviendo a desviar la vista.

—Es solo... —Su voz se amortiguó hasta que fue difícil oírla por encima del ruido del resto de los estudiantes en el corredor—. ¿Estás... enojado conmigo?

Cade se quedó en silencio. Tal vez así era, hacía solo unos días atrás; pero no estaba seguro de que continuara estándolo. Y al mirar de nuevo al rostro compungido de Gwen, abandonó por completo esa posibilidad.

—No lo estoy.

Pero no pudo darle otra seña más tranquilizadora que solo su palabra.

Supuso que era lo normal que Gwen lo creyera; desde aquel día no habían tenido la oportunidad de hablar de lo sucedido. Pero, en su defensa, Cade no había hablado demasiado con nadie en general.

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⏰ Última actualización: Sep 28 ⏰

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