Sabía que estaba jugando con fuego y podía ser de las desafortunadas que pierden todo en la (segunda) apuesta y se queman hasta la última pestaña, pero tampoco me importó mucho. Mi vida se estaba volviendo rutinaria y eso es lo mismo que dejar de vivir. ¡Y soy una de esas personas que quiere vivir intensamente! Fue más sencillo de lo que pensé. Ayer me acosté con una mesera. Todo comenzó como un juego ingenuo. Los del trabajo llevábamos algunos fines de semana comiendo en Chillis, nada espectacular, hasta que un día apareció una mesera que nunca había visto y me gustó. Cuando llevó nuestra orden a la mesa y me observó de manera singular supe que tenía oportunidades.
A partir de ese día los viernes se volvieron un recordatorio de mi parte: "Vamos a comer en Chillis, ¿verdad?". Pero a mis compañeros no les emocionada mucho la idea porque Chillis es más caro que Comidas Rafael hasta entonces nuestro favorito, pues mucho influyó que fuera viernes y yo insistiera: "Hey, hay que premiarnos por la semana, ¡come on chicos, es Viernes!" y los estúpidos me siguieron el juego dos viernes seguidos. En el tercero, como intuí que el chiste se me acababa, (Erika comenzó con su "He estado muy gastada") tuve que acelerar el proceso. Una servilleta con el mensaje escrito "Tú y yo. Platicar ¿?" para mi mesera favorita, dándoselo en una de las vueltas de refil sin que se diera cuenta el resto. Podía funcionar . Pero no me hizo caso. Regresó con el refresco y cara de weba.
Estaba nerviosa, había ignorado mi mensaje. Había quedado como una estúpida, ahora sí tenía una razón de peso para volver a "Comidas Rafael". ¿Quien dijo que las cosas me tienen que salir bien siempre? Pero no imaginaba que al salir en bola, la chica me alcanza y rápidamente me entrega otra servilleta. "Salgo a las 8". Sonreí, tampoco se me ocurrió otra cosa.
Le llamé a Vanessa y le dije que habría junta de cierre -en ocasiones esas juntas nos llevan hasta la madrugada-. "Yo te llamo". Pasé el resto de la jornada laboral con ansias y piquetes en el estómago, adrenalina. Llegué a Chillis a las 7:34 p.m. y esperé en el coche, tratando de sentirme culpable, pero era más la emoción que la duda. Time over, fui por ella. Ingenuamente la esperaba en la puerta pero apareció atrás de mi vestida de civil (Es lógico que salen por la puerta de personal, ¿verdad? No lo sabía). Nos saludamos nerviosamente y justo cuando iba a decir que había un lugar por ahí, conocí su voz: "En mi departamento estaremos mejor". A la chingada, ¡directa y sin escalas!- Pues órale.
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Años sin hacer nada (Tema lesbico)-completo-
RomansaLESBIAN drama (Diarios) Mi nombre es Cassandra Gonzalez, y esta mi historia de amor con Vanessa, el gran amor de mi vida, eramos increíbles pero...