Canción: Elvis Presley - You Can't Say No In Acapulco
I
—¿Sabes lo que estoy pensando, Brad?
—¿Cómo voy a saberlo, Emily?
Ella sonrió encantada al escuchar a Brad molesto, entonces atacó aún más fuerte.
—Estoy pensando en que tú naciste para esa guitarra.
Brad entonces dejó de tocar su guitarra, levantó la mirada hacia el frente, luego colocó el instrumento a un lado. Emily a veces resultaba un tanto intimidante, casi todas sus palabras las decía sin pensar. Emily no conocía la frase "pienso, luego existo". Ella no se guardaba sus pensamientos ni sus inquietudes.
—Ahora yo estoy pensando en que tú naciste para molestarme —gruñó Brad, despectivo.
—¿De verdad te molesto? —preguntó la niña, en su mirada no había nada más que mera diversión. No se sentía ni un poco amedrentada.
—Sí, me molestas. Deberías ir y ver qué más puedes hacer. Tal vez mamá necesite que la ayudes en algo.
—Mamá no necesita nada. Ella me lo dijo hace unos momentos. Dijo: "No, Emily. Puedes ir a jugar con Brad".
—Mi propia madre me avienta a los tiburones.
Emily rió a carcajadas. Le encantaba hacer enojar a Brad.
—Vamos, Brady. Sigue cantando.
—No, ya no quiero. No mientras estés aquí. Tu presencia me molesta. Ve a jugar con alguien más.
—Bien, iré a jugar con Danny. Él es más lindo que tú.
Mirar a Emily retirarse le causó a él una sensación de pesar. Pero no iría a detenerla y decirle que aún quería que ella se quedara un rato más con él. No quería admitir, por puro orgullo, que disfrutaba mucho de la presencia de Emily, más de lo que realmente deseaba.
Ahora no fue el sonido de unos pájaros lo que lo despertó, sino su propia voz sonando a través de las bocinas de un teléfono. Angie se movió entre sus brazos. La canción cesó de pronto y todo volvió a ser oscuro y silencioso. Debían levantarse ya o llegarían tarde a la central de autobuses.
Pero el cálido cuerpo de Angie se sentía muy bien, quizá unos cinco minutos más podían dejarse pasar. No quería dejarla ir, no deseaba soltarla. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había dormido con alguna chica así? No, no podía recordarlo. Todo siempre era efusividad y frases como "Oh, Dios, No puedo creerlo", "me encantas", "mis amigos no me lo van a creer". Podía decir que él desechaba a las mujeres con las que pasaba unas horas pero... eso no era verdad. La verdad era que esas chicas lo botaban a él. Esas mujeres pasaban la noche, literalmente, con el hombre de sus sueños, no con él. No pasaban un momento con Bradley, pasaban un momento "increíble" con Brad Canavan el vocalista de Bloody Sunrise, nada más. Él podía ser de piedra y decirse que no le importaba, mientras tuviera lo que quería y... No, nunca tenía lo que quería. Ninguna de esas chicas se quedaba más tiempo con él, con él, no con ese personaje público que subía a cantar al escenario y después se retiraba, como desvaneciéndose.
Brad miró a Angie mientras ella recuperaba su sueño. Se acurrucó contra él como si tuviera frío a pesar del clima cálido. Pasó sus dedos por los brazos de Angie y se acercó para besarle la piel desnuda. Ella gruñó en respuesta y le anunció que sonaría de nuevo la alarma en algunos minutos más, entonces allí se levantaría. Brad no pudo evitar besarle la frente y luego no pudo evitar acercarse más para besarle el hombro que tenía al alcance. Bajó poco a poco, con delicados besos que siguieron la línea de la clavícula, hasta que el sonido del despertador lo detuvo, dio un último beso al cuello de Angie y se movió para quedar frente a ella. La miel de sus ojos se fijó en el fresco verdor de él, no estaba adormilada ya, estaba atenta. Él le sonrió, se sentó en la cama anunciando que entonces era momento de levantarse, luego se dirigió al baño.
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Rojo Amanecer ©
Ficção GeralCuando un corazón se lastima una vez, ¿puede volver a amar? Angie es una mujer fuerte, ha sobrevivido a la muerte de su hija y a un difícil divorcio. Su vida ha continuado su curso como cualquier otra. Es fotógrafa profesional y periodista. Trabaja...
