- Demasiada política -

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   Al llegar a casa me encuentro con la sorpresa de que ni mis padres ni mi hermana están, y que mi madre había dejado una nota en la mesa para mi. 

¨Santi salimos a almorzar al restaurante de Pablo, el amigo de tu padre

 nos invito, apoyaremos a tu papá en esta propuesta de negocios íbamos

a esperarte pero bueno, sabes como son las cosas así que no pudimos

quedarnos hasta que llegaras, espero que entiendas cariño, de todas formas te

deje comida para recalentaren el microondas y hay jugo en el refrigerador,

pórtate bien, besos, Tu mami¨.

   Que pereza, cada vez que a mi papá lo invitan a algún lugar tenemos que salir corriendo a ¨apoyarlo¨ así no nos agrade la persona, ¿por que siempre hay que ser tan político? es desagradable, casi siempre tengo que tener cuidado con lo que digo y hasta lo que pienso, para no ¨ofender¨ a las personas, o incluso a mi propia madre, además en muchas ocasiones he tenido que ocultar mis dibujos porque no son ¨apropiados¨; quizá por esa razón son tan estrictos con Celeste, con el tema de que es una señorita solo falta a que quieran volverla una monja.

-Al menos no tengo que tener tanto cuidado con todo mientras ellos no están- suspiré.

Comenzó a gruñirme el estomago  y ya se me hacia raro que no tuviese hambre, veamos que me dejo mi mamá preparado. Gracias a Dios no es un pedazo de vaca, desde pequeño nunca he sido amante de la carne roja, por alguna razón me resulta desagradable, y por otra parte estoy consciente de las condiciones en las que viven esos animales antes de pasar al matadero y me provoca algo de indignación e impotencia, por esa razón trato de evitarla a toda costa, sin embargo no es fácil ya que mi padre es amante de ella, y no seria justo que pidiera un plato especial para mi cada día, así que por lo general justo antes de que me toque comerla ya estoy ¨lleno¨ y se la doy a el, y casi nunca le molesta así que es mucho mejor para mi.

Para mi gratificante sorpresa, es pescado empanizado con puré de papas, ensalada y tajadas.

-Gracias madre, te destacaste- pensé felizmente.

  Tome mi plato y me dirigí a mi habitación que se encontraba subiendo las escaleras al final del pasillo, me daba mucha pereza caminar todos los días ese recorrido que para mi, era eterno; mi cuarto es bastante sencillo, una cama matrimonial, justo a un lado se encuentra un escritorio donde esta mi portátil, y luego le sigue la puerta, de el otro lado se encuentra una cómoda con repisas donde esta mi televisor, a su vez este hace de biblioteca, en la otra pared, del frente se encontraba mi armario, en la ultima una gran ventana que por lo general mantenía cerrada y cubierta por el par de cortinas que evitaban que entrara la molesta luz.

   Coloque el plato a un lado del escritorio y me desvestí, me siento mucho mas cómodo en bóxer, además hoy tengo puestos mis favoritos, son rojos; aunque casi nunca puedo estar así ni en mi habitación, a mi mamá le parece inadecuado, por mi hermana, así que me limito a discutir y prefiero andar vestido y ya.

  Comienzo a comer mientras prendo la portátil y me dedico a revisar las redes sociales, nada interesante que ver ya que no soy muy popular, y con las únicas personas que hablo es con uno de mis primos que vive en Caracas, y con una amiga. Tengo varias solicitudes de amistad de chicos desconocidos, no se que les ocurre ni por que me agregan y prefiero ni aceptarlos. Hace un tiempo, un chico que ni conocía me agregó y comenzó a coquetear me, me enfurecí mucho, no soy un marica, lo insulte y elimine en el acto, solo pensar en eso de nuevo hace que me hierva la sangre.

-¡PUM!- algo ha golpeado la ventana.

  Corrí rápidamente a ver que ocurría, mi corazón latía muy fuerte debido al susto, al asomarme veo que hay un chico sin camisa, con un bate, recogiendo una pelota del césped.

-Abrí la ventana y grite- ¡hey qué te pasa estas loco!

El chico subió el rostro y me miro con una sonrisa nerviosa.

-Lo siento mano, fue un accidente- gritó apenado disculpandose.

-Pues ten más cuidado la próxima- repliqué molesto.

  Cerré la ventana de golpe, y seguí observándolo por si algún día me lo topaba decirle sus cuatro cosas, era un chico de estatura media, con el cabello corto y oscuro, blanco , tan blanco que las mejillas y la frente se le vean rojas al contraste, cuerpo esbelto y algo trabajado. Terminó trotando hasta donde estaba su grupo de amigos los cuales al parecer se burlaban de el y le hacían bromas, nunca lo había visto antes por aquí.

-Genial un idiota más en la residencia- repliqué. 




Modelos de papel. #Wattys2016Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora