-Te quiero, de verdad te quiero- susurró apartando sus labios de los míos.
-Y-yo también te quiero mucho Cris- confesé tímidamente.
Un suspiro se escapo de mis labios, y pegue mi rostro contra el suyo haciendo que mi nariz tocase su mejilla. Lo abrace por encima de los hombros.
-¿Y ahora que?- pregunté tratando de contener las lagrimas. - ¿Soy gay? ¿qué hay de mal en mi? ¿mi madre me va a odiar?- pregunté mientras las lagrimas se escapaban de mis ojos.
Me dolía tanto la realidad que estaba viviendo, aunque no soy una persona pre-juiciosa, y no comparto la discriminación, ciertamente me resultaba increíblemente doloroso encontrarme en esta situación, me daba pavor que alguien se enterara, y me discriminara o se mofara, que mi propia madre me rechazara, ella nunca estaría de acuerdo con esto, ella nunca me aceptaría.
Estoy quebrando toda la poca confianza que ella tiene hacia mi, todos mis valores, sus esperanzas hacia mi, ¿a caso esta mal lo que estoy haciendo? ¿estoy enfermo o quizá loco? mil preguntas más iban recorriendo mi cabeza a medida que los segundos iban pasando y mis ojos cada vez se iban aguando más.
-Nadie te va a odiar tonto, tranquilízate- me consoló abrazándome más fuerte.
-No sé que voy a hacer de verdad, si mi madre se entera- hice una pausa. - No creo que pueda soportar más rechazos de su parte- comenté aún llorando en sus brazos.
-Santi, tranquilízate- se separo de mi entrelazando mis manos con las suyas y observándome fijamente.- tu madre no te va a rechazar- Volvió a hablar.- ella te ama muchísimo, además no se va a enterar, lo que ha pasado queda entre nosotros confía en mi, eres mi mejor amigo y no haría nada para lastimarte- aseguró.
Me aparte un poco y solo me quede observándolo a los ojos fijamente, a esos hermosos ojos color avellana que por alguna extraña razón había pasado por alto hasta hace un par de días, esos increíbles ojos que me habían envuelto en un mar de pasiones y confusión.
-¿Cómo podía ser tan idiota y no darme cuenta del increíble chico que es Cris?- me pregunté.
Extrañamente ya no me sentía tan mal, al contrarío, una dosis de alegría y esperanza comenzó a recorrer mi cuerpo, ¿Por qué no intentarlo? Cris era mi mejor amigo, pero ya no lo veía de esa forma, me daba curiosidad saber como seríamos ambos en otro tipo de relación que fuese más allá de una amistada.
Poco a poco me fui dando cuenta de la cantidad de momentos especiales que viví con el, su hermosa sonrisa siempre ha estado ahí desde que lo conozco, haciéndome feliz con cosas tan simples pero significativas, momentos tontos pero especiales. Un total desconocido que ya es una parte indispensable en mi vida, quizá si podría funcionar algo entre ambos, nada perdía con intentarlo.
-Santi, tus ojos- hizo una pausa- tus ojos se ven verdosos- afirmó algo sorprendido viéndome detalladamente.
-Te contare algo - hice una pausa y apreté sus manos mucho más fuerte. -desde pequeño mi madre podía descifrar cuando estaba muy triste o demasiado feliz solo al verme a los ojos, porque aunque no son azules, grises o verdes, me cambiaban de color- confesé.
-Oh Santi de verdad lo siento. Todo va a estar bien- comentó en un tono triste abrazándome nuevamente.
-Lo sé, en realidad no estoy triste- comenté apartándome mientras una sonrisa se comenzaba a dibujar en mis labios.
Pude notar que a Cris se le aguaron un poco los ojos, y sus blancas mejillas comenzaron a teñirse de un sutil color rojizo, esta vez fui yo quien acaricio su cabello y me acerque a el para unir nuestros labios en un beso.
Ya no habían confusiones, complejos, ni miedo alguno, pude aceptarlo sin ningún sentimiento de culpabilidad, me gustaba este chico, y aunque no lo pareciera me costo aceptarlo, mi primer y único amigo, un chico prácticamente perfecto, tanto por dentro como por fuera cambio en un abrir y cerrar de ojos mi mundo entero, pero esta vez no iba a hacer nada para evitarlo, lo quería conmigo, en mi vida y junto a mi, nada nos iba a separar de ahora en adelante, un largo camino e historia nos aguardaba.
Pasamos una hora más juntos, solo nos tumbamos en el sofá y nos abrazamos, hasta que pude notar que se quedo dormido, solo lo observaba mientras descansaba en mis brazos, y producía en mi ese sentimiento de serenidad. No me quería apartar de el, realmente lo quería.
Note que ya era demasiado tarde, y podía quedarme dormido. Debía irme a mi casa, pero trataría de no despertarlo.
Fui levantando mi brazo lentamente y trate de sacar el otro que se encontraba bajo su cuello, el estaba acostado de espalda a mi con las piernas acurrucadas entre las mías, poco a poco logre zafarme.
Lo levante con cuidado y lo subí a su habitación, ciertamente es muy delgado ya que no pesa mucho y por otra parte debe tener el sueño muy pesado para no haberse despertado, además del cansancio producido por la playa y el trasnocho anterior.
Lo acosté en su cama, y lo arrope, sentía deseos de acostarme con el y dormir juntos, pero debía irme. Le di un ultimo beso casto en los labios y me dispuse a marcharme.
Baje las escaleras, tome mi celular, mis llaves y salí de la casa. Pude notar que algo se escodio rápidamente en los arbustos de afuera, y realmente me asustó.
-Quizá solo fue un perro- pensé tratando de calmar mi ansiedad.
Caminé hasta mi casa, y trepe nuevamente por el largo y rustico pino que se encontraba junto a mi ventana, y entre por ella, observe al pasillo y vi que todo estaba en calma, me desvestí y me tumbe en la cama.
Me costaba un poco dormir, me sentía muy feliz, pero a su vez inseguro, creo que solo necesitaba a el pálido chico conmigo.
Me eche a un lado y abrace una de mis almohadas, y por mi mente solo quedaba imaginar que se trataba de el. Fueron pasando momentos fugaces de nosotros por mi mente, hasta quedarme profundamente dormido.
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Modelos de papel. #Wattys2016
Novela JuvenilDesde que llegas a este mundo todos tienen ciertas esperanzas en base a ti, ya inconscientemente sin haberlo planeado tienes un patrón ¨correcto¨ de proceder, incluso pensar, o aún peor sentir... ¿qué ocurre cuando echas a un lado todas estas norma...
