Capítulo 5

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La semana siguiente no pararon de entrar y salir de mi casa un montón de personas cuyos nombres ya habia olvidado, venian a prepararme y se iban, dejandome exhausta.

Vino una mujer con rostro amable pero una odiosa actitud. La mujer creía que había mentido en la mitad de las cosas de mi solicitud. Su actitud fue absurda, no tenía la necesidad de decir que mi cabello era negro o que mis ojos eran grises cuando era de lo mas común ver a alguien así.

Sin embargo nada podía opacar mi felicidad. Iba a vestir de gala todos los días... O lo que durará ahí, no importaba.

De echo, un hombre con una perilla ya habia venido a tomarme medidas para el vestuario y no había echo mas que alimentar mi actitud de niña pequeña, ambos habiamos echo "click" al instante y durante el tiempo que estuvo en mi casa la pasamos como si fueramos viejos amigos hablando de trivialidades.

El último de nuestros visitantes vino el miércoles por la tarde, dos días antes de que me fuera. Tenía la misión de repasar toda la normativa oficial conmigo, según me habían dicho. Era un hombre un poco rellenito con el cabello negro y graso peinado hacia atrás y no paraba de sudar.

-Bueno, pasemos a la sala -sugirió mamá.

El asintio y nos encaminamos hacia la sala. Mamá preparó té para el recién llegado, a pesar de mis protestas, no pensé que el quisiera un té con el calor que traía encima pero me ignoro completamente.

El hombre colocó un montón de papeles y una pluma junto a otra carpeta que llevaba mi nombre. Dispuso todas sus cosas ordenadamente y dijo:

-Señorita Aeryn, esto puede sonar algo duro, pero, desde el viernes pasado, se la considera a usted propiedad de Illéa. A partir de ahora tiene la obligación de cuidar su cuerpo. Traigo varios informes para que los firme mientras la voy informando. Debo decirle que cualquier incumplimiento de los requisitos por su parte supondrá su eliminación inmediata de la Selección. ¿Lo comprende?

-Sí -respondí.

-Muy bien. Empecemos con lo fácil. Esto son vitaminas. Como es usted una Cuatro, supongo que no siempre ha tenido acceso a la nutrición necesaria. Debe tomarse una de estas al día. Ahora tiene que hacerlo por su cuenta, pero en palacio tendrá a alguien que la ayudará.

Evite lanzarle una mirada de confusión, yo era delgada pero no por falta de nutrimentos... O quiza si pero veia un poco innecesario aquello. Sin embargo no dije nada.

Me pasó un gran frasco por encima de la mesa, junto a un impreso que tuve que firmar a modo de recibo.

-Aquí tengo el informe de su médico. No hay nada de lo que preocuparse. Parece que está usted en perfecto estado de salud, aunque parece que no ha dormido bien últimamente. ¿Es así?

-Bueno, quiza debo atribuirselo a la emoción. Me ha costado un poco dormir -Volví a mentir...como a mi madre. Y no era mentira del todo. Además de que las pesadillas me seguian despertando, los días eran un torbellino de preparativos para el palacio.

-Ya veo. Bueno, puedo hacer que le traigan algo para ayudarla a dormir esta misma noche, si lo desea. Queremos que esté bien descansada.

-No, yo...

-Sí -me interrumpió mamá-. Lo siento, cariño, pero pareces agotada. Por favor, consígale esos somníferos.

Despues de todo un listado de las reglas que debo seguir dentro y fuera del palacio y que sobre todo ahora soy una Tres, me relajo y dejo que hable y solo presto atención a que si llego a las seis chicas finalistas seré de la elite y que sobre todo si llego al fina seré la princesa de Illea.

-Muy bien. Si tiene la bondad, firme este documento justificante de que ha oído todas las normas oficiales, y usted, señora Stone, firme este recibo conforme le ha sido entregado el talón, por favor.

No vi la cantidad, pero sus ojos reaccionaron positivamente. El flacucho recogió todos sus papeles y se puso en pie para marcharse. Nos dio las gracias por nuestro tiempo y por el té. Ya solo tendría que encontrarme con un funcionario más antes de mi partida, y sería mi asistente personal, la persona que me ayudaría a prepararme hasta el momento de salir hacia el aeropuerto. Y luego..., luego estaría sola.

Nuestro invitado me pidió que le acompañara a la puerta, y mamá accedió, ya que ella quería empezar a preparar la cena. A mí no me gustaba estar a solas con él, pero solo era un momento.

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