Capítulo 34
Era hora, no estaba preparado, y lo estaba al mismo tiempo... Ideas sin forma ni orden flotaban en mi mente, y de nuevo, por decimosexta vez en ese mes, sentía que moriría.
Caminaba colina abajo, buscaba con la mirada a Halamek, pero en cambio, solo veía más muertes, Tanto hechiceros como malefistas y demonios estaban muriendo, cada centímetro de suelo estaba bañado en sangre...no vi ningún rostro conocido, sentí alivio por eso, y culpa por sentir alivio.
-James -su voz resonó tras mi oreja, sabia que era él, volteé violentamente... Pero no estaba ahí.
-¿a que quieres jugar? -grité a la nada.
-te lo advertí... Mira como mueren los hechiceros -esta vez pude sentir que ponía su mano en mi hombro -. Todo esto lo pudiste haber evitado. Aun quedan hechiceros vivos y, como soy tan bueno, por última vez te diré mi oferta... Solo debes venir conmigo, decir las palabras, y todos estarán a salvo.
-no...
-bien.
El ambiente cambió lentamente, una espesa capa de nieve cubrió mi panorama, y retrocediendo lentamente tropecé con un objeto en el suelo. La niebla cubrió todo, y fue en ese preciso instante cuando escuché de nuevo el llanto de una mujer... Me levanté del suelo y comencé a caminar en cualquier dirección, noté que el suelo ya no era el mismo, parecía ser el piso de el castillo, lleno de piedrillas coloridas, y las paredes que empezaban a dibujarse entre la niebla eran de bloques grisáceos, definitivamente estaba dentro del castillo. El llanto se escuchaba cada vez más fuerte, seguí caminando a paso apresurado por el pasillo desconocido. Al final había una enorme puerta abierta de par en par, una luz salía de ella, era una luz débil, como el de una vela a punto de apagarse.
-Halamek -llamé, pero no hubo respuesta, así que, sin pensarlo una vez más, entré a la habitación.
Si existiera una forma de describir mi reacción a continuación, se las diría, pero no existe en el universo una forma, así que les diré que fue terror mezclado con rabia, con impresión, sal y pimienta al gusto. La habitación era grande, el techo era de cristal, en medio de el suelo habían dos alas negras chorreando sangre por todas partes, las plumas también cubrían gran parte del suelo... Y colgando del techo, una mujer desnuda, cada centímetro de su piel tenia un corte y sangre escurriendo.
Himalaya.
-James... -dijo ella, su voz se cortó por el llanto.
-¿Halamek te hizo esto?
-por supuesto que lo hice -la rubia cabellera de aquel hombre emergió de las sombras-, es lo que le hago a los desobedientes.
-¿que? -decir que estaba confundido esta de más.
-tu precioso ángel de la guarda trabaja para mi, al igual que tu difunto y falso hermano...
-no es posible -interrumpí bruscamente-, Himalaya es el Ángel de la profecía.
-¿no te has preguntado quien habló por primera vez de la profecía?... Alguien debió ser el primero, ¿verdad? -Halamek sonreía de forma espeluznante.
-no entiendo.
-por supuesto que no lo haces, yo te puedo explicar lo que eres, y de donde vienes... Eres mucho más de lo que crees James.
-soy un hechicero, y se de donde vengo. Obtuve poderes gracias a que soy el heredero de merlín, lo siento, siento el poder.
-esa sensación tiene otro nombre, y es muy común en tu especie...
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EDEN
FantasíaUn par de palabras carentes de sentido, le abrieron las puertas a un alma desorientada, le llevaron por un sendero nuevo con abundantes rosas: hermoso a la vista, con aroma exquisito... Y rodeado espinas. *estoy editando esta caca. Esta historia la...
