CAPITULO XIII: Destinos cruzados

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Es extraño pensar que gracias a unos golpes pude lograr tanto. Mi padre estaba postrado en cama, luego del atropello ocurrido al salvar a mi mamita y por ello, tuve que renunciar a mi trabajo. Le cuidé como si fuese mi hijo, como el indefenso hombre que ya no puede levantarse, ni valerse por sí mismo. El amor te hace sacrificar muchas cosas y eso es lo que he hecho con él, porque lo que más me importa ahora es que él se recupere. Pensé que para lograr mi cometido, debía mentir y llamar a Orlando, que el ver a su hijo le haría sentir mejor, y es que tras años de ausencia, sería un estupendo aliento para su sanación. -¿Ni siquiera puedes venir un par de minutos?... Lo que sucede es que... es que... nuestro padre ha fallecido. ¿No puedes siquiera venir a su funeral?- Terminé diciendo, improvisando pobremente, mintiendo sin pudor, como si lo que acababa de pronunciar fuese algo sin sentido, cuando en realidad moriría de pena al no tener a mi lado a mi papito. –Está bien, creo que puedo hacer un espacio en mi agenda....- Es todo lo que respondió, secamente al otro lado del teléfono.

Le esperé nervioso, sabiendo que no obtendría una buena respuesta de su parte, más que mal le mentí. Limpié la casa, compré un par de galletas, unas muy baratas y es que el dinero ya comenzaba a escasear, quería ofrecer un té a mi hermano, algo con lo cual pudiera compartir con don Carlos. Nunca pensé que su reacción fuera tan descontrolada, que se enojara tanto cuando solo debía preocuparse por aquel que tanto le ha dado, por quien que cada vez que hablaba sobre su inteligente hijo lucía un intenso brillo en sus ojos. Orlando siempre tuvo lo que yo tanto deseé y aun así, lo desechó como si no fuese nada.

Intenté por todos los medios retenerle, hacerle entender que cualquier minuto que pasara junto a nuestro padre, lograría animar al anciano, hacerle sonreír en medio de tanta tragedia. Lo único que conseguí fueron malas palabras y golpes, esos que me dejaron en el suelo debido a la fuerza de mi hermano.

En ese momento escuché los gritos de mi papito, esos que me defendían y que por primera vez atacaban a Orlando. No recuerdo otra ocasión en la cual don Carlos me haya protegido, siempre tuve que esconderme de los insultos de quienes me rodeaban, hacer la vista gorda y seguir adelante como si no me afectara, solo que en aquel momento, dejé por fin de sentirme miserable. Desde ese momento siento que por fin he hecho algo bien, que por primera vez he sido exitoso y he conseguido lo que tanto anhelaba. Mi papito se está orgulloso de mí, me la han dicho sus palabras y aquellos ojitos que me observan día tras día, generosos con este mortal que tanto deseó recibir sus bendiciones.

Desde aquel día han transcurrido dos meses, durante los cuales he acompañado a mi papito en sus tratamientos médicos, en aquellas interminables sesiones con el Kinesiólogo, aquel que busca recuperar en parte la movilidad en el cuerpo maltrecho de don Carlos. Aunque todo es muy lento, ya hemos podido celebrar ciertos logros, como que algunos dedos en su mano pueden moverse y hacer presión, que con mucho esfuerzo es capaz de levantar los brazos. Sé que no será un proceso fácil, que nos demoraremos mucho como para que pueda andar él mismo en su silla de ruedas, pero si hay algo seguro, es que estaré a su lado, ayudándole, siendo sus manos y sus piernas, porque no hay nada en este mundo que el amor no pueda lograr.

En este tiempo he podido ver cómo Andrés ha consolidado su relación con Patricia, y es que prácticamente la chica pasa en casa. Están horas conversando en el patio, jugando con Puchi, viendo películas en la sala, en aquella televisión tan grande que compró el rubio y que es tan tecnológica que prefiero solo verla desde lejos. ¿Y si me roba el alma? Ah no, esas son las cámaras. -¿Quiere queque, tío?.... ¿Cómo se ha sentido, tío?.... Usted me cae muy bien, tío...- Es lo que me dice la muchacha. Debo reconocer que es muy amable y se ha ganado un espacio en mi corazón, solo que no soporto que me diga Tío, ¿quién se cree? Si solo tengo un par de años más que ellos, tampoco es que sea un caballero de cincuenta, apenas y tengo treinta. Soy bastante joven, ¿no creen?

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