Capítulo 4.

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Envuelvo los brazos alrededor de mi cintura bajo el suéter que llevo puesto, necesito entrar un poco en calor o me voy a volver un cubo de hielo en cualquier momento. Entre abro los ojos y suelto un bostezo, tengo demasiado sueño aún y despertar tan temprano claramente no es típico de mí, pero tampoco puedo seguir durmiendo aquí fuera por más tiempo. 

Humo sale de mi boca a causa del frío; notó que las hojas de todas las plantas están repletas de pequeñas gotas, parece como si alguien las hubiese roseado todas hace apenas unos minutos.

Restriego mi cara un momento para ahuyentar el sueño que aún me queda. Mi columna duele por haber dormido en una postura tan incómoda toda la noche. 

Al inspeccionar todo a mi alrededor, me sorprende ver que la maleta sigue intacta donde la dejé anoche. Tengo tan mala suerte que estaba casi segura de que al despertar ya no la encontraría aquí.

Me levanto de la mecedora con un salto, ésta continúa balanceándose por el impulso y escucho algo de metal que tintinea contra el suelo un par de veces. Frunzo el ceño. ¿Será alguna moneda? No recuerdo haber tenido cambio en la bolsa del pantalón. 

Busco con la vista el objeto y lo encuentro rápidamente situado al lado de una maceta. Es una llave plateada. Pero... ¿cómo es posible? Estuve sentada sobre ella toda la noche y jamás noté que estaba allí. 

 Una risa me asalta por lo tonto que me resulta toda la situación.

La introduzco sin pensarlo en el picaporte y logro abrir la puerta a la primera. Si la llave se hubiese atorado o algo así, ya habría sido el colmo de mis desgracias. 

Mi vista recorre detenidamente el interior de la casa una vez que estoy en el recibidor, es inevitable no sentirme como una intrusa aquí, sobre todo porque estoy yo sola. Siento como si al usar o tocar cualquier cosa estuviese haciendo algo indebido, pues nada de esto me pertenece. 

Al entrar a la cocina, mis ojos se clavan inmediatamente en un sobre pegado con cinta en el refrigerador. Tiene mi nombre en letra pequeña, apenas legible, sobre una de las esquinas. Lo tomo entre mis manos y lo abro cuidadosamente. La hoja dentro del sobre esta llena de palabras amontonadas, pareciera que las escribieron muy a prisa. Claramente pertenece a mi tía. Me toma unos minutos entender algunas palabras, pero después puedo leerlo todo con claridad: 

 "Disculpa por estar ausente Lena, pero algo de último momento se me atravesó en el camino y tuve que salir corriendo. Supongo que encontraste la llave, estuve temiendo que no pudieras entrar; Siéntete como en casa, el refrigerador esta lleno de comida, usa la habitación que esta a la derecha en el pasillo. Te he dejado un poco de dinero en la mesa por si necesitas algo más. 

Por favor cuida de mi gato, el alimento esta sobre la silla. Si sale de la casa de día no te preocupes, regresa solo cuando se aburre, pero no dejes que pasé la noche fuera porque es peligroso. 

Pd: Seguramente vuelva en un par de semanas, Cuídate Lena" 

Doblo el papel y lo dejó sobre la mesa. Mi primer instinto es buscar al gato, pero no lo veo por ningún lugar. Seguramente andará fuera. 


Un par de horas después, me había instalado en la habitación, me puse algo cómodo y me quedé profundamente dormida cuando mi cabeza tocó la almohada. Recuperé las horas cómodas de sueño que no había podido disfrutar durmiendo en la mecedora. 

Cuando me desperté tuve la sensación de que había alguien más en la habitación. En un acto reflejo, recorrí la mirada por todos lados, incluso bajo la cama. Por supuesto, no había nadie. Solo estaba un gato gris, hecho bola entre las sabanas a mi lado.

―Así que eres tú el dichoso gato ―dije. Me recosté cerca de él y le acaricie las orejas. Ronroneo en respuesta.― ¿Cómo entraste aquí, pequeño? 

Las cortinas ondeaban fuertemente a causa del viento, la ventana estaba abierta de par en par y me levanté a cerrarla. 

La noche había caído ya, fuera no se veía a nadie en la calle aunque en la mayoría de las casas había algunas luces encendidas. La casa de al lado, a diferencia de las otras, estaba completamente oscura. Sin ninguna señal de vida. Me pareció un poco raro pues el carro que había visto antes seguía estacionado en frente. Quizá simplemente le gustaba estar a oscuras, pensé. 

Aquella noche no pude alcanzar el sueño hasta muy tarde, ni siquiera sentí cuándo fue que me volví a quedar dormida. Pero cuando finalmente paso, soñé con un montón de cuervos que revoloteaban alrededor de mí, y con un bosque oscuro de árboles gigantes.

Dark Soul »h.sHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora