Capítulo 10

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Las punzadas en mi cuerpo y el martilleo en la cabeza van y vienen constantemente. Un dolor intenso me invade y no soy capaz de permanecer consciente, al menos no por mucho tiempo. Siento que mi cuerpo arde, como si una capa de fuego lo envolviese completo, pero sin llegar a ser letal.
Retazos de conversaciones e imágenes rápidas vienen a mí en los breves periodos de lucidez, aunque soy incapaz de ponerles un orden. ¿Acaso estoy alucinando? ¿Dónde diablos me encuentro? Abro los ojos de golpe y cubro mi rostro con el brazo cuando la luz de la habitación me nubla la vista. En los pocos minutos que llevaba despierta, no me había puesto a pensar en aquello, en dónde estaba. Parpadeé un par de veces hasta que la visión borrosa se volvió cada vez más clara y lo distinguí todo.


A mi lado una máquina emitía un constante bip, apenas lo noté y me había tomado unos segundos comprender de dónde venía aquel sonido y qué era. Fruncí el ceño, confundida. Me encontraba tendida en la cama de un cuarto blanco y casi vacío a excepción de unos aparatos médicos, una silla, y algunos cuadros de paisajes colgados en la pared. Al intentar levantar el brazo para tocar el aparato, he sentido un pinchazo por la intravenosa que tenía puesta. Otra cosa que tampoco había notado.

Trato de enderezarme para bajar de la cama y una oleada de ardor me recorre el brazo y un costado del estómago. Muerdo mi labio para reprimir un grito.

La respiración se me corta cuando mis ojos llegan a la altura del brazo derecho. Un poco más arriba de la intravenosa, unas líneas negras me surcan la piel. Son apenas un par de centímetros largas, pero no se pueden pasar por alto. Están ahí, y son completamente... extrañas. Anormales. Lucen como pequeñas raíces. Como si de repente mis venas se hubiesen puesto negras y de alguna forma yo pudiera verlas claramente. Coloco los dedos de mi otra mano lentamente sobre ellas, esperando que otra oleada de dolor me invada, ya que ahí es donde lo sentí anteriormente.

Lo toco y... nada.

La piel se siente lisa, sin ninguna protuberancia. Es aparentemente normal. Presiono con más fuerza, hasta que termino casi tallando la piel con mis uñas en busca de alguna reacción.

―Para de hacer eso, vas a sacarte el catéter y te vas a lastimar ―dice una voz femenina desde la puerta.

Aturdida por la repentina aparición de la chica, dejo lo que estaba haciendo.

La chica me mira con la cara seria y se acerca rápidamente a mi lado, checa la intravenosa y luego la otra máquina. Acerca una de sus manos y la coloca sobre mi frente, palpándola. Luego la pone sobre mi mejilla, hasta que la ha pasado por toda mi cara. Me quedo quieta, esperando.

―Bien, ya no tienes fiebre. Eso es bueno, porque parecías la antorcha humana hace un rato ―una media sonrisa aparece en su cara.

―Estoy en un hospital ―murmuré mirando fijamente a la chica, que no aparentaba más de veinte años. Su semblante sereno y amable se vuelve preocupado al instante.

―¿No sabes...? ―empieza― ¿No sabes dónde estás, o qué te paso?

Niego lentamente.

Recordaba algunas cosas, sí, pero en su mayoría estaba todo borroso. Sé que fui a una fiesta en un barco, pero es todo. El ultimo recuerdo claro que conservo antes de eso es el de Harry y yo en el coche, antes de llegar a aquel lugar. Recuerdo la canción que se repetía una y otra vez en la radio, y que Harry no me hablo ni me miro una sola vez en todo el camino, de hecho, parecía como si su mente estuviese ocupada en otra cosa. Sus nudillos blancos, sosteniendo con fuerza el volante.

Intenté visualizar su cara en ese momento, descifrar lo que estaba pensando. Ninguna imagen venía a mí, era frustrante, como si hubiesen eliminado partes de mi memoria aleatoriamente, dejando un rompecabezas sin todas las piezas. Con la imagen apenas a medias.

Dark Soul »h.sDonde viven las historias. Descúbrelo ahora