Capítulo 7.

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El cuarto en el que me encontraba estaba completamente oscuro, a excepción de la poca luz que entraba por la ventana. Tenía un olor peculiar, no sabría decir a qué, pero era demasiado fuerte. Tape mi nariz con la manga de la camisa y me abrí camino hacia la puerta, zigzagueando y tratando de no caer en lo que parecían un montón de cajas de cartón.

Salí a un cuarto todavía más grande y espacioso que el anterior, había apenas uno o dos muebles. Mi mirada barrio todo el lugar, de arriba hacia abajo. En las paredes había cuadros gigantes y reliquias de todo tipo, el piso estaba cubierto con una alfombra que despedía polvo a cada paso que daba. Parecía todo demasiado tétrico y viejo, casi como si se tratara una casa abandonada digna de un parque de terror. Me preguntaba cómo es que Harry podía vivir en un lugar como este.

Inspire hondo y trate de ahuyentar las malas vibras que me invadieron. Concéntrate Lena, maldita sea. Encuentra al gato y lárgate de aquí lo más rápido que puedas. Repetía estas palabras como un mantra una y otra vez intentando calmarme.

De alguna manera, soy capaz de hacer que mis piernas se muevan hacia las escaleras y bajo al primer piso. Este luce un poco mejor, aunque es igual de espeluznante. Noto que hay más muebles, lo cual hace que parezca más una casa real, aunque todos están cubiertos por una fina capa de polvo. Como si nadie los usara y estuviesen solo de adorno.

Recorro la mirada por todos lados, hasta que lo encuentro. El gato está dormido por un lado del sillón, sobre un cojín en el suelo. Me acerco de puntillas para que no huya y lo levanto del lomo con una mano para después acunarlo entre mis brazos.

Encontrar al gato, listo. Ahora solo tengo que salir de aquí, lo cual no será para nada fácil, pues si regreso por la ventana tendré que hacer un salto enorme. Probablemente me torceré un tobillo. O peor.

¿Por qué no pensé en esto antes de entrar? La verdad es que nunca se me ocurrió esa parte de mi brillante plan. Camine nerviosa de un lado al otro de la sala, contando mis opciones. Podía regresar por el mismo lugar, con suerte no me pasaría nada si lograba estabilizar mi peso sobre los bloques para no caer. La puerta principal tenía seguro, así que si la forzaba Harry se daría cuenta de inmediato al llegar. Y que yo supiera, esas eran las únicas dos salidas. Revise en cada cuarto esperando encontrar algo útil, mas no había nada. Llegue a la última puerta que me quedaba por buscar, la que se encontraba al final del pasillo. Mientras me acercaba pude sentir el mismo olor que había sentido en el cuarto de arriba. De hecho, era aún más intenso. Como si proviniera de aquí. Dios mío. Lleve la mano a mi nariz, pero no servía de nada. El olor raspaba mis fosas nasales con cada respiración. Parecía como si se estuviese quemando algo. Sí, eso era.

Gire el pomo de la puerta rápidamente esperando ver algo encendido en llamas, pero en realidad no había nada. Ni un indicio de humo. La habitación estaba sumergida en completa oscuridad, lo único que podía distinguir desde aquí eran unas escaleras de madera que descendían bajo mis pies. Es... un sótano.

Miles de imágenes invadieron mi mente al recordar todas las películas de terror que había visto donde el sótano era el factor principal. El lugar donde los asesinos mantenían los cuerpos de las victimas dentro de esos enormes refrigeradores. Un escalofrío recorrió mi espalda de tan solo pensarlo.

Salté de mi lugar cuando el gato clavo sus uñas en mi brazo, dejando unas líneas enrojecidas. En ese instante, escuche que un auto derrapaba justo fuera de la casa.

Me quedé paralizada en mi lugar mientras una alarma comenzaba a recorrer todo mi sistema.

―Oh no, no, no, no puede ser. Ahora no ―masculle, respirando con dificultad.

Sostuve al gato con fuerza contra mi pecho y corrí al otro lado de la casa buscando un sitio donde esconderme, por nada del mundo iba a entrar en aquel sótano. Pasé por la sala y sentí mi corazón salir del pecho al escuchar las llaves abriendo la cerradura y ver la sombra de Harry frente la entrada. Me las arreglé para meterme en el armario junto al librero antes de que la puerta se abriera.

Mi cuerpo entero temblaba de manera incontrolable cuando el sonido de varias pisadas se hizo notar.

―El idiota hizo un desastre y ni siquiera se preocupó en ocultarlo, por lo visto le importa poco perder la cabeza ―dijo una voz desconocida.

―Alguien tiene que enseñarle a ser cuidadoso o va a echar a perder las cosas, eso es todo. ―respondió otra voz ronca. Estaba segura de que pertenecía a Harry.

―No estoy para esas estupideces, y lo sabes. ―quien quiera que fuera, sonaba enfadado.

―Hay tiempo de sobra, yo me encargo de que todo salga acorde a lo planeado ―dijo Harry en voz neutra.

―¿Ya resolviste... la situación? ―carraspeo― Porque puedo ayudarte si quieres.

No hubo respuesta inmediata a aquella pregunta, hasta pasados unos minutos:

―Estoy trabajando en ello. El proceso es lento, pero sé que funcionará.

―Claro. Armand no quiere que suceda lo mismo que paso con mi Sêhcke. Era demasiado débil, ni siquiera soportó la primera mitad de la marca.

Una carcajada estruendosa retumbo en el cuarto.

—No me compares contigo, haz el favor.

Las voces se alejaban cada vez más, me costaba trabajo escuchar con claridad. A través de la puerta solo me llegaban retazos de la conversación y nada de lo que decían tenía algún sentido para mí.

Intenté tener una mejor visualización del lugar en el que me encontraba, la única luz que entraba en el pequeño espacio oscuro era de las rendijas de la puerta. Pegué mi cuerpo lo más que pude a la pared, temiendo que pudieran verme, pero había algo detrás de mis piernas que no me lo permitía. Me incliné y busqué con la mano libre el objeto. Era grande y cuadrado, como una especie de baúl. Un baúl enorme. Pasé mi mano cuidadosamente por encima, sintiendo las figuras grabadas que sobresalían del material del que estaba hecho. Me pregunté qué clase de figuras podrían ser.

Agucé el oído, todo estaba en completo silencio desde hacía casi diez minutos. Quería estar segura de que no había muros en la costa antes de salir o todo se iría a la mierda.

Entre abrí la puerta, lo suficiente para echar un rápido vistazo. No había nadie, lo más seguro es que estuvieran arriba. O incluso quizá en el sótano.

Bien, aquí vamos.

Comencé a avanzar una vez que mi cuerpo estuvo fuera del armario, a cada paso mi vista se dirigía a las escaleras y luego al pasillo. Temiendo que de alguna forma me hubiesen podido escuchar. Sigilosa como una sombra llegué hasta la puerta y con la mano temblorosa giré la perilla. Solté la respiración contenida cuando la puerta cedió al instante.

Una vez fuera, sentí que era liberada de la cueva del lobo. Corrí sin mirar atrás, no me detuve hasta llegar a la casa y asegurar la puerta.

Poco a poco, mi corazón volvía a latir con normalidad.







xx

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Dark Soul »h.sHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora