Capítulo 24

3.3K 279 25
                                        


Me llevo la mano con rapidez al pecho, un reflejo que tengo cuando algo me toma desprevenida. El tipo que ha entrado de alguna forma a la casa me mira mostrando una perturbante sonrisa, siento como un retorcijon se abre paso en mi estomago cuando mis ojos se posan en los suyos apenas unos segundos, para luego clavarse otra vez en esa sonrisa socarrona y gigante. No es una de esas sonrisas amigables, no lo es en lo absoluto.

—¿Quién rayos eres tú? —pregunto con la voz claramente alterada, sin romper ahora el contacto visual de sus ojos azules. 

  —Diría que tu peor pesadilla, pero a estas alturas creo que ya la has conocido —guiña el ojo con descaro y ante mi gesto desconcertado suelta una risa forzada que retumba por toda la casa, haciendo burla de su propio comentario—. Lo siento, pero tengo que llevarte conmigo ahora, no hay tiempo para ponerme a explicarte.

Retrocedo unos pasos, aunque caigo rápidamente en que no tengo ningún modo de salir, pues él se encuentra recargado en la puerta de la cocina.  Trago saliva, calmando mis impulsos de correr, derrumbar una pared para poder salir o algo similar.

   —No iré a ningún lugar contigo  —respondo tajante, no dejo que la voz me salga temblorosa—. ¿Quién se supone que eres, de todas formas? 

  —Mira, Lena —un tono exasperado carga su voz —, se me ha pedido explicitamente que venga por ti, ya sea que te guste o no, y te lleve a un lugar donde...

Doy media vuelta sin pensarlo, con la intención de buscar un cuchillo o cualquier cosa para defenderme. No me da tiempo de encontrar algo, pues el cajón que tengo abierto se cierra de golpe y ahogo un grito, casi he sentido como me arrancaba los dedos por la fuerza del impulso ocasionado aparentemente por la nada, pues cuando me vuelvo sobre mi hombro, el tipo sigue en su misma posición de antes. Su sonrisa es desproporcionada, ligeramente ladeada hacia la izquierda, sus ojos han perdido el azul de antes y parece que ahora en cualquier momento me arrojaran bolas de fuego a modo de proyectil. Todo mi cuerpo parece arder en una especie de calor interno. 

—Me advirtieron que intentarías cosas asi de estúpidas, pero nunca pensé que de verdad fueras asi de ilusa  —su gesto era de pura diversión, como deleitándose de la situación.  La mandíbula comenzó a dolerme, a causa de la fuerza que hacia al presionar mis dientes. En un pestañeo, el tipo se posiciono frente a mi, sus botas de cuero rozan ligeramente mis pies, siento como sus exhalaciones me chocan justo en la cara, la boca se me ha secado y soy incapaz de decir algo, puedo sentirlo observarme con detenimiento por lo que parece una eternidad. Y luego, simplemente rompe el contacto.

—No entiendo qué tienes de especial, ademas de ser un Sehcke.   

Tan pronto como esa palabra llega a mis oídos, caigo en la cuenta. —Eres un demonio. 

El tipo hace una mueca apenas perceptible —Llámame Jonnah. Y no, no soy un maldito demonio. 

Sonríe con altivez antes de dar media vuelta y dirigirse a la puerta. Estaba a punto de decir algo cuando una fuerza me proyecta hacia el frente de un empujón, haciendo que por poco perdiera el balance. ¿Pero qué?  intente ver qué diantres había sido eso pero me fue imposible, era como si alguien desde atrás me sostuviera la cabeza evitando que la moviera en ese ángulo. No paso mucho cuando otra ráfaga de quien sabe qué me volvió a empujar, con mayor fuerza esta vez. Intente desesperadamente agarrarme de algo, o frenar con los pies, sin embargo estaba fuera de mi control hacerlo. Sabía que Jonnah tenía algo que ver con esto, pero ya ni siquiera estaba en la casa. 

Otros empujones bastaron para llevarme hasta la puerta de la casa, pude vislumbrar a Jonnah sosteniendo la puerta de un sedan negro que esperaba afuera. Chillé cuando casi tropezaba en los escalones, al salir de la casa con un ultimo empujón. 

—¿Esto es en serio? ¡Detente ya! —chiste molesta, siendo arrastrada cada vez mas cerca del auto por la fuerza inexplicable. 

—No me dejaste otra opción, ¿ o si querida? —Cuando estaba ya cerca Jonnah realizo una reverencia para que entrase al auto, al cual entré siendo maravillosamente arrojada con tanta fuerza que golpeo mis rodillas en el asiento. 

Momentos después, veo la puerta del otro lado abrirse y con un sutil movimiento, Jonnah esta dentro del auto. —No soy un demonio, Lena —sus ojos buscan los míos y vislumbro un atisbo de sonrisa antes de decir lo ultimo—: Soy un brujo. 

Trago saliva y abro los ojos como platos, entonces el coche arranca y termino agarrándome con fuerza del respaldo. No puedo creer que esto esté pasando. 





Dark Soul »h.sHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora