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Rocío apartó la mirada, pues al parecer no le agradaba rememorar los detalles.

-Usa tu imaginación -dijo, y cambió de tema-. ¿Qué te ha traído a Gospel?

Lali sabía cuándo presionar y cuándo aflojar.

-Parece una zona bonita -respondió y, con la misma rapidez con que lo había hecho Rocío, cambió de tema-. ¿Desde a cuándo vives aquí?

-Mi familia se instaló en Gospel cuando yo tenía unos seis años. Mi marido Gaston nació en esta casa. Yo me gradué en el ins­tituto de Gospel como la mayoría de gente de los alrededores. -Rocío fue diciéndole sus nombres como si Lali los co­nociese a todos-: Gas y yo, Lon Wilson y Angie Bright, Bart y Annie Turner, Paris Fernwood, Jenny Richards. Kim Howe y Peter. Pero eso fue cuando Peter todavía vivía en el Doble T con su familia. Su madre, su hermana y su cuñado todavía viven allí. Kim se largó con un camionero justo después de graduarse, vive en algún lugar del Medio Oeste. No recuerdo qué le pasó a Jenny. -Dio un bocado a su sándwich y preguntó-: ¿Estás casada?

-No. -Lali vio que su vecina esperaba que añadiese algún comentario. No lo hizo. Si mencionaba la palabra «divorcio» surgirían otras preguntas, y Lali no quería compartir esa de­sagradable y clausurada parte de su vida con nadie, menos aún con una extraña. Bebió un largo sorbo de té e intentó recordar la última vez que había comido con alguien que no tuviese que ver con su trabajo. No estaba segura, pero probablemente desde su divorcio. Como suele pasar con muchos matrimonios, sus ami­gos eran amigos de ambos, y dejó de llamarlos o ellos dejaron de hacerlo, poco importaba. El resultado había sido el mismo. Sus vidas habían cambiado y se habían distanciado-. ¿Dónde vivías antes de mudarte a Gospel? -preguntó.

-En las afueras de Rock Springs, en Wyoming. Así que no supuso un gran cambio. No como lo habrá sido para ti.

Eso era una verdad tan grande que Lali dejó escapar una risita.

-Bueno, me temo que no soy demasiado popular en el Sand­man.

-No le hagas caso a Ada. Se cree la directora del Ritz. -Y pre­guntó-: ¿Cómo te ganas la vida?

-Soy escritora freelance. -Lo cual no dejaba de ser cierto, en parte. En el pasado había trabajado como freelance bajo un mon­tón de seudónimos diferentes, y si desease volver a hacerlo no ten­dría problemas. Pero ahora prefería escribir extraños artículos fic­ticios. Aunque tenía que admitir que le intrigaba la curiosa historia del número 2 de Timberline y del sheriff que allí había vivido.

-¿Sobre qué escribes?

A Lali le habían hecho esa misma pregunta muchas ve­ces, y por lo general mentía. No es que le avergonzase lo que ha­cía, pero según su experiencia, la gente solía reaccionar de tres maneras: una, mostrándose condescendientes, lo cual Lali no apreciaba pero podía sobrellevarlo; dos, hablándole de cómo ha­bían sido abducidos y de la prueba de ello que un alienígena les había dejado en su conducto anal; o tres, proponiéndole que es­cribiese un artículo sobre algún pariente lejano que había sido poseído por el espíritu de su perro muerto.

Lali nunca sabía cuándo iba a toparse con uno de esos chi­flados, no había modo de descubrirlo por las apariencias. Eran como las bolsas de M&M's: parecían normales, pero en su inte­rior escondían un cacahuete. Lali escribía ficción, no estaba in­teresada en cacahueles de verdad.-Escribo sobre todo lo que me interesa. -Entonces hizo lo que mejor se le daba: incluyó una mentira entre todas las verda­des o medias verdades-. Ahora mismo estoy interesada en la flora y fauna del noroeste, y estoy escribiendo un artículo para una revista.

-¡Vaya, una escritora! Tiene que ser un trabajo muy diver­tido.

¿Divertido? Lali dio otro bocado a su sándwich.

"CONFESIONES" TERMINADOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora